lunes, 15 de septiembre de 2014

MURALLAS Y PUERTAS DE CÓRDOBA. (ÉPOCA ROMANA)

El objetivo de este trabajo es presentar de forma somera y por entregas, las murallas de Córdoba  sus puertas hechos históricos y leyendas.

En primer lugar, vamos a conocer y describir las murallas romanas, sus puertas, ampliación y amurallamiento, desde la fundación de la Ciudad de Córdoba por el cónsul romano Marco Claudio Marcelo, en el año 152 A.C.

Para la cultura romana, la muralla definía conceptualmente a la ciudad. Su construcción alrededor de cada nueva fundación colonial en los territorios conquistados no respondía exclusivamente a necesidades defensivas. La muralla, no era otra cosa que la materialización de una línea mágica establecida según viejos rituales, que separaban tajantemente la “urbs” (núcleo urbano) del “agger” (territorio). Dentro del “pomerium”, los vivos (fuera los difuntos, las necrópolis) se desarrollaban las actividades políticas, administrativas, judiciales y comerciales o de mercado.; fuera las actividades productivas, fundamentalmente agrarias. El trazado de la cinta muraria condicionaba la estructura urbanística interna, marcada por la situación de las puertas y la orientación de los dos ejes viarios principales; el “decumano” y el “cardo máximos”, en cuya intersección se disponía el foro y a partir de los cuales, también se establecía la retícula callejera ortogonal.

La muralla fundacional, construida a mediados del siglo II A.C. presenta un perímetro de forma poligonal y aproximadamente de 2.650 m. adaptado a la topografía más favorable para la defensa, al aprovechar los escarpes naturales de los flancos oriental y meridional, así como, el curso del arroyo del Moro a Poniente.  

El perímetro de la muralla fundacional, discurría por poniente, desde cerca de la Puerta de Almodóvar, hasta la esquina de Ronda de los Tejares. Por el Norte, desde la esquina de Ronda de los Tejares, siguiendo la avenida y Plaza de Colón, hasta la calle Alfaros. Por el Este, desde la Calle Alfaros hasta la altura aproximada a la cuesta Luján y por el Sur, desde éste lugar pasando por los Altos de Santa Ana, Blanco Belmonte, para enlazar con el paramento Oeste.

En la muralla fundacional se abrieron cuatro puertas orientadas de acuerdo con los puntos cardinales, de las que aún no hay evidencia arqueológica, no obstante, dos de ellas se corresponden con las actuales “Puerta Osario” (al norte) y C/. Blanco Belmonte (al Sur), entre las que discurre “el cardo máximus”. Las otras dos se corresponden con la “Puerta Gallegos” (al oeste) y la “puerta de Roma” (al este) situada aproximadamente en la zona de la plaza del Salvador (Compañía).

PALACIO IMPERIAL DE
 MAXIMINIANO HERCÚLEO

Los muros paralelos de la Muralla
 de Corduba
Físicamente, la muralla consta de un paramento realizado con grandes sillares almohadillados conformando un aparejo de “opus quadratum” que se distribuye en hiladas alternas a soga y tizón. El ancho de la cimentación alcanza los dos metros, mientras que en alzado se reduce  a 1,10 o 1,20. Al interior y distanciado unos 6 / 7 metros, se dispuso de un segundo muro paralelo y perimetral, más estrecho y bajo, para contener un terraplén o “agger”. El espacio entre ambos paramentos se colmató con un relleno de arcillas compactadas con cantos de río, en la que se alternan capas de picadura de sillar con otros paquetes arcillosos, lo que nos indica que los sillares se labraron a pie de obra.

Su militancia en el bando de Pompeyo, la llevó a la casi destrucción una vez las tropas de Cesar vencieran en la guerra civil romana- guerra de Munda—Aún así mantuvo sus privilegio, su importancia militar en la zona recomendaban que se asentase como una gran ciudad. La disminución demográfica, como consecuencia de la guerra, fue suficiente para eliminar a los opositores de Cesar.

