martes, 1 de diciembre de 2020

DIOSES, SEMIDIOSES Y OTROS ÍDOLOS

Una de las características de la mitología clásica consiste en la estrecha interacción existente entre dioses y hombres. Aunque los dioses griegos eran amorales y les importaba bien poco la virtud de los humanos, sí tomaban partido por unos u otros y se implicaban en los conflictos de aquí abajo de forma directa, casi diríamos presencial.

De estas estrechas relaciones surgieron los semidioses, seres nacidos de un dios y una mujer o de un hombre y una diosa. Eran hombres de cualidades extraordinarias que estaban destinados a llevar a cabo grandes hazañas, que perduran en la memoria colectiva miles de años después: Aquiles, Hércules, Perseo…

Se trata no obstante de personajes mitológicos. No nos deben llevar a confundir la realidad con la ficción como le ocurría a aquel personaje del Quijote que discutía con el cura comparando las hazañas de Amadís de Gaula con las del Gran Capitán. A lo que el cura, con toda razón le replicaba que cómo iba a comparar a un personaje de ficción con otro real. Para aquél este matiz era irrelevante.

Ocurre sin embargo que en nuestra complicada manera de ser como sociedades somos aficionados a crear semidioses. Personajes que siendo mortales de carne y hueso, padeciendo las mismas debilidades y limitaciones que tú y yo, nos empeñamos en rodear de cualidades extraordinarias, más que las que de por sí tienen. Y en cuanto a sus debilidades, quedan ocultas o las pasamos por alto, necesitados como estamos de creer en su semidivinidad.

En relación con esto último resulta curioso que en el tiempo de la imagen, de la información, sigamos produciendo estos mitos pese a que sus logros, vista la repetición de la jugada en la soledad de nuestro salón, no nos deberían parecer tan extraordinarios.

Hace unos días nos dejó uno de estos semidioses: Diego Armando Maradona. Sus virtudes futbolísticas están fuera de toda duda. Nadie ha sabido manejar el balón como él. Doy fe de que verle calentar era todo un espectáculo. Le vi jugar en directo dos veces, con dos camisetas distintas, de dos equipos españoles que resultaron los menos trascendentes de su carrera.

No me pareció sin embargo que fuese un jugador más resolutivo, más capaz de revertir el resultado de un partido él solo, que otros que he podido ver, que le han superado en otras cualidades: gol, llegada, visión de juego, fuerza, velocidad, concentración, compromiso…

Seis años, sólo seis, estuvo en la cumbre, ganando un Mundial, llegando a otra final, y en su club, el Nápoles, dos ligas y una copia de la UEFA. Magro historial en comparación con algunos de nuestros internacionales actuales o recientes.

¿Qué tuvo entonces que no tuvieran otros? Para empezar un territorio abonado. Un país donde el fútbol es religión y necesitado de ídolos que le rediman de su pobreza y de su fracaso como nación. Y una ciudad, Nápoles, donde la inmoralidad y el vicio son pecado venial que se perdona a cambio de un regate imposible el domingo por la tarde.

Pero sobre todo, Maradona estuvo en el lugar y el momento preciso. Hizo su mejor partido y consiguió sus dos goles más famosos, la mano de Dios y el mejor gol de la historia, en un Mundial, ante Inglaterra, tres años después de la Guerra de las Malvinas. La venganza perfecta. Por una vez, a través del juego, se imponía un modelo de sociedad tramposa e individualista sobre otra occidental, aburrida, donde priman el cumplimiento de las normas y el orden colectivo. Para colmo terminaron ganando el Mundial.

Entre nosotros hemos tenido personajes míticos que por sus cualidades en su menester han marcado a una generación y que hoy día son legendarios. Muy propenso a ello ha sido el mundo del toro: la muerte en la plaza en el momento más álgido de su carrera, Manolete o Joselito, o el órdago que hubieron de jugarse otros con la muerte, como El Cordobés, les confirieron unos rasgos sobrehumanos.

Parece como que las sociedades latinas y sureñas serían más propensas a la idolatría que otras más septentrionales. Y que la profusión de imágenes de los personajes, en todas las posturas y situaciones de su vida podría trivializarlos, humanizarlos. Sin embargo conocemos un personaje que se sale de tales parámetros: Diana de Gales. En los años ochenta, en el inicio de la epidemia de SIDA que mató a millones de personas de todo el mundo, los enfermos estaban estigmatizados y marginados de la sociedad cuando aún no se conocían del todo los medios de transmisión de la enfermedad. Lady Di apareció en una conocida imagen abrazando a un niño negro enfermo de SIDA. La imagen era de por sí llamativa, pero se convierte en desconcertante viniendo de un personaje de la Familia Real británica, de siempre poco propensa al populismo. Su prematura muerte, aún joven y cuando parecía recomenzar su vida con otro cuento de hadas vinieron a consagrarle como uno de los personajes contemporáneos más venerados en su país y en los de su entorno cultural, llegando a ser comparada con la gran santa del Siglo XX, Madre Teresa de Calcuta.

