martes, 31 de marzo de 2020

LA CÓRDOBA ILUSTRE Y DESCONOCIDA: ADOLFO CASTIÑEYRA Y BOLOIX

            El Modernismo, o más comúnmente conocido con la denominación francesa de Art Nouveau, es una corriente de renovación artística desarrollada a finales del siglo XIX y principios del XX en la que la estética nueva que se intentó crear predominaba la inspiración en la naturaleza a la vez que se incorporaban novedades derivadas de la revolución industrial, como el acero y el cristal. Por ello, este estilo artístico, tendrá directa relación con la prosperidad industrial. Así, el Modernismo en España crece en las ciudades que viven con mayor intensidad dicha industrialización, como bien pensáis, estamos hablamos de Barcelona y el levante español. En Córdoba apenas deja rastro este estilo artístico, pero lo poco que deja tiene la firma de un interesante arquitecto. Hoy, en La Córdoba ilustre y desconocida, hablaremos de don Adolfo Castiñeyra y Boloix, nuestro principal representante del movimiento modernista en la arquitectura de Córdoba.

            Como nos sucedió con nuestro anterior personaje, vamos a pasear por la desconocida vida de un arquitecto de la que, ya os daréis cuenta, conocemos mucha de su obra. ¡Comencemos!

            Adolfo Castiñeyra nace, en Córdoba, el 3 de abril de 1856. Hijo del maestro de obras, Mariano Castiñeyra y Cámara, y de Purificación Boloix. Siendo bautizado el 6 de abril de 1856 en la preciosa Capilla del Sagrario de la Catedral de Córdoba.

            Cursó Arquitectura en la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando de Madrid, obtieniendo su título el 30 de agosto de 1888, a los 32 años de edad. Estando en Madrid, se casa con la portorriqueña María del Carmen Alfonzo, con la que tuvo tres hijas y un hijo. Tras los estudios universitarios, estuvo trabajando como ayudante facultativo a las ordenes del arquitecto director de las obras de la Biblioteca y Museos Nacionales, Antonio Ruiz de Salces.

            El 1 de julio de 1891 es nombrado arquitecto de segunda del Ayuntamiento de Córdoba, lo que le hace volver a su ciudad natal. Como curiosidad, su primera obra documentada en Córdoba, data del 30 de octubre de 1891 y consiste en la reforma de la fachada de la casa número 106 de la calle Santa María de Gracia, en la actualidad desaparecida.

            Su labor y personalidad van siendo cada vez más apreciadas en Córdoba, llegando hasta el punto, que el 5 de septiembre de 1892 fue nombrado director de la Escuela de Artes y Oficios. Posteriormente, también obtendrá los puestos de Arquitecto de la Diputación de Córdoba, el 3 de enero de 1893, y  de Arquitecto del Obispado, en 1894. También, durante dos meses de 1893, sustituye a Pedro Alonso como Arquitecto Municipal. Y ya en 1900, es reconocido, como miembro de la Real Academia de Córdoba.

            Como os había dicho al principio del artículo, su vida pasa por el total desconocimiento para la mayoría de los cordobeses, pero ahora veremos que su obra sí que es más famosa. 

         Entre sus obras hay que destacar el edificio destinado a sede del Gobierno Civil y Diputación en la calle Alfonso XIII, realizado en 1907 y actual IES Maimónides, siendo una de las mejores muestras de Art Nouveau de Castiñeyra. Cabe destacar de esta obra, la abundancia de grandes girasoles y flores en su exorno y la grandiosidad del balcón de la fachada principal.


            Otra de sus obras más conocidas fue el palacete para el magistrado Teófilo Álvarez Cid en la esquina de la avenida Gran Capitán y la calle Reyes Católicos, realizada en 1907, y actual sede del Colegio de Arquitectos. Destaca el exorno vegetal donde grandes troncos de rosales de piedra trepan por sus fachadas, el contraste del blanco de éstos con el rosado/amarillento de los muros y el excelente trabajo de herrería que cierra su pequeño jardín. En el interior conserva todos los elementos diseñados por Castiñeyra en este florido estilo: vidrieras, murales, molduras…



            Además de los mencionados, realizó edificios para particulares de estilo modernista en Puerta Gallegos, desaparecido en la actualidad; en la calle Braulio Laportilla y en las calle Claudio Marcelo. Concretamente, en esta última vía edificó las casas número 4, 6, 8, 11 y 13, entre 1910 y 1912, y las esquinas a García Lovera número 5 y a María Cristina número 6, de 1912 y 1914, respectivamente.                   

            Atribuible a él, aunque sin seguridad total, es el palacete de Celestino Romero o la Casa Cardona, en Fuente Obejuna, el más notable edificio modernista de la provincia.



            Y como una curiosidad más, hasta el mismo Chimeneón, un resto industrial de la Antigua fábrica de aceites Carbonell, es también obra de este arquitecto, que lo realiza en colaboración con su hermano, el ingeniero industrial Alberto Castiñeyra Boloix.