Con las reformas administrativas de Augusto, “Corduba”, se convirtió en la capital de la provincia Bética- “Colonia Patricia  Augustea”-. Este hecho llevó a que la ciudad creciese y se creasen todos los servicios de una gran urbe, lo que provocó una gran ampliación urbana. Se extendieron las murallas, como se observa en el plano, hasta el Guadalquivir por el sur y los lienzos este y oeste avanzaron hasta el río. La Vía Augusta que pasaba por la ciudad, pasó a ser  ”Decumanus Máximo” y se construyó un gran puente sobre el Guadalquivir para el acceso a la ciudad, originalmente con 17 arcos, en la actualidad nos quedan 16, de los cuales solo el 14 y 15 mantienen su forma y fábrica original, los demás fueron modificados en varias ocasiones.

Muy poco se conoce respecto a las torres. La única trabada a la muralla fundacional se encuentra en el lienzo Norte (Plaza de Colón 8) y es de planta semicircular de 7 metros de diámetro. Otra torre, esta vez cuadrada y localizada en esta ocasión en Ronda de los Tejares 13, se viene fechando entre el 50 y 45 A.C., momento en el que las tropas de César asedian y conquistan la ciudad. 

Sobre la retícula urbanística se determinaron foros con barrios- vicus- asociados, concretamente en Corduba podemos distinguir los vicus Augustus, Forensis, Hispanus, Patricia y Canteris. También se crearon zonas residenciales fuera del recinto amurallado, bien para la alta sociedad como el pagus Augustus o para el pueblo llano como la Secunda Romana.

Socialmente, la ciudad también experimentó un gran auge, se crearon escuelas, centros de adoración, un nuevo foro… todo ello influyó para que grandes políticos y filósofos de Roma fuesen originarios de Corduba.


Glosario:
Agger: Término romano que significa, Terraplén rampa o parapeto
Cardo Máximo: Denota una calle con orientación norte-sur en un campamento militar o colonia
Decumano:  Indica una calle con  orientación este-oeste tanto en una ciudad romana
Oppidum:  Un oppidum (en plural oppida) es un término genérico en latín que designa un lugar elevado, una colina o meseta, cuyas defensas naturales se han visto reforzadas por la intervención del hombre.
Opus quadratum: Es un sistema constructivo de la Antigua Roma, en donde sillares de piedra de la misma altura se establecían en hiladas paralelas regulares, a menudo sin el uso de mortero
Pomerium: La presencia de este recinto sagrado, la distingue del oppidum, es decir, la simple ciudad fortificada, desprovista de las prerrogativas religiosas y políticas de la urbe. El recinto, originado a partir de la fundación del centro, acompañada por ceremonias religiosas mediante las que se trazaba un surco sagrado (pomerium), en torno al cual, se erigían las murallas
Urbs:  Designa propiamente a la ciudad latina por antonomasia


    José Luis Arjona Lara

jueves, 11 de septiembre de 2014

LA CIUDAD DE LOS RECUERDOS

Con este nombre se da a conocer la primera ruta por el Cementerio de Nuestra Señora de la Salud de nuestra capital. Dicha ruta comprende aproximadamente 150 años de historia del Cementerio y de Córdoba.

Es un recorrido a lo largo de los siglos XIX y XX, a través de la memoria del cementerio de sus obras de arte, de su arquitectura y de sus personajes ilustres en todos los ámbitos sociales. Un recorrido, de aproximadamente
55 minutos, a través de “La Ciudad de los Recuerdos”.

Dicha Ruta esta encuadrada dentro de la “Ruta Europea de Cementerios”, propuesta por la Asociación de Cementerios Significativos de Europa.

Pero antes de pasar a hablar de “La Ciudad de los Recuerdos”, me gustaría hacer un poco de historia.

Cementerio de la Salud:
Su construcción se planteó por primera vez en 1804, con motivo de una epidemia de fiebre amarilla; sin embargo, la carencia de medios económicos y la regresión de la epidemia hicieron desistir a las autoridades de seguir con el intento. La construcción del cementerio fue en cumplimento del Decreto dictado en Madrid por José I Bonaparte de fecha 4 de Marzo de 1809. Dichas obras comenzaron el 29 de Octubre de 1810 y finalizaron el 8 de Junio de 1811, importando los gastos 51.233 reales con 27 maravedises.
Tras pasar por diversas vicisitudes, provocadas por los vaivenes políticos acaecidos durante el reinado de Fernando VII, se consolidará como uno de los cementerios estables y permanentes de la ciudad a partir de 1833 y será, por tanto, a partir de este año cuando se iniciaron los entierros en el camposanto y se abandonaron las inhumaciones dentro de los recintos de las iglesias.
La decisión tomada por las autoridades francesas, durante la ocupación napoleónica del territorio español, sería la que hiciera realidad el cementerio de Nuestra Señora de la Salud que, desde su construcción en 1811, fue ampliándose hasta adoptar su forma final en 1833.
La configuración definitiva de este cementerio tuvo lugar en 1846 con la incorporación de la Ermita de Nuestra Señora de la Salud.
Una vez terminada esta reseña histórica, os hablaré un poco de la ruta La Ciudad del Recuerdo y de otras cosas del Cementerio de la Salud.