La música es capaz de congregar multitudes que se sienten arropadas estado rodeadas de otros que visten igual, con los que comparten similares valores, llegando a vivirse momentos de auténtico paroxismo colectivo. Precisamente un músico, también de la Pérfida Albión, es nuestro siguiente personaje: John Lennon. Si a su excepcional talento musical unimos unas letras sencillas, con mensajes poco elaborados pero que transmiten ideas que llegan al corazón de millones de personas, y una muerte también prematura y traumática, tenemos el cóctel perfecto para otro semidios.

También la figura de Verdi ha experimentado la confluencia de una constelación de estrellas. Gran músico, especializado en un género en plena eclosión en su época, la ópera. A su inmensa popularidad contribuyó su adhesión a la causa de la Unificación italiana, plasmada en uno de los himnos que se identificó con este movimiento, el “Va pensiero” de la ópera Nabucco, un coro de esclavos hebreos que cantan con nostalgia a su patria perdida “O mia patria, si bella e perduta”. Dio nombre a uno de los lemas de los insurgentes, Viva VERDI, que en realidad era un acrónimo de Viva Vittorio Emanuelle Re d’Italia (Viva Victor Manuel, Rey de Italia). A su funeral acudieron más de 300.000 personas.

Me resulta curioso que muchos jóvenes que se definen como pacifistas, buenrollistas de izquierda caniche como diría Juan Manuel de Prada, porten camisetas con la imagen de un asesino despiadado, que sembró la muerte y la pobreza por allá por donde pasó: el Che Guevara. Portar esa imagen es un símbolo de rebelión contra el sistema, contra cualquier sistema, es la revolución nihilista, sin ideas, la revolución por la revolución. Pasemos por alto el fusilamiento de opositores, de campesinos, los campos de concentración para disidentes y homosexuales… Un héroe de la democracia y la libertad. Pues eso es para cierto imaginario colectivo.

Otro tanto ocurre con el Dalai Lama. Estamos acostumbrados a escuchar a actrices y cantantes famosas mostrando su admiración y su adhesión a los postulados del Dalai Lama, un señor que ha hecho de la austeridad radical y su rechazo a toda forma de hedonismo su modo de existencia. Y lo hacen desde sus opulentas mansiones de Malibú o la Costa Azul enfundadas en vestidos de 3.000 euros. Y es que el Dalai Lama es muy cool en ciertos ámbitos en los que el envoltorio es más importante que el contenido.

Como se puede ver, las masas necesitan seguir a determinadas referencias, que encarnen los valores supremos que desean imponer y que guíen sus vidas. La imagen, como hemos visto, resulta fundamental, más incluso que la verdad del personaje. Bien lo sabían los primeros dictadores y emperadores romanos. César, que era calvo y enclenque, y Augusto que tampoco era un prodigio físico, se hacían representar en esculturas que mostraban una fortaleza física y sobre todo anímica, que transmitía seguridad a los ciudadanos de Roma que contemplaban sus retratos en piedra a la entrada de la ciudad.

Seguiremos creando ídolos. Algunos están por venir. Y quizás se trate de personajes que ahora mismo nos resultan anodinos o incluso ridículos. Pero la casualidad les llevará a estar en el momento y el lugar adecuados.

Manuel del Rey Alamillo  

viernes, 23 de octubre de 2020

GONZALO GINER GANA EL PREMIO DE NOVELA FERNANDO LARA 2020

El escritor conquista la XXV edición del galardón, pospuesta cuatro meses por la pandemia, con la obra 'La bruma verde', un conmovedor alegato ecologista ambientado en la legendaria selva africana.

Desde esta página queremos felicitar a nuestro amigo, Gonzalo Giner, por haber obtenido la XXV edición del Premio de Novela Fernando Lara, dotado con ciento veinte mil euros, y cuyo fallo y entrega ha sido pospuesto cuatro meses debido a la pandemia, con la obra La bruma verde, según ha hecho público el jurado por medio de su portavoz, el también escritor Fernando Delgado, durante el acto de concesión celebrado en la Casa Guardiola en Sevilla.  

Como podremos recordar todos, Gonzalo se desplazó desinteresadamente a Córdoba, el pasado 16 de febrero de 2019, para dar en exclusiva a nuestra asociación la conferencia “LAS VIDRIERAS: UN ARTE CUYO LENGUAJE ES LA LUZ”, celebrada en el salón de la Fundación Miguel Castillejo.

Tras la conferencia pudimos disfrutar con Gonzalo y Pilar, su esposa, un buen rato de convivencia en la Taberna La Sacristía.

