lunes, 23 de febrero de 2015

SIEMPRE MI ESPERANZA

(Dedicado a los que esperan ....y luchan)


La alegría viaja en un tren
que nunca para  en mi estación.
Su veloz marcha lo hace inalcanzable.
Y
los bancos de la estación llenos de almas en larga  espera.
Allí acudo con mi esperanza,
pues hay otra vida que retornar quiere desde
negras profundidades y
que silencie la  voz lastimera de la tristeza.
Males de la vida,
asesinos de  ilusiones,
quién os ha llamado ?.

Que no haya camino para el mal
ni cielo que cubra tal
crueldad,
pero ... si la hay,
ahí seguiré,
sentado en los bancos de la estación.                           
                                              
                                                           Miguel Ruiz Jiménez
                                                           Diciembre  2014

martes, 17 de febrero de 2015

El entorno del Alcázar Viejo y de los Reyes Cristianos

El pasado 14 de febrero, tal como estaba programado, nuestra asociación realizó una ruta cultural alrededor del Alcázar Viejo y de los Reyes Cristianos conociendo detenidamente algunas de sus fachadas y puertas, el lugar que ocupaba el antiguo cuartel de los ballesteros, Torre de Belén, barrio de San Basilio visitando alguno de sus patios, etc.

Esta visita fue guiada por nuestro amigo y socio Pedro Luis González que contó con la ayuda y compañía de Francisco Olmedo, presidente de la Asociación Cultural Arte, Arqueología e Historia,  y Ana Madueño, secretaria de la Asociación de Vecinos San Basilio.

Este acto cultural finalizó con un almuerzo convivencia en el Restaurante – Taberna CABALLERIZAS donde la Presidenta y la Secretaria de nuestra Asociación hicieron entrega a Pedro Luis de un presente como agradecimiento por su disponibilidad y trabajo en la confección de este paseo cultural.

Las fotos de este día están a tu disposición en la pestaña ÁLBUM DE FOTOS.

lunes, 16 de febrero de 2015

EL REAL

Vamos a considerar en primer lugar las numerosísimas ocasiones que se emplea la palabra “real” en nuestra lengua. Es un adjetivo de rey, al que siempre hace referencia.
Veamos algunos ejemplos:

Sociedades deportivas: Real Madrid, Real Sociedad, Real Betis Balompié…
Lugares concretos: Calle Real, Palacio Real, Capilla Real, Real de la Feria, Cañada Real Soriana, Alcalá la Real
Apellidos: del Real
Otras: Real Patronato, Real Academia de la Lengua
Expresiones populares: No vale ni dos reales

Pieza clave de la numismática española. Unidad monetaria generalmente de plata que sufrirá, como todas, los cambios de la propia sociedad. 3´35 gramos. Comienza en Castilla en el s. XIV y termina oficialmente en el XIX, pero el pueblo lo seguirá utilizando hasta la primera mitad del s XX. Valor 34 maravedíes desde 1497 o 1/8 de escudo, y ¼ de peseta en siglo XX
Hay que asociar el real a la plata pues, salvo excepciones, los reales han sido de plata, y sólo en contadas ocasiones los encontramos en cobre siendo en este caso moneda fraccionaria (ejemplo: décima de real), o en otras ocasiones en oro, siendo estas monedas múltiplos del real (ejemplo 320 reales)
Veamos la evolución que tendrán los reales a lo largo de la historia.

El real de plata apareció por primera vez con Pedro I (1350-1369): 
Pedro I el Cruel. Real de la ceca de Burgos
(de maravedis.net) 
Anverso: DOMINVS MICHI ADIVTOR ET EGO DI - SPICIAM INIMICOS MEOS
(El Señor es mi ayudador y yo desprecio a mis enemigos- Hebreos 13:6)
Reverso: PETRVS REX CASTELLE E LEGIONIS
(Pedro Rey de Castilla y León)

El real de plata apareció por primera vez, repito, con Pedro I y como veremos su duración e importancia en la numismática española será excepcional. Eran unas preciosas monedas con una leyenda que se repetirá en numerosas ocasiones en la moneda española de las Edades Media y Moderna.