La Ruta esta compuesta por 27 enterramientos, donde se encuentran personajes tan ilustres de nuestra historia como:

Juan Antonio Fábreges i Boixar (Barón de Fuente de Quinto)
Los 4 califas del toreo cordobés, a saber, Lagartijo, Guerrita, Machaquito y Manolete
José Cruz Conde
Luis Ramírez de las Casas Deza.
Familia Carbonell

También se visita una muestra de panteones que o bien por su arquitectura o bien por el constructor merecen especial mención como son:

Panteón Familia Barbudo
Panteón de María Victoria de Rascón y Anduaga.
Panteón del Marqués de Cabriñana.
Familia Junguito (Panteón realizado por Mateo Inurria).

En definitiva un largo etcétera de personalidades vinculadas a la historia de nuestra ciudad.

Fuera de la ruta hay enterradas más personalidades de la historia cordobesas, como la familia Alfaros, D. Miguel Salcedo Hierro,

Como curiosidades para aquella persona que se adentre en los muros cabe mencionar que el Cementerio de la Salud dispone de una zona acotada como cementerio musulmán, donde a día de hoy se siguen realizando inhumaciones según sus ritos.

Para aquella persona que este interesada en realizar el recorrido os dejo un enlace donde os podéis descargar el libro que se edito para poder seguir la ruta y conocer mas de la historia de cada enterramiento. 
http://www.cecosam.com/banner/libro-cecosam-ruta-web.pdf?codigo=52

        Rubén David Ramiro

lunes, 8 de septiembre de 2014

DOMINATOR HERCULES FUNDATOR

Resulta un lugar comúnmente frecuentado en numerosas conversaciones la comparación entre una obra literaria y su versión cinematográfica. Como todos somos muy cultos y hemos leído el libro nos apresuramos a dejar claro que preferimos el libro, que por supuesto contiene escenas y reflexiones que no quedan acertadamente recogidas por el filme. A mi modo de ver resultan ociosas tales comparaciones, tratándose de artes distintas, cada una con sus activos y limitaciones. Ahora bien, cosa distinta es que la obra sea fiel o no a su original, en lo cual desde luego las versiones cinematográficas jolibudienses dejan mucho que desear, si bien, en muchas ocasiones, todo hay que decirlo, el resultado es a mejor.

Digo todo esto porque este pasado fin de semana se ha estrenado en los cines la película Hércules, y van a ser ineludibles en los foros eruditos los comentarios sobre la fidelidad o no de su argumento con el mito griego. Particularmente no espero de la película que contenga la belleza y riqueza antropológica del mito. Sin embargo, se trata de un personaje que da mucho juego a la hora de presentar escenas de lucha espectaculares, que provocarán que los primitos, a la salida del cine pretendan emularlas y se escalabren unos a otros.

Pero sí me da pie a escribir sobre una vinculación de origen poco conocido, que es la de Hércules con nuestra región, Andalucía. No me extrañaría que más de uno ignore hasta la fecha que el personaje que aparece en nuestro escudo es Hércules, ataviado con una piel de león, rodeado de dos leones, bajo dos columnas que sujetan un arco de medio punto,  con la leyenda Dominator Hércules Fundator. Voy a tratar de explicar el motivo de dicha presencia.

Hércules, Heracles en el original griego, fue el más conocido héroe mitológico de la antigüedad. Se trató de un personaje que estaba destinado a hacer grandes obras desde el mismo momento de su concepción o incluso antes. Zeus, el dios supremo del Olimpo, tuvo conocimiento de que los Gigantes, seres que habían dominado la Tierra antes que los dioses, tenían intención de recuperar dicho dominio, y para evitarlo, tendría que engendrar a un mortal, bien que con cualidades extraordinarias, que le hiciese la faena.