Nuestra enhorabuena, Gonzalo.

Un abrazo.

Asociación Socio-Cultural Génesis

miércoles, 30 de septiembre de 2020

Y COMENZÓ EL CURSO ESCOLAR

Y comenzó el curso escolar, parecía que nunca iba a llegar o que incluso se iba a suspender antes de su inicio, pero ha llegado, y a los padres nos ha aliviado a la vez que estresado y confundido.

Eran seis meses con los peques en casa, en nuestro caso con tres niños de seis, cinco y dos añitos. Cierto es que han sido meses intensos y agotadores, pero por otro lado, hemos vivido en una burbuja, todo lo teníamos controlado, estábamos sanos y salvos, además hemos podido compartir en familia un tiempo que también ha supuesto riqueza, aprendizaje, conocimiento…un regalo dentro de todo el desastre que había fuera.

Ya a finales de agosto, todos estábamos cansados, los niños aburridos de siempre lo mismo, a pesar de que los tres han jugado y compartido fenomenal, además de que sus primas se han convertido en cómplices y compañeras de juegos a falta de amiguitos. Como madre, deseaba que comenzara el cole a ratos, el miedo y la preocupación me superaban y no hacía otra cosa que mirar las noticias, los números de contagios, pensaba que no llegaríamos al 10 de septiembre con cifras adecuadas para que las puertas del cole se abrieran. Y a pocas semanas, fuimos preparando las mochilas, comprando uniformes nuevos, forrando libros…y los niños sonreían, se ilusionaban con el nuevo curso, e incluso llegaban a dar saltos de alegría literalmente cuando llegué a casa con el material escolar. Yo no sabía si animarles y hacerles vivir los preparativos con la alegría propia de años anteriores o mantener la calma y hablarles de que a lo mejor no, o a lo mejor sí habría cole pero de otra manera diferente a lo que ellos recordaban. Decidimos que eran niños, que merecen vivir las cosas como niños y que su ilusión debía contagiar la nuestra. Y yo, realmente he hecho de tripas corazón, he intentado trasmitir sobre todo paz, y ellos me han demostrado una vez más que los adultos subestimamos a los niños. Han preguntado sin miedo que cómo iba a ser, han aceptado respuestas que no esperaban con una madurez increíble, y mi pequeño sonríe a su seño cuando entra a la guardería a pesar que solamente le ve los ojos mientras le toma la temperatura.

Estas dos semanas primeras de cole, han sido para ellos un regalo, son otros, se han transformado, han recuperado una parte de ellos mismos que estaba en letargo.

En nuestra familia esto ha supuesto también renuncias, desde que comenzaron las clases solamente vemos a los abuelos de paseo en la calle, y si vemos a las primas  en el campo la mascarilla es obligatoria. Renuncias y sacrificios para proteger, cuidar a los que más queremos,  y aportar la parte que como ciudadanos nos corresponde. No entro en la responsabilidad que tienen nuestros dirigentes, ya que tendría folios y folios por escribir, entro en la responsabilidad propia, en la mía y en la nuestra como familia. Viene un otoño e invierno incierto, hay que sacrificar salidas, encuentros con personas, como familia nos vamos a limitar a lo fundamental, teniendo muy claro que el trabajo y la escuela son imprescindibles. Mis hijos han recuperado su vida, y no hablo de lo académico, que también, hablo de la otra mitad además de su casa, su desarrollo entre iguales, la disciplina que imprime el cole, su mundo, lo que les convierte en quienes son. Y lo ponemos todo en manos del Señor, Él que todo lo sabe y todo lo puede, no estamos solos. Madre, cuida de todos, cubre con tu manto a mis niños y a esta familia que como tantas implora tu auxilio.

Esperanza Ortiz Lora

domingo, 27 de septiembre de 2020

Al Andalus, año 110 de la Hégira

 

Periodo de los Gobernadores, felús del 110 H

Ceca de Al Andalus

Peso: 5´6 gramos; diámetro: 19´4 / 18 mm; grosor: 3 mm


Anverso, centro:       No Dios si / no Allah

Anverso, orla:            Fue acuñado este felús

Reverso, centro:       Muhamma en / viado de Dios

Reverso, orla:           en Al Andalus o diez y cien

En negro la escritura conservada y en rojo la desaparecida.

De la ceca, Al Andalus sólo se ve el adorno final inferior de la palabra, y de la palabra “año” sólo la parte inferior. El año es difícil encontrarlo en tan buen estado

Es decir, estamos ante un felús con fecha y ceca, caso rarísimo. Mientras que de la ceca sólo queda el adorno final, en cambio la fecha la tenemos completa

Las primeras referencias numismáticas hispanomusulmanas son monedas de cobre con varias características:

1.- Importante grosor que le da a la moneda un aspecto tosco

2.- La mayor parte de los casos con unas grafías casi exclusivamente religiosas, que se van complicando y ampliando conforme pasa el tiempo. Y ausencia de fecha y ceca.