            ¡Pero esto no es todo! Entre las obras religiosas que realizó nuestro personaje encontramos la construcción de la iglesia de Santa Bárbara de Peñarroya-Pueblonuevo en 1913; la terminación de la iglesia de la Inmaculada de Villa del Río, en 1894; la restauración de las iglesia de San Pablo de Córdoba, durante 1897 y 1903, junto a Mateo Inurria, de la que se respetó el arte gótico del templo, salvo en la capilla del Cristo de la Expiración a la que dieron un estilo neomudéjar; la restauración de la iglesia de San Mateo de Lucena, en 1898; la inacabada torre de la iglesia de San Sebastián de Torrecampo, en 1907; y la edificación de los cementerios de Añora, en 1908, y de Torrecampo, en 1904.


            Sin querer alargar mucho más mis palabras, con más ejemplos que poco aportarían ya a la explicación, podéis observar de que estamos ante uno de los arquitectos más influyentes de Córdoba en el transito del siglo XIX y XX. Otro de nuestro ilustres paisanos, que por unos u otros motivos, no alcanzó la fama y reconocimiento que mereció.  

Ángel Luis González Martínez

lunes, 30 de marzo de 2020

NOODLES CON VERDURAS Y TERNERA Y ALUBIAS BLANCAS CON ALCACHOFAS

NOODLES CON VERDURAS Y TERNERA

INGREDIENTES:
2 PAQUETES DE NOODLES (800 gr) (preferiblemente de grosor fino)
2 CALABACINES GRANDES
1 PIMIENTO ROJO
3 PIMIENTOS VERDES GRANDES
2 PUERROS
5 ZANAHORIAS GRANDES
1/2 COL GRANDE
SOJA (250 ml)
3 FILETES DE TERNERA FINITOS


PREPARACIÓN:
CORTAR TODAS LAS VERDURAS EN JULIANA E IRLAS SOFRIENDO UNA A UNA SEGÚN TEXTURA. (DEJARLAS AL DENTE).
SOFREIR LA TERNERA, PARTIDA EN CUADRADOS PEQUEÑOS.
COCER LOS NOODLES 4 MINUTOS.
MEZCLAR TODOS LOS INGREDIENTES EN LA CACEROLA PARA CALENTARLOS Y AÑADIR LA SOJA.


ALUBIAS BLANCAS CON ALCACHOFAS

INGREDIENTES:
1 KG DE ALUBIAS (PREVIAMENTE EN REMOJO)
1 TOMATE GRANDE
1 CEBOLLA GRANDE
1 O 2 PIMIENTOS VERDES
2 CUCHARADAS COLMADAS DE PIMENTÓN DULCE
1 KG DE ALCACHOFAS
                      
PREPARACIÓN:
PONER TODO EN CRUDO EN LA OLLA RÁPIDA Y PONER LAS ALCACHOFAS LIMPIAS EN LA PARTE SUPERIOR.
PONER A FUEGO FUERTE 10 MIN EN LA OLLA RÁPIDA.

ESTÁN SUAVES Y LIGERAS.