No tardó en encontrar a la mujer que engendraría al héroe, porque Zeus era ya bastante conocido por sus aventuras amorosas y ya le había echado el ojo a la bella Alcmena, que estaba prometida a Anfitrión. Y como dios que era, tenía recursos más que suficientes para acceder al vientre de la hermosa mujer. Alcmena había prometido a Anfitrión que podría casarse con él en cuanto vengase la muerte de sus hermanos, que habían sido asesinados por un grupo de ladrones de ganado. Estando Anfitrión en ello, se presentó Zeus una noche en casa de Alcmena, si bien encarnado en la figura de Anfitrión. Informó a Alcmena de que había encontrado y matado a los asesinos de sus hermanos, y acto seguido ella se le entregó en una noche de amor que duró lo que duran dos noches y un día. No es que les diese esa impresión subjetiva, es que Zeus, muy pillo él, para prolongar el episodio había ordenado al Sol que no saliese al día siguiente, con lo que la noche duró treinta y seis horas, tiempo suficiente para satisfacer todas sus fantasías sexuales con Alcmena.

Zeus se largó con un cigarrillo en la boca, derecho al Olimpo, su casa, para darse una ducha y tumbarse en el sofá a ver las carreras de cuadrigas, que las echaban en el Plus. Ya tendría tiempo al día siguiente de contárselo todo con pelos y señales a sus amigotes Apolo y Hermes. Más o menos lo que hacemos todos los hombres en estas ocasiones. Y lo mejor es que como se había presentado con la figura de Anfitrión, podía estar tranquilo de que Alcmena no le iba a llamar para tomar café y hablarlo.

Os preguntaréis qué pasó cuando llegó Anfitrión, el verdadero Anfitrión, a casa de Alcmena y le contó la misma historia de que había matado a los asesinos de sus hermanos. Pues se ve que Alcmena debía haber ansiado el momento durante mucho tiempo, porque si bien algo extrañada, finalmente le dijo: “Anda bicho, desde luego, es que no tienes hartura, venga, vamos otra vez al catre campeón”. No obstante, a Anfitrión le pareció extraña la actitud de su novia, así que después de todo aquello se fue a ver a un oráculo que le informó de toda la verdad, y desde entonces no volvió a yacer con ella.

Cuando Hera, la esposa de Zeus, se enteró de lo sucedido se pilló un cabreo de narices. Lo peor es que su marido era reincidente, y ella estaba harta de aguantar las burlas de las otras diosas. Para intentar calmarla, Zeus, el muy cachondo, lo dijo que el niño venía al mundo con una misión especial, y que además le iba a poner un nombre que le iba a gustar: Heracles, que significa “en honor de Hera”. A la diosa, como es lógico, no le satisfizo la explicación. Encima cachondeíto, poniéndole mi nombre al niño. Este se va a enterar. Lo que menos le agradaba es que para esa misión especial se hubiese buscado no a una mujer virtuosa, sino a la más maciza. Lo malo de las venganzas de Hera es que como no podía hacer nada contra su esposo, porque era el rey de los dioses, la tomaba con sus amantes y sus vástagos ilegítimos haciéndoles la vida imposible.

Alcmena dio a luz a unos gemelos, Heracles e Ificles. Sólo uno de ellos, Heracles, era hijo de Zeus, y el otro lo era de Anfitrión. Que cómo supieron quién era cada uno? Pues resulta que Hera, decidida  a acabar con el pequeño, mandó dos serpientes a su cunita. Cuando Anfitrión y Alcmena fueron a la habitación de los niños se encontraron a uno de ellos agarrando a dos ofidios exangües uno con cada mano. Desde entonces no tuvieron duda alguna de quién de los dos era Heracles.

Por supuesto que Heracles cumplió con la misión para la que había nacido, la de acabar con los Gigantes que amenazaban el dominio de los dioses sobre la Tierra. Gracias a él existe la mitología tal y como la conocemos, además de muchas otras cosas, ya que de lo contrario ahora estaríamos gobernados por una especie de dinosaurios y posiblemente no tendríamos fútbol ni feria de Sevilla.