Con los Reyes Católicos comienza la abundancia de estas unidades y a partir de entonces se generaliza.
Tenemos piezas en plata de todos los tamaños, de ½ real a 8 reales; de cecas peninsulares o americanas; de acuñación a martillo, de volante o del Ingenio…
Pasamos a continuación a exponer varias piezas de real como ejemplo de ello:
  
Reyes Católicos, 1 real de la ceca de Sevilla
Peso: 2´55 gr 

Carlos III, real tipo macuquino de la ceca de Potosí
Peso: 2´6 gr

Isabel II, 1 real de 1849, ceca de Madrid
Peso: 1´3 gr.

 Cuando encontramos monedas de cobre con la denominación “real” estamos ante monedas fraccionarias. Sería el caso de las dos siguientes:  
Isabel II, 25 céntimos de real (o un cuartillo) de 1864, ceca de Segovia
Peso: 9´2 gr.
  
Isabel II, medio real (o cinco décimas) de 1850, ceca de Segovia
Peso: 19´5 gr.

La primera tiene como particularidad el poseer dos valores faciales: 25 céntimos de real y un cuartillo; pero en ambos casos se nos dice que es la cuarta parte de un real. Se está introduciendo al Sistema Métrico Decimal: por una parte se mantiene la antigua unidad, el real, pero por otra se habla de 25 céntimos de real, es decir, se han eliminado los maravedíes como fracción y aparecen los céntimos que ya corresponden al nuevo sistema.
En la segunda ocurre lo mismo
Y ésta que se ofrece a continuación sería la excepción pues siendo de ½ real, es de plata: 

Carlos III, ½ real de 1761, ceca de Madrid
Peso: 1´4 gr.
 Y otra excepción en el sentido contrario sería esta pieza de dos reales realizada en cobre. Es, que yo recuerde en este momento, el único caso en que la ceca hace referencia a un personaje y no a un lugar. Morelos fue un revolucionario mejicano en contra del gobierno español de la época. La mayoría de las piezas que emitió lo fueron en cobre y una pequeña parte en plata. 

Fernando VII, 2 reales de 1812 de Morelos

      Juan Manuel López Márquez

martes, 3 de febrero de 2015

UNA DE PIRATAS POR CARNAVAL...