Ocurre ello con la invasión y los momentos que le siguen. La invasión estaba al mando de caudillos que seguían las órdenes del califa de Damasco. Se denomina esta etapa Periodo de Conquista, Periodo de Gobernadores, Emirato Dependiente o Waliato (de walí, gobernador)

No obstante lo anterior encontramos casos en los que se rompen las reglas como es el que hoy describimos. 

El Periodo de Gobernadores abarca desde el inicio de la invasión hasta la proclamación de Abderraman I como emir de Al Andalus, desde el año 92 al 138 de la Hégira.

Y situados en el año 110 H tenemos como califa de Damasco a Hisan ben Abdelmelik. Y Gobernadores en Al Andalus tenemos a tres en ese año:

 

Yahya ben Salama al-Kalbi.

Hudayfa ben al-Ahwas al-Qaysi

Utman ben Abi Nis´a al-Jat´ami


Según Ramírez de las Casas Deza, del primero fue pedida su destitución por los jeques debido a su severidad. El segundo no pudo permanecer en su destino y dio el mando interinamente al tercero, llamado Mumuza por los cristianos y que por agravios o celos fue derribado del gobierno.

Como adornos podemos destacar:

-         Gráfilas de puntos en ambas caras

-         Escritura en las orlas de ambas caras; en este caso con líneas formando un cuadrado con lo que se facilita la escritura

-         En el centro del anverso tenemos una estrella encima de una columna horizontal, que puede considerarse una variante al no ajustarse a las descritas en los catálogos actuales. 

Y lo que para mí es más significativo es el hecho de que las primeras monedas españolas con fecha son de finales del siglo XVI (1590 aprox.) con Felipe II, y aquí tenemos una del siglo de principios del siglo VIII (año 728-9 dC)

Nunca dejaremos de apreciar el hecho de que la mayoría de las monedas hispanomusulmanas (a excepción de la mayoría de los feluses) tengan incorporada la fecha. Ello nos permite situarlas exactamente en su contexto histórico.

Y ahora podemos deleitarnos con una de la primera fase de la estancia musulmana en la península, es decir, de las más antiguas.

El año 110 de la Hégira corresponde al 728-9 de la Era Cristiana

Para hacernos una idea de esa fecha os diré que esta mañana he estado en la misa de la Catedral y a la salida lo he pensado. Cuando se acuña este felús no se había construido la Mezquita. Lo que había en ese momento era la Iglesia de San Vicente, derribada por los musulmanes. Se comenzó su construcción en el 169 de la Hégira, por lo que tendrían que pasar 59 años para ello.

Juan Manuel López Márquez

miércoles, 5 de agosto de 2020

LA PUERTA DEL PERDÓN

Hoy vamos a hablar de la Puerta del Perdón.
¿La Puerta del Perdón de dónde?
Porque es una puerta muy habitual en las fachadas de las catedrales de España: Toledo, Sevilla, Santiago de Compostela, Burgos o Santander tienen una puerta en sus fachadas denominada Puerta del Perdón.
Hoy vamos a hablar de la de la Catedral de Córdoba.


Cuando visitamos la Mezquita-Catedral de Córdoba entramos posiblemente por esta puerta que es la más importante de entrada al monumento. Y lo hacemos pasando directamente al patio y a continuación al edificio sin ser conscientes de la importancia de la puerta que estamos atravesando.

Esta puerta fue construida por Abderramán III cuando amplía el patio derribando el alminar primitivo y la denominada Puerta del Alminar.
Abderramán III amplió el patio y construyó un muevo alminar a la vez que reforzó la fachada norte del edificio para contener las fuerzas de las naves que lo estaban deteriorando.
El derribo del alminar se realizó en el 339-40 de la Hégira (951-2 dC) y la reforma de la fachada del oratorio en 346-7 H (958 dC) por lo que la construcción de la puerta se tuvo que realizar entre esos años.

Abderraman III, dirham del 340 H, Medina Azahara
Peso: 2'84; diámetro: 23'23 mm

Os presento un dirham de esos años en que se construyó la puerta primitiva. Todas las monedas musulmanas de esos años estaban acuñadas en Medina Azahara. Los dirhames de ese año 340 H no son de los más abundantes; no obstante en este que os presento lo que realmente es significativo es la combinación de gráfilas con el adorno de la estrella, no habitual ese año y no descrito en la bibliografía específica.