Pero además de lo anterior, Heracles fue conocido por muchas otras aventuras y vicisitudes que sufrió a lo largo de su vida, siendo la más conocida de todas la de sus Doce Trabajos.

Resulta que Heracles, de origen le viene al galgo, tampoco hacía ascos a las mozas de buen ver. En uno de sus viajes, pasando por la ciudad de Tebas, liberó a sus habitantes de los recaudadores de impuestos que les tenían agobiados, cortándoles sus narices y orejas. Veis que Heracles era un liberal muy de derechas. El rey de Tebas, que también estaba obligado a pagar los impuestos, cuando se vio liberado de tan pesada carga, en gratitud hacia Heracles le ofreció a su hermosa hija, Megara (que en la película es Irina Shayk; me pregunto si la ofrecería también Cristiano Ronaldo a quien le liberase de pagar impuestos).


Heracles se casó con ella y sentó la cabeza, fueron muy felices y tuvieron tres hijos. Pero he aquí que la celosa Hera, que no había olvidado la afrenta, se enteró de su paradero y mandó sobre él una especie de locura, que le hizo confundir a su esposa y a sus hijos con una leona y unas hienas que amenazaban a su estirpe, por lo que sin miramientos los mató. Cuando se dio cuenta de lo que había hecho se sintió culpable y fue a ver al oráculo de Delfos (que era una especie de confesionario), y éste le dijo que para expiar su culpa tendría que ir a ver al rey más cobarde y tonto del mundo, un tal Euristeo, y humillarse poniéndose a su servicio.

Y fue Euristeo quien le impuso sus doce trabajos, que en un principio eran diez, pero dos de ellos le fueron suspendidos injustamente por haberlos acometido vulnerando las reglas.

En el primero de los trabajos, Heracles fue enviado a acabar con el león de Nemea. Cuando lo mató, le siguió dando golpes con un garrote hasta que su piel quedó curtida y se la echó por encima. De ahí que en nuestro escudo aparezca ataviado de esa guisa.

Quizás el trabajo más conocido sea el de la limpieza de los establos del rey Augías. Euristeo se dio cuenta de que Heracles era invencible en cuanto a fuerza y valentía, que no había criatura viviente que pudiera con él. Así que después de pensarlo durante varios días tuvo una idea. Hay una sensación que va más allá del miedo, que puede dar lugar al pánico, que es el asco. Pensad en la fobia que causan a algunas personas los reptiles, las arañas, las cucarachas o desde luego los cadáveres en descomposición. Pues resulta que Euristeo pensó que Heracles podía ser presa de la misma sensación, que podía ser paralizante, si lo mandaba a limpiar los establos del rey Augías, que eran famosos por no haber sido nunca limpiados, y que debido a la suciedad que habían acumulado desprendían un hedor insoportable a muchos kilómetros a la redonda. En esta ocasión Heracles recurrió a la astucia y consiguió dejarlos relucientes desviando el curso de un río.

En lo que se refiere al título de este escrito nos tendremos que ir al décimo trabajo, aquél en el que Euristeo le ordenó traerle los bueyes de Gerión. Estos bueyes eran unos retintos de espectaculares solomillos de los que vemos pastando plácidamente bajo los enormes molinos de viento al pasar por Tarifa o Vejer. En concreto, el ganado de Gerión estaba en una isla en la zona de Cádiz llamada Eritia, posiblemente la isla de León, en San Fernando. Al pasar por lo que hoy es el estrecho de Gibraltar, camino de San Fernando, se encontró con que en esa época el Atlántico y el Mediterráneo se encontraban separados por una franja de tierra, o lo que es lo mismo Europa y África estaban unidas por dicha franja. A nuestro héroe no le pareció práctico para la navegación y el comercio, y mucho menos para el control de la inmigración ilegal, por lo que de un par de tajos acabó con la franja de tierra, uniendo así los dos mares y amontonando los escombros a ambos lados del estrecho, en lo que se conocen como las Columnas de Hércules, el Peñón de Gibraltar y el Monte Hacho.