En el Diario Mercantil gaditano correspondiente al 13 de enero de 1830 se inserta una noticia que, por su relevancia, se desarrolla con inusual extensión para un diario de temática mercantil al uso de la época, en el que las noticias reseñadas tenían que ver principalmente con los movimientos de buques en la ciudad, las efemérides astronómicas y los estrenos teatrales y operísticos que tan frecuentes eran en el ilustrado Cádiz de aquella época.
Concretamente, el citado día se inserta, por orden del Excmo. Sr. Gobernador de la Plaza, la certificación del ajusticiamiento de diez marineros de la tripulación del bergantín brasileño “Defensor de Pedro” acusados de piratería y otros delitos. En pleno siglo XIX, en el Glacis de Puerta Tierra, fueron ahorcados entre el 11 y 12 de enero nada menos que diez piratas ante la sorprendida mirada de numerosos gaditanos horrorizados por las atrocidades cometidas por estos hombres, autores de fechorías tales que “sólo al referirlas se resienten la humanidad y el decoro”, como relata el Diario Mercantil.
Pero la historia comienza mucho antes y al otro lado del océano y su desenlace inesperado y asombroso ligará estrechamente a estos piratas con Cádiz. Y es curioso cómo tan interesante trama es actualmente desconocida por una gran cantidad de gaditanos.
Benito De Soto
En noviembre de 1827 dio la vela en Río de Janeiro con destino a la costa africana de Mina el bergantín brasileño “Defensor de Pedro”, armado en corso y mercancía, al mando del teniente de la Marina Real D. Pedro Maris de Souza Sarmento y con una dotación de cuarenta hombres de distintas nacionalidades (portugueses, franceses y españoles). Este barco era uno de tantos de los conocidos como “negreros”, que intercambiaban mercancías y armas de fuego por esclavos en los dominios portugueses de la costa occidental de África. El 26 de enero de 1828, se sublevan catorce marinos, capitaneados por el gallego Benito de Soto, aprovechando el desembarque del capitán y parte de la tripulación en la costa africana. Se deshacen de algunos marineros y retienen a la fuerza al piloto del bergantín y otros tripulantes que habrán de serles útiles en las nuevas singladuras. Desde un primer momento, surgen cruentas discusiones en torno al mando del barco, pero Benito De Soto logra por la fuerza imponer su autoridad pasando a cuchillos a los disidentes.
Los piratas truecan el nombre del bergantín por el de “Burla Negra” y comienzan sus rentabilísimas “hazañas”.
El 13 de febrero de ese año, a la altura de la isla de Ascensión, el buque británico “Morning Star” que regresa a Londres procedente de Colombo (Ceylan) cargado de telas y especias, es interceptado por el “Burla Negra”. Los ingleses no tienen otro remedio que rendirse apelando a la inexistente clemencia de los piratas que hacen alarde de un comportamiento violento en exceso del que no se libran ni las mujeres ni los niños y “aunque hemos oído los pormenores, no queremos ofender los oídos del público refiriéndolos”. Obtienen un cuantioso botín. De hecho, el Diario Mercantil de 10 de julio de 1828 se hace eco de esta noticia bajo el título de “Horrible Piratería”. A este abordaje le sucede el de la fragata americana “Topaz”, en viaje de Calcuta a Boston. La hunden, dejando con vida a un único superviviente que embarcan preso en el “Burla Negra”. El ambiente en el barco pirata se hace cada vez más tenso, con continuos intentos de motín, por lo que De Soto, decide poner rumbo a las Azores y de allí a Galicia, para vender el fruto de la rapiña y “disolver la sociedad”. Pero no pierden el tiempo camino de Pontevedra: los barcos “Cassnock”, “New Prospect”, “Melinda” y “Simbury”, correrán la misma suerte que los dos buques anteriores. El 26 de abril de 1828, parten de La Coruña con un cuantioso botín fruto de la venta ilegal de lo robado y deciden dar vela hacia el sur para iniciar una nueva vida allí donde no los conozcan. La noche del 9 de mayo, unas luces en la costa les hacen suponer que están ante el faro de Tarifa, donde planeaban embarrancar el “Defensor de Pedro”. Pero cometen un error de cálculo y las luces que ven son las de Cádiz, con lo que encallan el bergantín a la altura de un ventorrillo conocido como de “El Chato”, que ya llevaba casi cuarenta años funcionando. Precisamente, la primera ayuda recibida les llega de dicha venta. Así, los supuestamente honrados marineros se pasean impunemente por Cádiz tras sobornar a un funcionario que pasa por alto unas más que sospechosas y vagas declaraciones, sin despachos ni roles que las avalen. Pero las habladurías cunden por Cádiz y la gente empieza a sentir malestar al ver deambular al extraño e impune grupo por las calles de la ciudad. El destino les reserva un encuentro indeseado: un súbdito inglés, superviviente del “Morning Star” y de paso por Cádiz, los reconoce y delata a las autoridades, que los apresa seis días después del intencionado naufragio.