La primera reforma de la Puerta del Perdón se realiza siendo rey de Castilla Enrique II en el año 1377 dC. Este es uno de los elementos más curiosos de la puerta; en toda la bibliografía consultada se habla de ese año. Pero eso no es lo que está escrito alrededor del arco que por otra parte es el único dato histórico que hay. Pone esto:

“…DEL MES DE MARCO DE LA ERA DE CESAR DE MILL QUATROCIENTOS ET QUINCE AN/NOS RREINA(N)TE EL MUY ALTO Y PODEROSO DON ENRIQUE…”

Aquí tenemos un tropiezo: ¿Cómo es que no coinciden las dos fechas, 1377 y 1415?
Pues es lo mismo sólo que son dos eras distintas. Cuando se habla del 1415, ya lo dice el mismo escrito, se refiere a la “ERA DE CESAR”. Para que nos entendamos, es la Era Safar.

¿Qué es la Era Safar?
Durante la Edad Media en los territorios cristianos españoles se utiliza la Era Safar. Consiste esta era en marcar el año 1 como la declaración de Hispania como provincia tributaria romana; cuando comienza a pagar tributos a Roma. Ese momento coincide con la terminación de las guerras civiles peninsulares, allá por el Segundo Triunvirato. Y eso ocurrió en el año 38 antes de Cristo. Si sumamos 1377 con 38 ya tenemos 1415.
La Era Safar fue utilizada también en los territorios musulmanes por los mozárabes, y se le conoce igualmente por Era del César, de Augusto, Gótica o Hispánica.
Es decir, que el año 1415 DE LA ERA DE CESAR equivale al 1377 después de Cristo.
Hay monedas españolas con la fecha en la Era Safar; son de Alfonso VIII y acuñadas en Toledo. Algún día hablaremos de ellas.


Enrique II, real de ½ maravedí
Peso: 2´4 gramos; diámetro: 25´2 mm.

Se hace alusión en el escrito de la puerta a Enrique II, y como las monedas cristianas medievales no tienen fecha cualquiera de este rey nos puede servir. Reinó desde 1369 a 1379.
Una limpieza nos ofrecería más datos en esta moneda pero no pienso hacerla; me gusta así.

La puerta es reformada por Sebastián Vidal en el año 1650, que ya en 1631 había sido nombrado maestro mayor de la Catedral.
La moneda que os ofrezco es de 1652 y está muy baja de acuñación. Reinaba por entonces Felipe IV.

Felipe IV, patagón de la ceca de Amberes del 1652
Peso: 27´8 gr, diámetro: 41-43 mm

Anverso: " (ceca) . PHIL .  IIII . D . G .HISP . ET . INDIAR . REX . " "1652"
Reverso: ". ARCHID . AVST . DVX . BVRG . BRAB . Zc"


Del año 1739 son las hojas de las puertas. Están cubiertas con láminas exagonales de bronce con tres inscripciones: En algunos de esos exágonos horizontales se lee:

Reinaba ya el Borbón Felipe V, del que aprovecho para presentaros este escudo de un año antes del arreglo:

Felipe V, escudo de 1738 de la ceca de Sevilla
Peso: 3,36 gr, Diámetro: 17,3 mm, Ley: 22 quilates


Los comentarios sobre este escudo son dos: El primero es la denominación popular que recibieron este tipo de monedas, peluconas, por la nueva moda importada de Francia. Y el segundo es la altísima ley, 22 quilates, cuando hoy día en joyería no se aplican más de 18 quilates (75 % de oro).

Juan Manuel López Márquez

sábado, 2 de mayo de 2020

MODELOS

Claudia Schiffer
Coincidió mi juventud con la eclosión de las top models. Aquellas muchachas de proporciones perfectas y rostro angelical, además de ocupar los últimos pensamientos del día de los zagales de mi generación (no los de un servidor, que sólo pensaba en ganar el Premio Nobel de Literatura), posaban para los más afamados fotógrafos y aparecían en las portadas de las revistas de mayor difusión mundial vistiendo lo mejor de los diseñadores de moda, Valentino, Lagerfeld…, y ganaban fortunas como para permitirles una vida a lujo a ellas y a sus hijos y nietos. Ilustres sucesoras no han conseguido eclipsar sus nombres: Claudia Schiffer, Naomi Campbel, Cindy Crawford…

No siempre fue así. Hace tiempo que cuando visito un museo me detengo ante determinadas pinturas de retratos femeninos para pensar no en el personaje representado, sino en la vida de la mujer que sirvió de modelo al artista a cambio de unas monedas con las que se pudo permitir llevar comida a casa y continuar con su vida anónima. Son esas mujeres las que observan desde su piel de óleo cómo las manadas de turistas van contando las salas que les quedan para terminar la visita y poder sentarse a tomar un café o quitarse los zapatos. Me pregunto qué pensarán cuando oyen que no las llaman por su nombre, sino por el de personajes bíblicos, del santoral o mitológicos.