Naturalmente, como era de esperar, Heracles mató a Gerión y se quedó con sus vacas y las llevó a Euristeo. Por eso, cuando a vuestro paso por Vejer caigáis en la tentación de engullir un chuletón de retinto, además de invitarme, acordaos de que el bicho que os estáis comiendo es pariente de aquellos que viajaron con Hércules hasta el reino de Euristeo en la Hélade.

No fue esta la única vez que Heracles visitó nuestra tierra, puesto que en el siguiente trabajo se le encomendó traer las manzanas del Jardín de las Hespérides, situado en la Península Ibérica, para lo cual engañó al Titán Atlas, que desde la cordillera del mismo nombre, en el norte de África, había sido condenado a sujetar el firmamento. No estaba mal esta mercancía, puesto que las famosas manzanas de las Hespérides eran el alimento que confería la inmortalidad a los dioses, por lo que Heracles, en un ejercicio de responsabilidad social, una vez las hubo presentado al rey Euristeo, las devolvió a su lugar, ya que hubiese sido temerario que a un tonto, que además de ser tonto, es rey, se le concediese la inmortalidad para desdicha absoluta de sus súbditos.

Cuando Blas Infante se puso a pensar un escudo para Andalucía, copiando el escudo de Cádiz y cogiendo la mitología por los pelos, hizo protagonista del mismo a Hércules, atribuyéndole nada más y nada menos que la fundación de Andalucía y no sé si incluso precursor del flamenco y antepasado de Camarón. Por eso a Hércules, que después de morir resucitó y subió al Olimpo, le salen ronchas cada vez que comprueba lo que han hecho con su Andalucía los politicastros que nos gobiernan.

Y ya no os cuento más sobre Hércules, porque si lo hago os vais a aburrir y vais a perder las ganas de leer algo más sobre este personaje y sus parientes. Ahora, os invito a que vayáis a ver la peli y después de que vuestro niño reciba un mandoble de su primito, a quien se te ha ocurrido llevar al cine y que ha querido imitar al protagonista, me digáis si la peli os gustó más que mi historia.