Benito de Soto, el más indómito y cruel de todos, consigue escapar in extremis y huye en un barco ese mismo día con destino a Gibraltar. También escapa su lugarteniente José de los Santos. Ambos son juzgados en rebeldía y De Soto es condenado a ser “arrastrado, ahorcado, descuartizado y los cuartos colocados en escarpias a las orillas del mar”. Por su parte Nicolás Fernández, Antonio de Layda, Saint Cyr Barbazán, Guillermo Teto, Federico Lerendu, Nuño Pereyra, Francisco Goubin, Pedro y Domingo Antonio y Joaquín Francisco son mandados ahorcar (con posterior descuartizamiento y exhibición de la cabeza en escarpia para los seis primeros). Tras el largo proceso, la sentencias se ejecutan entre el 11 y el 12 de enero de 1830, días en los que sopló en Cádiz un gélido viento del Norte y se estrenó en el Teatro Principal la ópera en dos actos “Coradino, corazón de hierro” de Rossini. Catorce días más tarde, en la plaza de Gibraltar donde fue detenido cuando escapaba de Cádiz, las autoridades británicas ahorcan a De Soto, convicto y confeso de horribles fechorías contra buques de Su Majestad. Será él mismo el que se ajuste el nudo a la garganta y exhiba una extraña altanería libre de todo arrepentimiento, dejando boquiabiertos a los británicos.
Tan pormenorizado relato de los hechos, así como la trascripción de las declaraciones de los reos y su proceso se recogen fielmente en un interesantísimo libro escrito por el oficial de la Armada D. Joaquín Mª de Lazaga y Garay en 1892 (“Los Piratas del Defensor de Pedro. Extracto de las causas y proceso formados contra los piratas del bergantín brasileño Defensor de Pedro que fueron ahorcados en Cádiz en los días 11 y 12 de enero de 1830” Madrid: Tipografía de Infantería de Marina). En el prólogo expone como motivo que le lleva a escribirlo el silencio que rodea a tan fabulosa historia, sucedida en Cádiz tan sólo sesenta años antes. Desconozco cuántos ejemplares existen del mencionado libro. Un ejemplar se conserva en la Biblioteca Nacional, en Madrid. Y otro lo encontré, de auténtica casualidad, un domingo de enero de 2002 bajo un montón de papeles y libros polvorientos en uno de los puestos del mercadillo que se celebra en la Plaza del Mercado de Abastos de Cádiz. Lo compré por dos euros.
Pero la historia no acaba aquí. 3 de junio de 1904. Varios operarios se encuentran trabajando en la almadraba de D. José Zarandieta situada al final del barrio de San José (extramuros de Cádiz). Están cavando una zanja de medio metro para enterrar las cabezas y los despojos de los atunes capturados. De repente, descubren enterradas unas monedas de las llamadas “Ambos Mundos” acuñadas en México entre 1750 y 1755, que recuerdan mucho a los duros vigentes con anterioridad. La noticia se difunde como la pólvora y decenas de hombres, mujeres y niños con palas y cribas se afanan en la playa en busca de las codiciadas monedas que se venden en el acto a precios entre las tres pesetas y los dieciocho reales. No existe cantidad fiable de monedas encontradas. Se estima que rebasaron las 1500 piezas. En los Carnavales del año siguiente, Antonio Rodríguez, más conocido por “El Tío de la Tiza, inmortaliza el sucedido en un tanguillo del coro Los Anticuarios titulado Los Duros Antiguos.
D. Antonio Perea de la Rocha, Marqués de Arellano, investiga exhaustivamente el hallazgo de los duros y todo lo que le rodea en archivos públicos y privados hasta que publica un artículo en ABC el 4 de diciembre de 1960 donde condensa todo lo encontrado. En dicho artículo afirma: “tengo casi la seguridad absoluta de que las monedas encontradas en la playa en 1904 son las que traían a bordo los tripulantes del bergantín brasileño Defensor de Pedro”. Los piratas, acosados por las sospechas cada vez más crecientes, pudieron ocultar apresuradamente parte de su botín en la playa gaditana y, tras ser apresados, no volver nunca más a recuperarlas. Curioso e inesperado destino para unos duros que cruzaron el océano para acabar, inmortales para siempre, cantados en el Carnaval gaditano. Pero, como el propio Marqués de Arellano señala, estas cosas de la mar, sólo la mar las sabe.
                                                      Enrique García Luque