Mª JESÚS ACOSTA CRISTOBALENA

sábado, 28 de marzo de 2020

LA PESTE DE ATENAS

            Corren tiempos difíciles. Nuestra generación está viviendo una situación que no se producía en décadas. Nos vemos obligados a permanecer confinados en casa. Sin embargo, no es la primera vez que existen pandemias, la historia y la literatura están llenas de ellas.
            Tenemos constancia de, al menos, tres episodios pandémicos, en el Imperio Romano: la llamada peste antonina, del año 165, probablemente causada por la viruela; en el 249 un patógeno desconocido arrasó los territorios del imperio; finalmente, en 541 llegó, para quedarse durante más de 200 años, la primera pandemia de Yersinia pestis, el agente de la peste bubónica.
            Conocidas son varias pandemias de peste también durante la Eda Media, presentes también en la literatura, por ejemplo, en Bocaccio y su Decamerón.
            Pero nos vamos a trasladar al mundo griego antiguo, para conocer dos epidemias de peste: una literaria y la otra histórica, pero también literaria.
            La Ilíada, la primera obra de la literatura occidental, atribuida comúnmente a Homero, empieza precisamente con la descripción (I, 9-100) de una peste en las filas aqueas, esto es, griegas. Se trata de una peste causada por el dios Apolo, el flechador, en castigo porque los dánaos (otro nombre para las huestes griegas), más concretamente su jefe Agamenón, no quieren liberar a Criseida, hija de Crises, sacerdote de ese dios. La disputa entre Agamenón y el mejor guerrero, Aquiles, a cuenta de esa devolución, provocará el abandono de la lucha por parte de Aquiles y la desgracia para los griegos, aunque no para nosotros, porque podemos disfrutar de la grandeza épica del poema.
            Sobre la peste en sí, el poema solo nos dice que “el flechador Apolo disparaba certeramente, primero a acémilas y ágiles perros”, después a los hombres durante nueve días, “y sin pausa ardían densas las piras de cadáveres”.
            Sin abandonar la literatura, pero si el territorio mítico, nos encontramos, al inicio de la Guerra del Peloponeso, con la peste de Atenas, del año 429 a. C., en la que falleció Pericles, el gran estadista ateniense, y que el historiador Tucídides nos dejó retratada con gran precisión, pues él mismo padeció la enfermedad, siendo de los pocos que consiguió recuperarse.
Discurso fúnebre de Pericles a la asamblea de Atenas
            Tucídides nos describe la peste en el libro segundo de su obra, conocida generalmente como La Guerra del Peloponeso, justo a continuación del discurso fúnebre de Pericles a los caídos el primer año de guerra. Este discurso es el más bello elogio escrito sobre Atenas: “Tenemos un régimen político que no emula las leyes de otros pueblos, y más que imitadores de los demás somos un modelo a seguir. Su nombre, debido a que el gobierno no depende de unos pocos sino de la mayoría, es democracia” (II, 37). “Amamos la belleza con sencillez y el saber sin relajación” (II, 40). “Resumiendo, afirmo que nuestra ciudad es, en su conjunto, un ejemplo para Grecia” (II, 41).
            A partir del capítulo 48 Tucídides comienza su relato: “Apareció por primera vez, según se dice, en Etiopía, la región situada más allá de Egipto, y luego descendió hacia Egipto y Libia y a la mayor parte del territorio del Rey (el Imperio Persa). En la ciudad de Atenas se presentó de repente, y atacó primeramente a la población del Pireo... Luego llegó a la ciudad alta (la acrópolis), y entonces la mortandad ya fue mucho mayor”. Si la enfermedad entró por el Pireo, el puerto de Atenas, sin lugar a duda la epidemia llegó por barco.
            En los siguientes capítulos Tucídides va describiendo los distintos síntomas y la evolución de la enfermedad. Se acostumbra a distinguir cuatro períodos:
            Uno primero de incubación, destacando que la enfermedad aparece súbitamente.
            Se entra en un período de plena actividad, que dura unos 7-9 días, y suele ser fatal para la mayoría de los enfermos. Tucídides establece dos partes en la descripción:
            Primero nos habla de los síntomas principales en orden de aparición: calentura de cabeza, enrojecimiento e inflamación de ojos, sangre en lengua y faringe, respiración irregular y fetidez de aliento, estornudos y ronquera; después tos pulmonar violenta y paso a estómago y corazón.
            Pero también nos describe los fenómenos observables: calor interno irresistible, aunque no sensible externamente al tacto; piel rojiza y cárdena; exantema de ampollas y úlceras; sed insaciable; insomnio, cansancio, depresión.
            Los que conseguían superar la primera semana, sufrían ulceraciones intestinales, diarrea y, probablemente, muerte.
Para los que conseguían superar esa terrible tercera fase, se abría un período de complicaciones y secuelas: gangrena, pérdida de visión y, en algunos casos, de memoria.
Tucídides nos cuenta también que los animales que se acercaban a los cadáveres también padecían la enfermedad, destacando que en los perros era más fácil la observación de los efectos por vivir con el hombre.
La enfermedad se agravó también por la aglomeración sufrida por la ciudad a causa del traslado de la gente del campo al interior de los muros, por la guerra. Pero, sin duda, para Tucídides, siendo terrible la enfermedad, fueron más terribles las consecuencias morales: el desánimo que se apoderaba de los que contraían el mal; el menosprecio tanto de lo divino como de lo humano (II, 52), el crecimiento de la inmoralidad:
También en otros aspectos la epidemia acarreó a la ciudad una mayor inmoralidad. La gente se atrevía más fácilmente a acciones con las que antes se complacían ocultamente, puesto que veían el rápido giro de los cambios de fortuna de quienes eran ricos y morían súbitamente, y de quienes antes no poseían nada y de repente se hacían con los bienes de aquellos” (II, 53)
Es quizás aquí donde debemos tomar nota para aprender de la lección de la Historia, magistra vitae, y no renunciemos a nuestros valores, prestando atención a que los aventureros sin escrúpulos no se adueñen de la situación. Porque el gran peligro de las pandemias es el moral, el renunciar a lo que ha costado tanto crear y mantener.
Los textos de Ilíada y de La Guerra del Peloponeso pertenecen a las traducciones publicadas en la Biblioteca Básica Gredos, debidas a Emilio Crespo y Juan José Torres, respectivamente.
Sobre la influencia de la enfermedad y el cambio climático en el fin del Imperio Romano, véase el libro de Kyle Harper El fatal destino de Roma, publicado en castellano por la Editorial Crítica.

Manuel Millán Gómez

viernes, 27 de marzo de 2020

UNAS PASTITAS NATURALES PARA NO ENGORDAR EN LOS DIAS DE ENCIERRO

Ingredientes:
4 huevos 
3 plátanos 
3 cucharadas de copos de avena  sin azúcar 
2 cucharaditas de levadura 
Un poco de canela 

Preparación:
Lo bates todo y si tienes moldes para pastas los rellenas y si no tienes pues haces como tortitas pequeñas. 
Se mete en el horno a 200º de 15 a 20 minutos, depende del horno, según tú ya los veas. 
Los sacas y en caliente los pones sobre papel de horno y le pones por encima chocolate negro a trocitos, otros con chocolate derretido por encima y otros con miel y algún fruto seco: piñones, nuez, pasas... ya lo que quieras.

Mª Toñi León

jueves, 26 de marzo de 2020

TERRAPLANISMO

Creo que ocurrió hace un mes. Un personaje pintoresco del medio oeste norteamericano que pretendía demostrar que la Tierra es plana. Necesitaba fabricar un cohete para subir a 1.500 metros de altura y hacer fotografías con las que demostrar su descabellada teoría.