            Manuel Del Rey Alamillo

lunes, 1 de septiembre de 2014

NOMBRES PROPIOS DE LA CÓRDOBA ROMANA

Desde el Ayuntamiento, teniendo a nuestra derecha el Templo romano, subimos hacia la Plaza de las Tendillas por una calle que en general es conocida como la calle Nueva, pero en realidad es la calle que la ciudad de Córdoba dedica a su fundador, Marco Claudio Marcelo.
Claudio Marcelo fue nieto del gran Claudio Marcelo, el conquistador de Siracusa, a pesar de los inventos de Arquímedes, vencedor de los galos insubres, ganador de los spolia opima, concedidos al que derrotaba y mataba en combate singular al jefe de los enemigos.
El fundador de Córdoba hizo honor a su abuelo, ya que desempeñó el consulado, máximo honor de la carrera política romana, en tres ocasiones. Estuvo en Hispania en campaña y se piensa que fue en el 152 a. C. cuando llevó a cabo la fundación como podemos saber por los autores antiguos:
El geógrafo griego Estrabón nos cuenta: “Las ciudades que más auge han adquirido son Corduba, fundación de Marcelo…, por la fertilidad y amplitud de su campiña, a lo que contribuye en gran medida el río Betis; desde un principio la habitaron gentes escogidas de los romanos y los indígenas, y además fue esta la primera colonia que enviaron a estos lugares los romanos” (III, 2, 1)
El historiador Polibio relata: “Los celtíberos, tras pactar una tregua con Marco Claudio, el general romano, enviaron embajadas a Roma y se mantuvieron en paz, aguardando la respuesta del senado. Marco Claudio, en cambio, salió en campaña contra los lusitanos, (…), luego, invernó en las proximidades de Córdoba” (XXXV, 2)
Los siguientes Marcelos conocidos son tataranietos del fundador de Córdoba, se trata de dos hermanos y un primo, que ocuparon el consulado consecutivamente los años 51, 50 y 49 a. C., y destacaron por ser opositores de César y partidarios de Pompeyo. Precisamente, Córdoba aparece en las guerras civiles romanas, pues favorable a Pompeyo fue arrasada por César tras su victoria en Munda, lo que supone que los restos romanos de Córdoba sean de época imperial y no republicana.
Pero la familia romana relacionada con Córdoba más conocida es la familia Annea, como veremos a continuación.
En el siglo I de nuestra era floreció la familia de los Anneos cordobeses, la familia de Séneca, que se supone quedó casi extinguida en la época de Nerón, en torno a los años 65 y 66, con la muerte de los tres hermanos, Galión, Séneca y Mela, y del poeta Lucano, hijo del último de ellos.
A finales de ese siglo, menciones en poetas como Estacio o Marcial prueban que los hombres de la familia Annea se asociaban automáticamente con la mención de su cuna cordobesa y el río Betis (el Guadalquivir).
El más conocido e importante de esta familia fue Séneca el filósofo, que durante el segundo tercio del siglo I ocupó un primer plano en la vida cultural, social y política de Roma.
Orador y poeta, filósofo y político, Séneca ha legado a la posteridad más de diez mil versos y dos mil quinientas páginas de prosa. En su círculo familiar se identifica con seguridad a sus padres, a su última esposa (quizás única), a su suegro y su cuñado, a un hijo prematuramente muerto, a sus dos hermanos, Galión y Mela, más la esposa y suegro de este último, a sus sobrinos, Lucano (con su esposa) y Novatilla. Por último, también conocemos a una hermana de su madre y su marido.
Casi todos estos personajes son hispanos, concretamente béticos, y, en su mayor parte, cordobeses. La excepción son los Paulinos (la esposa de Séneca y su familia, procedentes de Narbona).
El patriarca de los Anneos históricos, Lucio Anneo Séneca el mayor o el retor, padre del filósofo, nacido hacia la mitad del siglo I antes de Cristo, era un rico caballero cordobés, de cuya ascendencia han discutido los historiadores, esto es, sobre si era hispanus (ascendencia indígena) o hispaniensis (ascendencia itálica). Aunque parece que la familia es de ascendencia itálica, lo cierto es que el nacimiento cordobés de Séneca el mayor está probado por su propio testimonio.
Como hemos visto antes, Córdoba, según el geógrafo griego Estrabón, era la más antigua colonia romana del territorio bético y, como tal asentamiento romano, había sido fundado por Marcelo, que reunió allí, sobre un probable establecimiento indígena, a ciudadanos romanos y a nativos de la región.
A su misma generación pertenece el padre de su mujer Helvia, el abuelo materno del filósofo, por tanto, que algunos identifican con Marco Helvio Novato, un magistrado de Urgavo (Arjona), cuyo cognomen Novato es el mismo con el que se llama al mayor de los hermanos del filósofo y también aparece en la hermana de Lucano.
También a esta generación pertenece Acilio Lucano, suegro del tercero de los hermanos Anneos (Mela) y, en consecuencia, abuelo materno del poeta Lucano, que habría obtenido su cognomen de él. Acilio Lucano era también del orden ecuestre y cordobés. La biografía de su nieto lo llama orator, pero parece que no debió ejercer. Sería uno de esos intelectuales cordobeses de cuya existencia hay noticias desde los días de Cicerón.
La madre del filósofo, Helvia, con un esposo mucho mayor que ella, se encontraba más cerca de sus hijos en aficiones y gustos que de su esposo.
Pasando a la generación siguiente, está representada por los tres hermanos Anneos: el mayor, Anneo Novato, conocido luego por adopción con el nombre de Junio Galión, que tiene en su ciudad natal dedicada a su nombre una callejuela, por el centro, y que es conocido también por su aparición en el capítulo 18 de los Hechos de los Apóstoles, como procónsul de Acaya sobre el año 52. El segundo fue Séneca el filósofo y el más joven fue Mela. Todos nacieron en los años finales del siglo I antes de Cristo o en los inicios del siguiente. Los tres recibieron una educación parecida. Los dos mayores estuvieron ausentes de la Bética durante casi toda su vida, y el tercero también, aunque Mela regresó para casarse con Acilia, la hija de Acilio Lucano. Sin embargo, ninguno rompió el vínculo con su provincia natal.
De la generación siguiente conocemos al joven Lucano y a su hermana. La vida del joven Lucano fue truncada por el emperador Nerón.
De hecho, el triunfo social de los Anneos se dio en los primeros años de este emperador y su trágico final se produjo en los últimos.
Gracias a todos estos personajes, Córdoba entró en la historia.

Manuel Millán Gómez