lunes, 19 de enero de 2015

EL ALFABETO IBERO-TARTESIO

Uno de los tesoros a conservar e investigar en nuestro país es el alfabeto ibérico.
Proviene del alfabeto fenicio, el más antiguo del mundo, que tuvo tres troncos entre ellos el europeo, y dentro de éste la rama occidental. Y debemos aclarar en primer lugar que el término ibérico no es territorial ni político sino cultural.

Cuando Roma invade la península los territorios del interior desconocían la moneda, por lo que las primeras emisiones de las localidades de la Hispania Ulterior se sitúan en el segundo siglo antes de Cristo. Su emisión fue destinada al uso de los indígenas con la utilización del alfabeto propio, lo que a su vez nos da idea del nivel cultural alcanzado. Los alfabetos ibéricos comenzaron en Tartessos y de aquí irradiaron al resto de la península; el aislamiento de las poblaciones y el transcurso del tiempo dieron lugar a lógicas diferencias.

Dentro de las monedas ibéricas hay que distinguir dos tipos fundamentalmente: las ibéricas propiamente dichas que se situarían en el cuadrante norte-oriental de la península, y las ibéricas del sur en lo que aproximadamente es hoy Andalucía y el Algarbe portugués. Y al margen, las obulconenses. Las primeras se caracterizan por la utilización exclusiva del alfabeto ibérico, mientras que en las segundas tenemos monedas con el alfabeto ibero-tartesio. Y en el caso de Obulco (población turdetana) con caracteres gráficos no siempre coincidentes con los tartesios, con variantes morfológicas y dudas en algunas lecturas.
Todas son del mismo origen, proviniendo como hemos apuntado del fenicio arcaico. Llegarían a continuación las influencias helenísticas de las colonias griegas.
Los iberos recibieron los primeros caracteres alfabéticos unos doce siglos antes de Cristo de los comerciantes de Tiro, que colonizaron el Mediterráneo hasta Cádiz, y empezaron a utilizarlos ya con las influencias griegas unos 200 años a. de JC, después de haber fundado Ampurias. 

Las leyendas ibéricas casi no tienen vocales, al estilo de las lenguas semíticas, lo que viene a identificar su origen asiático. En las monedas más antiguas aparece escrito de derecha a izquierda. Y las de Obulco tienen la característica de poseer abundante escritura, lo que las convierte en únicas:

  As de Obulco
Peso: 15´7 gr, diámetro: 30-25 mm

Los ases de Obulco nos ofrecen una de las pocas muestras del alfabeto ibero-tartesio. Se convierte así la moneda en un documento importantísimo de investigación de nuestras raíces andaluzas

Obulco era una ciudad de la Bética, identificada sin discusiones con la jienense Porcuna.
Obulco, Obula o Urbs Victrix Municipium era el nombre antiguo de la localidad de Porcuna, de la provincia de la Bética. La  moneda por tanto es turdetana (región entre Sierra Morena y el río Betis).

En las monedas de Obulco se dan a su vez tres tipos: las primitivas con utilización exclusiva del alfabeto indígena apareciendo el nombre de IPOLCA en caracteres, como digo, ibero-tartesios; las bilingües con la utilización conjunta de los alfabetos indígena y latino y por último y las más recientes con inscripciones sólo latinas. Esta moneda que os presento hoy es de tipo bilingüe y se podría datar entre los años 200-100 antes de Cristo.
En el anverso aparece el busto de una mujer con el pelo retorcido terminando en un moño y collar, en un tosco retrato, y  OBVLCO en caracteres latinos (Sólo se aprecia OBV). El busto podría ser de Artemisa, Ceres o una diosa local.
En el reverso un arado (no se percibe por el desplazamiento del cuño) y una espiga con nombres de dos magistrados del momento con los caracteres gráficos indígenas citados, y posiblemente más antiguos que los tartesios. En el caso de monedas de mayor tamaño aparece también un yugo. Si las piezas son de menor tamaño, caballo, jabalí o águila.
Estas escrituras se denominan ibero-tartesias y dan una serie de datos de importancia excepcional para el estudio del correspondiente alfabeto y de las culturas prerromanas
Ésta es la transcripción de la leyenda, con muchas de las letras invertidas:

Son los nombres de los magistrados de ese momento: Orcailu y Dundesdelbecu.  Otros autores difieren en la interpretación, leyendo Urcailtu y Neseltuco. Más de quince nombres se han identificado en las monedas de Obulco.
La ceca de Obulco es la más importante de la península es esos momentos después de Ampurias, tanto por el número de tipos que acuña como por la cantidad de piezas, y tendrá influencia en las acuñaciones de otras ciudades, como las cordobesas VLIA (Montemayor) o CARBVLA (Almodóvar del Río).

            Juan Manuel López Márquez                                             


jueves, 8 de enero de 2015

DESDE LAS ERMITAS (La Tregua de Navidad)

Una veloz excursión al romanticismo, una aventura alocada y varonil: he aquí cómo se imaginaba la guerra el hombre sencillo de 1914, y los jóvenes incluso temían que les faltara este maravilloso y apasionante episodio en su vida; por eso corrieron fogosos a agruparse bajo las banderas, por eso gritaban y cantaban en los trenes que los llevaban al matadero, la roja oleada de sangre corría impetuosa y delirante por las venas de todo el imperio. (Stefan Zweig – El mundo de ayer).

Hace cien años. No creo en milagros. No al menos en esos hechos prodigiosos e inexplicables desde la ciencia humana. Sí creo que hay sucesos que sólo se pueden explicar por la presencia del Espíritu Santo, pero valiéndose de unas manos humanas.

Hace cien años, en la Navidad de 1914, Dios volvió a nacer entre nosotros. Y lo hizo, como acostumbra, en el lugar más inhóspito imaginable. Un lugar, en las Ardenas (Bélgica) en el que los soldados alemanes y británicos que se enfrentaban en los inicios de la Primera Guerra Mundial habían establecido un frente estabilizado por trincheras y alambradas impenetrables para el enemigo. Entre las dos líneas de trincheras había un terreno de nadie que veía pasar los proyectiles de una a otra trinchera. Fue allí donde volvió a nacer.

El 24 de Diciembre, en la víspera de Navidad, dejaron de escucharse disparos. Los soldados británicos vieron cómo las trincheras alemanas eran decoradas con adornos navideños. Más tarde comenzaron a escuchar un villancico, quizás el más hermoso, Stille Nacht (Noche de Paz), originario del valle tirolés de Zillertal. Los británicos contestaron cantándolo en inglés. Los testigos de aquellos hechos cuentan que unos minutos más tarde, inexplicablemente en la zona de nadie entre una y otra trinchera se agruparon unas docenas de soldados de uno y otro bando y se pusieron a charlar y a intercambiar regalos como chocolate y cigarrillos. Me pregunto quién fue el primero que se atrevió a salir de su trinchera, cruzar la alambrada y esperar que el enemigo hiciese lo mismo para estrechar las manos con él.

Al día siguiente, el de Navidad, ese erial fue testigo de un partido de fútbol, el más hermoso partido de todos los tiempos. Como suele ocurrir desde entonces, ganaron los alemanes por 3 a 2.

Lo ocurrido se propagó por los cientos de kilómetros de las líneas del frente Occidental, donde también se produjo un alto el fuego.

La tregua se prolongó hasta bien entrado el mes de Enero de 1915. Terminó cuando los altos mandos, desde sus cómodas posiciones de retaguardia, tuvieron conocimiento de lo ocurrido, que no les agradó en absoluto. Ellos sabían que un ingrediente fundamental de la guerra es el odio al enemigo, sin el cual no se puede insuflar la imprescindible motivación para matar. Ordenaron fuertes bombardeos de artillería en todo el frente, con el único propósito de terminar con los gestos de fraternidad. Me imagino a esos generales como personas de exquisita educación, quizás extraordinariamente cariñosos con sus hijos o nietos y con su perro, pero animados por “el ideal superior de la patria” para lo cual no tuvieron problema alguno en mandar al frente a miles de jóvenes de diecisiete años o poco más.