Para llevar a cabo su propósito organizó una campaña de crowdfunding. Sea unos donantes por ser también convencidos terraplanistas, sea por otros, sospecho que los más, que deseaban hacer chanza del personaje y de su ridículo propósito, el caso es que consiguió fondos suficientes. No solo eso, sino que fabricó un cohete en el que despegó y subió a cierta altura. El problema es que le falló el paracaídas con el que pensaba aterrizar. En el vídeo que podéis ver en youtube se ve como el cohete baja a la misma velocidad a la que ascendió, cayendo en picado e impactando contra el duro suelo del desierto ante la mirada estupefacta de sus colaboradores, que quizás no se esperaban tal desenlace. El desdichado pseudocientífico, como podéis adivinar, pereció en el acto.

El caso es que proliferan las sectas y personajes pintorescos que siguen defendiendo que la Tierra es plana. El argumento consiste en no creer nada del conocimiento que otros hayan podido adquirir antes, y tomar de la realidad solamente las evidencias que avalan la teoría propia, ignorando las que la desmienten.

Este mecanismo se repite en muchos otros campos, de ahí que cada vez más se agrupe a estas teorías absurdas en el término terraplanismo.

Evidentemente la primera fuente de teorías que así daremos en llamar, terraplanistas, es el de las creencias religiosas. En los últimos 400 años la ciencia ha robado a la religión gran parte del conocimiento del universo que esta última parecía atesorar. Se ha comprobado empíricamente que la Tierra no es plana, que gira alrededor del Sol y no al revés, y que nuestra especie no procede de una primera pareja llamados Adán y Eva creados del barro, sino que es fruto de la evolución desde otras especies animales.

Estas verdades que nuestra religión católica ha terminado aceptando sin demasiados traumas ni cismas, entre las religiones y sectas protestantes del país que pasa por ser el más desarrollado del mundo se siguen cuestionando cada día. Hay que tener en cuenta que la razón de ser del protestantismo fue desconfiar del magisterio de la Iglesia Católica y acudir a las fuentes, la Biblia, que como mis lectores saben perfectamente, leída de forma literal, puede suministrar un conocimiento del mundo bastante confuso.

Otro campo abonado al terraplanismo es el del nacionalismo. El nacionalismo genera una tergiversación de la historia, que además se impone en las escuelas, con el agravante de que la mayor parte de la población carece de la conciencia crítica suficiente como para cuestionar lo que le enseñó el profe D. Manuel o D. Francisco, por poner. Esas enseñanzas cristalizan y no hay que las resetee.

El nacionalismo también tergiversa la realidad actual, generalizando aspectos propios y del enemigo o interpretando de forma sesgada datos económicos o de otro tipo.

Ejemplos no los tenemos lejos. En el Noreste de la Península Ibérica hay quien está convencido y “puede demostrar “ que Cristóbal Colón, Miguel de Cervantes, Calderón de la Barca, Santa Teresa de Jesús, y otros personajes ilustres nacieron en ese espacio comprendido entre el Ebro y los Pirineos.

Pero no nos confiemos, el primer error es ver la interpretación absurda que hace el otro de la realidad, pero no por absurda sino por ser contraria a la nuestra, que quizás sea igualmente absurda y chovinista. No estamos exentos de caer en la misma trampa.

En general todas las ideologías tratan de tomar los aspectos de la realidad que las avalan, mientras ignoran los que las ponen en cuestión. Como dice un cura que yo conozco, “de ideología andamos todos sobrados”. Pero qué trabajo nos cuesta ser coherentes y ponerlas en cuestión cuando los hechos nos demuestran que estamos equivocados, o que al menos las ideas necesitan ser matizadas. Claro que introducir matices o dudas te lleva a que los tuyos te tachen de blando y de tener complejos frente al adversario.

Hace algún tiempo leí un estudio que se había hecho en universidades norteamericanas, consistente en una encuesta a estudiantes, que venía a concluir que éstos suelen elegir su ideología o sus creencias según percepciones que nada tienen que ver con un análisis crítico de la realidad, sino del atractivo o del aura que rodea a los grupos que las defienden y a sus líderes. Es decir, si una determinada creencia resulta atractiva y sobre todo si viene a justificar la animadversión que se pueda tener a un grupo o colectivo la visión del mundo que predica será defendida a ultranza aunque la realidad vaya por otro lado. Se comprobó la existencia de una falta de sinceridad en los estudiantes porque en muchos casos se daban cuenta del desajuste entre la realidad y sus creencias, pero aún así preferían construir su vida en torno a estas últimas, al haberse generado un espíritu de grupo y una zona de confort en torno a ellas.

La preeminencia de la ideología la lleva a acaparar otros ámbitos y a caer en el sectarismo. Si un músico, un futbolista o un torero, por poner algunos ejemplos, no son de mi cuerda, ya no son buenos en lo suyo. Y lo más curioso son algunas ecuaciones que se forman en base a la fuerza que mueve el mundo, la de los prejuicios.

No suelo leer los hilos de Twitter, pero cuando raramente lo he hecho, en temas taurinos que suelo seguir, compruebo que por parte de algunos detractores se hace la siguiente correlación: aficionado a los toros = facha = machista = maltratador de mujeres. Es decir, un aficionado a los toros, maltrata a las mujeres. Por otro lado me encuentro la tendencia opuesta: tiene perro = animalista = vegano = antitaurino. Lo más curioso es que el tener perro y ser al mismo tiempo aficionado a los toros genera recelos en ambos grupos y te hace perder lo que podríamos llamar pureza de sangre para unos y otros.