En algunas ocasiones he podido captar la belleza interior que pretendía transmitir el artista, y confieso me he llegado a obsesionar de tal manera que he rastreado la posibilidad de que esa joven no sea anónima, que tenga un nombre y una vida para hacerla aún más real. Y cuando no lo ha sido, he tratado de acercarme a la época y al lugar en el que pudo discurrir su vida, para imaginarme cómo sería su casa, cuál sería su ocupación, cómo vestiría…

Santa Catalina de Alejandría
Comencé a interesarme por ellas a través de una de mis pasiones,  Caravaggio. Su primera etapa artística corresponde a su estancia en Roma, a caballo entre los siglos XVI y XVII. Pese a que casi siempre contó con el favor de personajes ilustres del clero romano, nunca dejó de rodearse de gentes de mal vivir, de jugadores de dados, espadachines aventureros, crápulas y cómo no, cortesanas. Precisamente de entre éstas eligió a sus modelos para las pinturas en las que se había de representar a personajes bíblicos femeninos o santas. Ese realismo indecoroso escandalizó a la sociedad de su época, no sólo porque estaban acostumbrados a observar a tales personajes de un modo más idealizado, sino sobre todo porque sabían de la falta de ejemplaridad moral de las modelos que pretendían representar, ora a Judith, ora a la Magdalena, ora a Santa Catalina de Alejandría.

Precisamente a esta última vino a retratar Michelangelo Merisi da Caravaggio contando con una de sus principales musas, Fillide Melandroni.

De procedencia aristocrática y familia venida a menos, Fillide tuvo que trasladarse de su ciudad natal, Siena, a Roma, donde tras fallecer su padre y después su madre hubo de buscarse la vida a la temprana edad de trece años. Ello la llevó a entrar en el mundo de la prostitución, siendo frecuentada por soldados, proxenetas y calaveras. Nunca renunció, quizás debido a sus orígenes, a alcanzar un más alto estatus dentro de la profesión más antigua del mundo. Al parecer, su educación y buenos modales le permitieron entrar como cortesana en los círculos de la aristocracia romana, y a pesar de diversos incidentes, alcanzar cierta posición acomodada, convirtiéndose en benefactora de diversas fundaciones caritativas y parroquias, a las que se sabe que dejó parte de su herencia.

Judith y Holofernes
En Judith y Holofernes aparece Fillide con un lenguaje corporal aparentemente contradictorio. Sus brazos se alargan y su torso se inclina ligeramente hacia atrás, como intentando alejarse de su víctima. Sin embargo su rostro, sus cejas fruncidas, muestran una inequívoca convicción homicida.

No menos apasionante resulta la historia de nuestra siguiente modelo, Simonetta Vespucci. De nacimiento Simonetta Cattaneo, adquirió aquel apellido al contraer matrimonio con Marco Vespucci, primo de quien con el tiempo acabaría dando nombre a un nuevo continente.

Simonetta Vespucci
Casó Simonetta a la temprana edad de dieciséis años, instalándose en la bella Florencia. Era entonces la época de esplendor de la familia Médici, uno de los cuales, Juliano, no ocultó su atracción por ella y se hizo pintar en su escudo a la diosa Minerva con la cara de Simonetta. No sólo Juliano quedó impresionado por su belleza. Artistas, como Guirlandaio y Piero di Cosimo la escogieron como modelo en algunas de sus pinturas. Pero fue Boticelli quien la hizo inmortal al retratarla en varias de sus obras maestras, como El Nacimiento de Venus, La Primavera, o Venus y Marte, convirtiéndola en el más perfecto prototipo de la concepción renacentista de la belleza femenina.

Detalle de Marte
y Venus
Falleció la bella Simonetta Vepucci de tuberculosis a la edad de veintitrés años, dejando a muchos hombres desolados, sobre todo a Boticelli, para quien fue un amor platónico. Simonetta fue enterrada en la iglesia de Ognisanti, en Florencia. Boticelli, que siguió usándola muchos años como modelo, consiguió tras su muerte lo que no había podido conseguir en vida, siendo enterrado, por deseo propio, en la misma iglesia de Ognisanti, al pie del sepulcro de su amada, donde continúan ambos más de 500 años después.

La Joven de la Perla
Como decía al principio, otras modelos no han tenido la suerte de ser conocidas, ni tan siquiera su nombre, pese a aparecer en obras maestras de la pintura. Es el caso por poner un ejemplo de la Joven de la Perla. Pocos detalles biográficos conocemos del autor del retrato, Vermeer, poco más que la época y el lugar en el que vivió, la encantadora ciudad holandesa de Delft. Menos sabemos por tanto de su modelo, supuestamente una criada a la que dio vida Scarlett Johansson en una película del mismo nombre del cuadro.