Para tomar conciencia del prodigio tendríamos que conocer a fondo los antecedentes. Durante años, las naciones europeas habían venido cultivando un nacionalismo que no sólo exaltaba los valores de lo propio, sino que también inoculaba a las gentes un odio, y sobre todo un miedo a las otras naciones. Aquellos jóvenes que celebraron juntos la Navidad de 1914 en la zona entre trincheras de las Ardenas habían sido educados en ese miedo. Pero cuando semanas después del inicio de la guerra se estabilizaron los frentes se acostumbraron a ver allí a unos cientos de metros a otros jóvenes que como ellos, les miraban a la cara con la incomprensión de quien no sabe qué hace allí, en tierra extranjera, expuestos al frío y la lluvia, durante meses cubiertos de barro, lejos de sus granjas y fábricas, tratando de matar a otros que sufrían como ellos, de los que quizás se distinguían en poco más que la lengua, el color del uniforme y el de la bandera que colgaba del mástil de su trinchera.

El día de Nochebuena, al oír el mismo villancico, la misma música en una y otra parte de la alambrada, muchos se darían cuenta de que tenían en común algo que iba mucho más allá de esos colores de las banderas.

Para este nuevo año, amigo, te pido que además de los habituales propósitos, como dejar de fumar o ir al gimnasio, pienses si estás metido en una trinchera, disparando contra un enemigo, tu hermano, tu cuñado, padres, hijos, compañeros de trabajo. No te plantees quién comenzó la guerra y por qué. Solo te pido que pienses en aquel soldado anónimo que se atrevió a salir de su trinchera a riesgo de ser acribillado a balazos, y tendió su mano a aquél a quien horas antes había estado dispuesto a matar. Él protagonizó uno a los gestos más valientes jamás conocidos. No será canonizado ni recibirá más honras patrióticas que las de cualquier otro combatiente. Él arriesgó su vida, toda una vida por delante, una esposa, unos hijos… y tú ¿qué arriesgas? ¿Algo más que tu orgullo y amor propio?

Pues eso amigo, sal de tu trinchera, no temas ser el primero, incluso aunque el de enfrente no te reconozca el gesto. Serás un héroe, anónimo, pero un héroe, de los que cada día hacen nacer a Dios en las peores condiciones, protagonista de un verdadero milagro.

Feliz año amigos.

Manuel Del Rey Alamillo

viernes, 2 de enero de 2015

CÓRDOBA, HÉROES DESCONOCIDOS U OLVIDADOS

El rey Felipe VI ha inaugurado en el Museo Naval el cuadro “El último combate del Glorioso”, de Augusto Ferrer-Dalmau. El óleo es una pieza vivísima, de enorme fuerza expresiva. Y no es para menos, porque el episodio que reconstruye es una de las hazañas más impresionantes de la historia universal de la navegación. La proeza del “Glorioso”, en efecto, marca una cumbre en los anales de la marina española y mundial y, mira por donde, el capitán del  “Glorioso”  es un CORDOBÉS, desconocido u olvidado y sin calle que lo ampare, ni prensa local que lo enaltezca, al menos a partir de la noticia.

Vamos a colocarnos en el tiempo: estamos a mediados del XVIII. Reina Fernando VI, el segundo Borbón. España ya no es el imperio invencible de antaño, pero es todavía una gran potencia. Buena parte de esa potencia se basa en la mar. Nuestros barcos dominan las rutas en el Mediterráneo occidental, porque mantenemos una relación estrechísima con el reino de Nápoles; también en el Atlántico, porque el tráfico con los virreinatos americanos es muy intenso, e igualmente ocurre en el Pacífico, porque la comunicación con Filipinas es permanente. España es una potencia náutica. Los recursos del país vienen y van por mar. Como en la mar hay otras potencias –Inglaterra, Holanda, Francia-, frecuentemente hostiles, el tráfico marítimo no es una cuestión simplemente comercial, sino que es un asunto militar de primera importancia. En eso vamos retrasados: la flota está hecha un desastre. El Marqués de la Ensenada intenta a toda prisa modernizarla; aún no lo ha conseguido cuando ocurren los sucesos que vamos a contar. Pero, a falta de buenos barcos, hay excelentes marinos. 