Creo recordar que uno de mis primeros artículos en esta página trataba sobre los cuentos de hadas de toda la vida. Una de las características que os relacionaba de tales cuentos es la del maniqueísmo. Hay un bueno y un malo. Al niño no lo puedes liar con bipolaridades, dobleces ni evolución de caracteres, aunque en la vida real sea lo más normal. En las películas americanas tampoco. Es lo propio de una mente aún infantil, que no ha desarrollado una conciencia crítica del mundo. Pues mirad, algunos llegan a viejos y se mueren sin hacer uso de ese instrumento que Dios les puso en la cabeza. Y no me refiero al pelo, rubia.

Manuel del Rey Alamillo

lunes, 23 de marzo de 2020

LA CÓRDOBA ILUSTRE Y DESCONOCIDA: BERNABÉ GÓMEZ DEL RÍO

         Córdoba, como bien dice el himno del Colegio La Salle Córdoba, esta formada por una “estirpe de egregios poetas, pensadores, guerreros y ascetas que ilustraron la patria y la Fe”. ¡Y cuánta razón! La aportación al mundo, de muchos de estos insignes personajes, es conocida por todos. Podemos mencionar, por poner unos ejemplos, a Luis de Góngora, Osio, Julio Romero de Torres, Séneca, Maimónides, Averroes, Juan de Mesa, Pablo García Baena, Gonzalo Fernández de Córdoba “El Gran Capitán”, Manolete... y todos sabríamos quienes son y su obra. Pero luego, tristemente, tenemos muchas otras notables figuras que pasan por el total desconocimiento para la mayoría de los cordobeses.

            Hoy vamos a hablar de uno de estos desconocidos. Concretamente de don Bernabé Gómez del Río. Este mencionado paisano, vecino de la calle de los Manriques, fue un afamado escultor y pintor del siglo XVII. Fue colaborador esporádico del artista Antonio del Castillo.

            Seguramente, hasta estas líneas, ni os sonará este nombre ni os habré descubierto nada. Pero, paciencia, ya os daréis cuenta de que lo conocéis más de lo que pensáis.

            La primera parada que vamos a hacer para conocer la obra de este escultor va a ser en el Puente Romano, concretamente en la escultura del Arcángel San Rafael que, como os estaréis imaginando, sí, es obra de él. Esta imagen del Custodio de Córdoba, realizada en piedra, fue colocada con gran solemnidad el 29 de setiembre de 1651, después de la epidemia que tantos estragos hizo en esta ciudad. ¿Os suena a algo? Como vemos, no es nueva esta afligida situación que estamos viviendo con el COVID-19. Pero que tampoco es nueva la protección de San Rafael hacia los habitantes de Córdoba. Por ello: tranquilidad, esperanza y oración.



            Volviendo al tema, esta mencionada escultura de San Rafael, es la más antigua de los Triunfos existentes en la ciudad, que sirvió para bendecir a todos aquellos visitantes que salían y entraban por la Puerta del Puente.

            Pero esta no fue la única imagen del Custodio que realizó Gómez del Río. Siguiendo el proyecto del Ilmo. Sr. don Francisco de Alarcón, obispo de Córdoba, también esculpió, junto a Pedro de la Paz, la imagen del San Rafael que corona el campanario de la Catedral. Esta fue realizada en piedra campanil de Luque y fue colocada sobre la torre el 24 de mayo de 1664.

Si deseas conocer más sobre San Rafael y Córdoba: http://ascgenesis.blogspot.com/2016/10/cordoba-y-su-custodio.html

            Como iréis viendo, a lo mejor no conocías al autor, pero sí que conocías sus obras. ¿O me equivoco? Pero esto no es todo. Hay otra escultura bastante famosa en Córdoba realizada por él. ¿Os imagináis cuál puede ser? Hablamos de la escultura ecuestre que corona la fuente de la conocida plaza del Potro. Aunque la fuente data de 1577, la escultura fue ejecutada, casi un siglo después, por nuestro Bernabé Gómez del Río. Como curiosidad, esta escultura sigue un diseño (que vemos a continuación) del pintor cordobés Antonio del Castillo, uno de los más famosos dibujantes de nuestro barroco.



            Volviendo a la escultura sacra, en 1665, realizó para la fachada de la iglesia de Santa Ana (Convento de las Carmelitas Descalzas) un conjunto de imágenes en mármol blanco, compuesto por Santa Ana, la Santísima Virgen y el Niño Jesús. Y yéndonos desde la iglesia de las hijas de Santa Teresa de Jesús nos vamos a la iglesia de los hijos de San Juan de la Cruz. Concretamente a la fachada de la iglesia de San José, popularmente conocida como San Cayetano. Allí podremos ver, en una hornacina, la imagen de San José realizada por Gómez del Río en 1656.

 
   Sin irnos muy lejos, el templo de Santa Isabel de los Ángeles, también conocido por San Pancracio, y actualmente propiedad de la cadena hotelera H10, cuenta con unos relieves labrados por Bernabé Gómez del Río en 1655. Estos relieves están situados en los muros laterales del presbiterio y representan a San Bartolomé, a San Luis, a San Roque, a San Sebastián y a los cuatro evangelistas.