La Chiquita Piconera
No podemos terminar sin referirnos a un ejemplo más cercano a nosotros, en lugar y tiempo: María Teresa López González, quien posó para nuestro pintor más universal, en el conocido La Chiquita Piconera. María Teresa nació en Buenos Aires, Argentina, si bien su familia, cordobesa, regresó siendo ella aún niña y se instaló en el barrio de San Pedro, cerca de donde el pintor tenía su estudio en la Plaza del Potro. Terminó sus días en una residencia en Palma del Río, y falleció en 2003. Mientras que su vida transcurría casi en el anonimato, cosiendo y cocinando para familias pudientes, su mirada de lolita cordobesa pasaba de mano en mano, de cartera en cartera, en el reverso de los billetes de 100 pesetas.  Fue la Chiquita Piconera el vivo ejemplo de la disparidad entre la fama adquirida por su imagen, encarnación perfecta del retrato físico y anímico de la mujer cordobesa,  y el desconocimiento hacia su persona.

Manuel del Rey Alamillo

sábado, 25 de abril de 2020

LA CÓRDOBA ILUSTRE Y DESCONOCIDA: JUAN DE ALFARO Y GÁMEZ

            Si hablamos de pintura cordobesa en el siglo XVII, hablaríamos principalmente de dos autores: Antonio del Castillo y Acisclo Antonio Palomino. Pero nos dejaríamos atrás a uno de los pintores cordobeses que mayor fama alcanzó. Estoy hablando del insigne Juan de Alfaro y Gámez, nuestro tercer ilustre personaje de La Córdoba ilustre y desconocida. ¡Comencemos! 

            Nuestro personaje Juan de Alfaro y Gámez nace, en Córdoba, el 16 de marzo de 1643. Hijo del hidalgo don Francisco de Alfaro, boticario natural de Córdoba, y de doña Melchora de los Reyes Ruiz de Mellado y Gámez. Fue bautizado al día siguiente en la iglesia parroquial de San Pedro y tuvo como padrino a Gonzalo de Cárdenas.

Retrato de Diego Velázquez reposando
 en el catafalco de la capilla ardiente,
realizado por Juan Alfaro
            Formado inicialmente en su ciudad natal en el taller de Antonio del Castillo Saavedra, se marchó siendo joven, a Madrid y, con las suficientes cartas de recomendación para poder entrar, se incorporó en el taller de Diego Velázquez, cuyo estilo le influyó de manera notablemente sobre todo en los retratos. Allí, entró en contacto con la pintura veneciana y flamenca, a través de las Colecciones Reales. De su relación con Velázquez, queda un singular testimonio: un bello dibujo de Velázquez muerto, luciendo el hábito de la Orden de Santiago, que Juan de Alfaro hubo de esbozar en la capilla ardiente del pintor sevillano. Este dibujo se guarda en París, en la Fondation Custodia (colección de Frits Lugt).

            Vivió tanto en Córdoba como Madrid, alternando la residencia en ambas ciudades a lo largo de su vida. Se casó en 1666 en la parroquia cordobesa de Santo Domingo de Silos con Isabel de Heredia, enviudando prontamente sin descendencia de este matrimonio. En segundas nupcias, de nuevo en Córdoba, casó en 1679 con Manuela de Navas, hija de Alonso de Gaete, de quien tuvo un hijo: Alfonso.

            Entre sus obras hubo numerosos retratos de personajes de la nobleza como los de Don Bernabé Ochoa de Chinchetru, caballero de la Orden de Santiago, fechado en 1661 y actualmente en el Museo de Bellas Artes de Córdoba; el retrato de D. Pedro Calderón de 1a Barca, realizado entre 1668 y 1675 y actualmente en la Biblioteca Nacional de Madrid; el retrato de una dama del Museo de Bellas Artes de Córdoba, realizado entre 1667 y 1678;  Retrato de la señora doña Isabel Díaz de Morales Muñiz de Godoy y Aguayo, realizado en 1675 y actualmente en el Museo de Bellas Artes de Bilbao; algunos otros retratos de la familia de don Juan Morales, caballero veinticuatro de la ciudad de Córdoba; el retrato de Don Luis Fernández de Córdoba, Marqués del Carpio, realizado en 1675 y actualmente en el Convento de Santa Ana de Córdoba; etcétera, etcétera, etcétera.



            Aunque desarrolla casi toda su actividad en la Corte, bajo el mecenazgo de Pedro de Arce, caballero de Santiago, y Juan Gaspar Enríquez de Cabrera, almirante de Castilla, ello no impide que realice un número importante de obras para Córdoba. En uno de sus regresos a su ciudad natal coincide con el momento en que los franciscanos de San Pedro el Real deciden decorar el claustro de su convento con la vida de San Francisco; atraídos por la fama y el prestigio que tenía el joven maestro, le encargan gran parte de los lienzos. Este encargo motiva una de las anécdotas más conocidas de la pintura cordobesa que refleja el carácter dispar de dos de los pintores cordobeses más famosos de su tiempo. Comenta Palomino, que Alfaro firmó todos sus cuadros poniendo “Alfaro pinxit”, hecho que hizo que Antonio del Castillo, dolido por las pretensiones del discípulo y a quien se le había encargado un lienzo sobre el bautismo de San Francisco, firmara su obra con “Non pinxit Alfaro”. Desgraciadamente, los lienzos que realizó Juan de Alfaro para el claustro han desaparecido. Sólo se conserva El Nacimiento de San Francisco, hoy en el Museo de Bellas Artes de Córdoba.