 

            Hay constancia que, en 1643, nuestro personaje, junto al pintor y dorador Diego Antonio, realizó una imagen de san José para la ya extinguida cofradía del Dulce Nombre de Jesús del convento dominico de San Pablo de Córdoba. Manolo del Rey nos podrá informar mejor sobre su paradero y estado de conservación, suponiendo que siga existiendo esta obra.
           
            Pero nuestro ya, ¿por qué no?, querido Bernabé no solo trabajó para la capital. También, hizo obras para la provincia. Por ejemplo, realizó el grupo escultórico de la Santísima Trinidad para la hornacina del ático del altar mayor de la iglesia de la Trinidad de la Rambla en 1660. O también, podemos localizar las esculturas de la bella capilla del Sagrario de la Parroquia de San Mateo, en Monturque. O ya desaparecidas, podemos citar al Crucificado de la Iglesia de Santa Ana de Conquista, realizado en 1634 y destruido en la cruenta Guerra Civil, y al San José de la iglesia de San Bartolomé de Montoro, siendo tallada en 1638 y policromada y estofada por el pintor Antonio del Castillo.



            Y acabamos, aquí, el paseo por la vida y obra de don Bernabé Gómez del Río. Espero que hayáis podido disfrutar conociendo un poco más la importancia de este escultor del siglo XVII, que como os habréis dado cuenta, su obra era conocida por muchos aunque su reconocimiento nunca llegara. Deseo que estas líneas sirvan para realzar a todos los grandes e insignes hijos de Córdoba que por unos u otros motivos no alcanzaron la fama que merecieron. ¡Continuaremos! 

Ángel Luis González Martínez

sábado, 21 de marzo de 2020

DRESDE 1945

Mi forzada reclusión ante la situación de calamidad sanitaria y política de nuestro país me ha privado de las tareas que a estas horas me tendrían que tener ocupado, en vísperas de Semana Santa, allá en la Real Iglesia de  San Pablo, rodeado de túnicas, cera y plata con incienso aromatizados. Y estando libre de tales ocupaciones como estoy, que suelen acaparar no solo mi tiempo sino también mis pensamientos, no he podido negarme a la gentil invitación de nuestra apreciada Presidenta a tratar de amenizar de algún modo el cautiverio de los pocos lectores que me quedan.

No resulta fácil elegir un tema en estas circunstancias, ante el temor de parecer demasiado fúnebre en tiempos necesitados de algo de optimismo, ni frívolo a riesgo de ser considerado insensible ante el drama que viven muchas personas, algunas cercanas.

Disculpad si relativizo la situación por la que atravesamos, pero me ha llegado inmerso en un drama mucho mayor. Días antes de la proclamación del estado de alarma en nuestro país comencé a leer un libro titulado Dresde 1945, Fuego y Oscuridad, de un tal Sinclair McKay, que me ha tenido ocupado hasta hace 10 minutos. Como suelo hacer, y porque el libro lo merece, he llevado a cabo un ejercicio ignaciano de inmersión en la situación que describe: el bombardeo aéreo de esta ciudad alemana por las aviaciones británica y norteamericana en la noche del 13 de febrero de 1945, a pocas semanas del final de la guerra, con el ejército alemán prácticamente derrotado.  Ahora se han cumplido 75 años.

Esa noche tres oleadas de bombardeos arrasaron el centro de la hermosa ciudad, entonces apodada la Florencia del Elba, asesinando a unos 25.000 civiles. Se suele comparar con el bombardeo de la ciudad inglesa de Coventry por la aviación alemana el 14 de noviembre de 1940. De hecho las dos ciudades están hermanadas. Sin embargo este último causó la muerte a 554 civiles, lo cual da una idea de la magnitud de lo que os cuento. Otros bombardeo conocido: el de Guernica, 126 muertos.

Dresde era entonces una ciudad desprotegida ya que las baterías antiaéreas se habían desplazado al frente del Este para contener al Ejército Rojo, por lo que la aviación aliada pudo hacer su trabajo sin peligro alguno. La ciudad estaba además abarrotada por miles de refugiados del Este, que huían del frente.

El bombardeo, como el de otras ciudades alemanas, Hamburgo, Hannover o Berlín, fue especialmente cruel por el método empleado. Primero pasaba una oleada que arrojaban bombas de gran poder destructivo y destrozaba los tejados de los edificios. La siguiente oleada arrojaba artefactos incendiarios que entraban en los edificios por las aperturas de sus tejados, causando pavorosos incendios. Las calles alcanzaban temperaturas de más de 500 grados en pleno mes de febrero. La mayor parte de las bajas se produjeron al quedar atrapados en los refugios antiaéreos construidos en los sótanos de los edificios, pereciendo asfixiados o cocidos.

Hasta ese momento la ciudad no había conocido bombardeo alguno. Sus habitantes habían seguido haciendo una vida normal, pensando que nadie iba a querer atacar una ciudad con importancia histórica y cultural pero para nada militar o estratégica. Tanto es así que la tarde anterior, pese a la guerra, los cafés y restaurantes estaban abiertos y los niños fueron al colegio algunos vestidos de carnaval. Sin embargo el bombardeo se planificó para arrasar el centro histórico y monumental de la ciudad, dejando incólumes las afueras en las que se encontraban algunas industrias que proveían de material al ejército alemán.

El autor intelectual de la matanza fue el comandante de la fuerza aérea británica, Sir Arthur Harris, que murió de viejo con 91 años tras haber recibido los correspondientes honores. Ello no impidió que antes incluso de terminar la guerra, parte de la Iglesia Anglicana y algunos políticos de la oposición alzasen la voz contra acciones que les igualaban al nazismo en perversidad, que les hacían perder la superioridad moral. Y es que fue el propio Harris quien no se reprimió, por el contrario presumió, de haber causado tal destrucción y tal número de muertes entre la población civil del enemigo.

Pocas semanas después del bombardeo llegó a la ciudad el Ejército Rojo. Los jóvenes que habían servido en el ejército fueron deportados a Siberia, a trabajos forzados, donde unos murieron por las penurias sufridas y otros pudieron volver años después. Las mujeres fueron sistemáticamente violadas.

Pero lo que más me ha impactado del libro es la reacción de la ciudadanía tras la calamidad sufrida. Los dirigentes nazis desaparecieron y la sociedad civil se organizó espontáneamente para trasladar a personas que habían quedado sin casa a los pueblos de alrededor, para atender a los miles de heridos, para rescatar e incinerar a los cadáveres. Para restablecer los suministros de agua y luz, para proveer de alimentos a la población. Y para tratar de recuperar lo que quedase de valioso bajo las ruinas, recoger y trasladar los escombros e incluso limpiar las calles. Llama la atención el esmero de los servicios de limpieza de las ciudades alemanas bombardeadas en dejar impolutas unas calles rodeadas de ruinas. El propio Ernst Junger lo cuenta en su diario Radiaciones II tras contemplar los restos de la ciudad de Hannover: “Causa una sensación extraña el ver que las calles se encuentran completamente limpias, barridas con esmero. Un rasgo de orden que sobrevive  que puede enjuiciarse de una o de otra manera. Yo lo he encontrado a medias repulsivo y a medias digno de aprecio”.

A mí personalmente me genera admiración que gentes que en una noche ven su país y su mundo personal hundido, sus casas destruidas, sus negocios arruinados, familiares muertos o desaparecidos, y sin embargo sean capaces de reaccionar haciendo simplemente lo que hay que hacer. Acudiendo a los principios más elementales de caridad y solidaridad, de actuar de forma colectiva pensando en los demás en lugar de limitarse a salvar cada uno lo suyo. En un contexto en el que las ideologías y los sentimientos de patria y nación quedaban por mucho tiempo sepultados, siendo ya inútiles para activar una conciencia de grupo. 

Me identifico con esa reacción serena, la del que cumple con su deber por rutina, casi por instinto, sin necesidad de banderas, himnos, lemas o discursos patrióticos.

En nuestros días se oyen proclamas, lemas para elevar la moral de la población, para hacerla sentirse partícipe del logro colectivo. Desconfío de esos movimientos. Los mismos que un día enaltecen a un líder o se emocionan ante una bandera pueden acabar ahorcando a aquél o quemando a ésta. Y frecuentemente están promovidos por gente con intereses poco nobles. Me quedo con esa mayoría, la de los que de forma callada y serena cumplen con su deber con su familia y con la sociedad, simplemente porque no saben hacer otra cosa.

Han pasado 75 años y en la ciudad de Dresde se preserva la memoria de lo sucedido. Cada 13 de febrero se hace una vigilia en la plaza en la que fueron amontonados e incinerados miles de cadáveres y después se interpreta el impresionante Requiem de Dresde (Dresdner Requiem) de Mauensberger. Pero al mismo tiempo se mira al futuro sin rencor. El lugar en el que se interpreta el Requiem es la emblemática Frauenkirche, joya del barroco finalmente restaurada en los años 90 a iniciativa de asociaciones inglesas. También la zona histórica, la Altstadt, ha sido íntegramente reconstruida a semejanza de lo que fue. Las magníficas obras de arte volvieron a sus museos una vez reconstruidos. La ciudad ha recuperado su sello aristocrático y su hermosura y se vuelve a mostrar al mundo confiada y orgullosa.

De todo se sale, amigos. 

Manuel del Rey Alamillo

domingo, 15 de marzo de 2020

EL QUINTO EVANGELIO

“Evangelio” es una palabra griega «euangelion» que llegó al español a través de la palabra latina «evangelium» y que significa literalmente buena noticia. Esta buena noticia se refiere a la vida y a la predicación de Jesucristo, el Hijo Unigénito de Dios hecho hombre. Como sabemos son cuatro los evangelios; Mateo (Mt), Marcos (Mc), Lucas (Lc), Juan (Jn). Escritos entre los años 60 y el 100 d.C., y como tales forman parte de las Sagradas Escrituras, y más concretamente del Nuevo Testamento. Pero quizás se nos puede venir a la mente la siguiente cuestión, ¿cuál de los cuatro evangelios es el verdadero? ¿O cual se aproxima más a la verdad?

Los evangelios son esa hermosa herencia recogida y conservada por las primeras comunidades cristianas de su experiencia de encuentro con el Resucitado. No son biografías de Jesús sino cuatro vivencias, escritas desde la fe, de su actuar en medio de los suyos, y es por eso que en muchos de los aspectos no siempre coinciden entre ellas o no transmiten los mismos sucesos.