El Nacimiento de San Francisco de Juan de Alfaro
Bautismo de San Francisco de Antonio del Castillo
            También destacables son las obras que realizó para la Santa Iglesia Catedral de Córdoba. Nos encontramos, entre otras, un retrato de Fray Alonso de Salizanes, Obispo de Córdoba, en la Sala Capitular; las pinturas del Monumento del Jueves Santo, realizadas en 1680, que se conservan actualmente entre la Catedral, la iglesia parroquial de Peñarroya-Pueblo Nuevo y la casa sacerdotal de Córdoba; la Anunciación del trascoro de la capilla mayor de la Catedral; y las pinturas murales de la Capilla de Nuestra Señora de la Concepción o del Obispo Salizanes de la Catedral de Córdoba, comenzado el proyecto en 1679, y celebrándose su inauguración el 2 de diciembre de 1682. La antecapilla se cubre con una media naranja, en la que se representa una gloria presidida por el Espíritu Santo en torno al cual se mueven angelotes que sostienen en sus manos símbolos marianos. En las esquinas, los cuatro Evangelistas. Las paredes con ventanas fueron revestidas igualmente con pinturas y fondos arquitectónicos. En ellos aparecen San Francisco de Asís y San Antonio de Padua.



            Además de las obras religiosas anteriormente comentadas, realizó el Bautismo de Jesús para el Santuario de Santa María de Linares, en 1662; la Anunciación del convento de carmelitas descalzos de San José o San Cayetano, realizado entre 1675 y 1680, y donada al Convento por Don Francisco Antonio Bañuelos y Murillo, canónigo quien también regaló la imagen de Ntro. Padre Jesús Caido; el David conduciendo en triunfo la cabeza de Gollat del convento de San Jerónimo de Valparaíso; una Anunciación de un coleccionista privado; la Asunción, realizada en 1668, del Museo del Prado y depositada, actualmente, en la iglesia de San Jerónimo el Real de Madrid; la Última Cena del Convento de las Mercedarias de la Purísima Concepción de Madrid...





            También, le fue encargada la Galería de Retratos de los Obispos de Córdoba, de la que realizó dieciocho retratos, desde el retrato del obispo Leopoldo de Austria hasta el del obispo Salizanes.

            Ya en paradero desconocido podemos citar, entre muchas otras, el Retablo de la Plaza de la Almagra de Córdoba, realizado en 1675 y desmontado en 1841; y la Encarnación del Verbo Divino del Oratorio de Carmelitas Descalzas de Córdoba, realizado entre 1662 y 1668.

            Además de su obra como pintor, destaca también por haber recuperado manuscritos de Pablo de Céspedes y escribir una biografía sobre él que sirvió a Antonio Palomino, protegido de nuestro querido personaje, de base para la que incluyen en su obra Vidas. También escribió sobre Gaspar Becerra y el propio Velázquez, pero por desgracia el manuscrito de Alfaro no llegó a publicarse y se perdió.

            Nuestro Juan de Alfaro, también, fue notario del Santo Oficio de la Inquisición. Y en un momento delicado de su vida por verse envuelto en un pleito que consistía, resumidamente, en querer gravar el arte de la pintura, dejó la pintura y se dedicó a la labor de administrador de Rentas Reales.

            Para hablar sobre la muerte de Juan de Alfaro, tenemos que irnos hasta el año 1675. En este año el almirante de Castilla es desterrado a Medina de Rioseco. Alfaro le abandona y regresa de nuevo a Córdoba. A los años, el almirante vuelve de su destierro y, estando dolido por la ingratitud de Alfaro, no le readmite. El disgusto a Alfaro le condujo, según Palomino, a un estado de postración y melancolía que le causó la muerte. Falleciendo el 7 de diciembre de 1680 en Madrid. La partida de defunción se encontró en la parroquia de los Santos Justo y Pastor; en ella se indica que falleció en la calle de la Cabeza, casas de los Pizarros, enterrándose amortajado con el hábito de San Francisco, en secreto, en la Merced Calzada. Esta partida niega el enterramiento en San Millán que recogiera Palomino.

            Y hasta aquí nuestro recorrido virtual sobre la vida y obra de Juan de Alfaro. ¿Quién será nuestro próximo personaje ilustre y desconocido?

Ángel Luis González Martínez