Nosotros los cristianos tenemos una tarea transcendental con la que, como Iglesia que somos, nos identificamos: EVANGELIZAR. Esta es nuestra misión, la Iglesia es, cuando evangeliza. El apóstol San Pablo lo tenía bastante claro: “Porque evangelizar no es gloria para mí, sino necesidad. ¡Ay de mí si no evangelizara!” (1ª Cor 9, 16)

Pero si es cierto y sustancial, y os invito a ello, que debemos dejar a un lado esa lectura literal de la Sagrada Escritura, siendo conscientes en qué época fueron escritas, para poder interpretarla de manera más adecuada en el ciclo de la vida que nos ha tocado vivir. La necesidad de interpretar no significa que la vida de Jesús, sus hechos y palabras, su muerte y resurrección, no fueran reales e históricas.

El cristianismo, y creo que ahí está su grandeza, es una religión divina y humana. “El Hijo de Dios con su encarnación se ha unido, en cierto modo, con todo hombre. Trabajó con manos de hombre, pensó con inteligencia de hombre, obró con voluntad de hombre, amó con corazón de hombre. Nacido de la Virgen María, se hizo verdaderamente uno de los nuestros, semejante en todo a nosotros, excepto en el pecado. Cristo manifiesta plenamente el hombre al propio hombre y le descubre la sublimidad de su vocación. (Gaudium et spes 22)”.

En esta sociedad en la que vivimos urge reevangelizar, volver al punto de partida de toda fe, de todo compromiso; urge volver al evangelio como anuncio de salvación integral en Cristo y por Cristo. Volver a ser apóstol, volver a ser un verdadero misionero. Urge tener pasión por Cristo, pasión por la misión. Reevangelizarnos para devolver al mensaje del Hijo de Dios su fuerza liberadora, para recuperar la alegría y el entusiasmo de la solidaridad y fraternidad propias de un seguidor de Cristo.

Y nos preguntaremos, si Jesús resucitó y continuó vivo entre los suyos, después de su muerte, por la fuerza de su Espíritu ¿cómo dejo actuar en mi vida su mismo Espíritu, en estos tiempos que corren? La respuesta a esta reflexión será distinta según la experiencia personal que tengamos con Jesús, y nos invitará a escribir el quinto evangelio particular, el que llevará el nombre de cada uno de nosotros y el que muy posiblemente leerá nuestro prójimo.

Así es, cada uno escribimos, en nuestro cuerpo, el “quinto evangelio”. Pero para ello debemos de dar testimonio con la propia vida cristiana, evangelizar con nuestros actos, en vez de con palabras, ser un auténtico cristiano creíble.

“El Espíritu del Señor está sobre mí, porque me ha ungido para que dé la buena noticia a los pobres. Me ha enviado a anunciar la libertad a los cautivos y la vista a los ciegos, para poner en libertad a los oprimidos, para proclamar el año de Gracia del Señor” (Lc 4, 18). Solo el poder del Espíritu Santo hará que cada bautizado sea de verdad un creyente vivo, legítimo testimonio de la salvación en Jesucristo.

Seamos Evangelio viviente. Caminemos juntos de la mano del Señor, unidos a Él por la fe y el amor. Recorramos nuestro camino de vida anunciando el evangelio y sirviendo a nuestros hermanos. Somos misioneros, y la misión nace de la intimidad de cada uno con Jesús, de la historia de amor personal con el Señor.

Escribid vuestro quinto evangelio, vivid vuestro propio evangelio.

Francisco de Asís Linares Martínez

miércoles, 4 de marzo de 2020

VIAJE A GUADIX - BAZA (Crónicas de nuestros pequeños)


" Me lo he pasado muy bien en este viaje con Génesis, sobre todo viendo las cuevas, el mirador, el paseo en trenecito, las iglesias y el museo de la Dama de Baza. Me han gustado mucho los cuadros y fotos del fundador de mi Colegio, San Pedro Poveda, que ayudaba a los niños pobres de la calle que no tenían casa. Me he sentido contenta y feliz porque hemos estado todos juntos y con la abuela también. La comida, el hotel, el autobús, ha sido muy divertido, pero sobre todo estar con mi amiga Teresa. 
Gracias, Jesús, por estos días fabulosos que nos has regalado ¡Quiero ir de excursión  muy pronto otra vez! "
Esperanza Lora Ortiz. 7 años.

El día de hoy ha sido un día particular, yo creo que al igual de todos nos lo hemos pasado genial.
Me ha gustado mucho el guía que habéis contratado para el viaje.
Además me ha gustado cuando sin querer nos hemos encontrado al alcalde.
El hotel una lujada.
No lo he comentado pero la comida también ha estado muy bien.
Lo que no me ha gustado es que todavía tenga el menú infantil en vez del de adulto, pero por lo demás muy bien.
Gracias.
Pablo Ramiro Pérez

Mi experiencia sobre el viaje a Guadix-Baza para mi ha sido una experiencia muy bonita, aunque alguna vez me he sentido aburrida al no haber nadie de mi edad, pero en general todo muy bien.
Ha merecido la pena y lo que más me ha gustado es lo bien organizado que lo habéis tenido, la unión entre todos para ayudarnos unos a otros y los muy buenos y graciosos momentos que hemos vivido. 
La eucaristía con el obispo me pareció muy bonita e interesante.
Le doy gracias a Dios por haber compartido este viaje y gracias a todos por haberlo hecho posible.
Teresa León Morales