La guerra de la Oreja de Jenkins

Uno de los escenarios fundamentales de ese enorme tráfico marítimo es el Atlántico. El flujo de navíos entre la América española y la Península es intenso. Y apetitoso: continuamente cruzan la mar grandes barcos cargados de riquezas. Todos hemos visto esas películas en las que un esbelto y audaz corsario inglés lleva a pique a un barco español capitaneado por un señor gordo y sucio, cuya hija se enamora inevitablemente del apuesto corsario anglosajón. La verdad histórica es más bien la contraria y, además, nuestros marinos supieron sortear a los corsarios con mayor fortuna de lo que se cuenta. De hecho, por eso empezó una guerra. Porque España estaba en guerra con Inglaterra, una vez más. Era la Guerra de la Oreja de Jenkins.

¿Quién era este Jenkins? Un marino inglés, contrabandista. En 1738 compareció en la Cámara de los Comunes, en Londres. Los comerciantes ingleses estaban hartos de que los barcos españoles apresaran a sus contrabandistas. Por eso llevaron a Jenkins al Parlamento. Jenkins subió al estrado e hizo algo impactante: sacó una oreja y se la enseñó a los parlamentarios. Era su oreja. En una de sus correrías contrabandistas, el navío de Jenkins había sido apresado por un pequeño guardacostas español. Entonces el capitán español, Juan León Fandiño, sacó el sable, le cortó una oreja a Jenkins y dijo: “Ve y dile a tu rey que lo mismo le haré si a lo mismo se atreve”. Por eso estaba allí Jenkins, con su oreja. Inglaterra declaró la guerra a España.

Pedro Mesía de la Cerda
Lo primero que se les ocurrió a los ingleses fue una barbaridad: quitarnos Nueva Granada. Era 1741. Fue allí donde Blas de Lezo, (recientemente homenajeado) escribió su gran hazaña al vencer a una fuerza diez veces superior. Los ingleses salieron con el rabo entre las piernas. Pero ahora estamos hablando de piratas. Y en este paisaje, el de la guerra de la Oreja de Jenkins, vemos un barco que se hace a la mar. Seguimos en Cartagena de Indias. Estamos ya en el verano de 1747. El barco se llama “Glorioso”, un navío de setenta cañones. Lleva a bordo un tesoro: mucho dinero, oro, joyas. Lo manda Don Pedro Mesía de la Cerda, cordobés, cuarenta años, marino experto, que ha combatido en Cerdeña, en Sicilia, en Orán. La misión de don Pedro es llevar el tesoro a España. Los ingleses no tardan en enterarse de que ha zarpado la presa. Comienza la caza.

Sólo contra todos

Nuestro barco, el Glorioso, ha llegado a las islas Azores. Aquí, en 1590, don Álvaro de Bazán había derrotado a una escuadra inglesa. Pero ahora la situación es distinta; ahora los españoles están en inferioridad. Y es precisamente aquí donde comienzan los problemas. Don Pedro divisa un nutrido convoy inglés: numerosos barcos mercantes, escoltados por un navío, una fragata y un paquebote de veinte cañones. El capitán español tiene órdenes muy estrictas: hay que llevar el tesoro a España a toda costa. Así que, raudo, ordena desplegar velas y salir zumbando. Pero los ingleses le han visto y salen en su búsqueda: el paquebote queda con el convoy y el navío Warwick y la fragata Lark salen tras esa presa, aparentemente fácil.

La estrategia inglesa es letal: la fragata, pequeña pero muy rápida, puede llegar hasta el Glorioso, cañonearlo, averiar su aparejo y, así, dejarlo inerme para que, acto seguido, el Warwick lo hunda. Pero el Glorioso es un hueso duro de roer. La Lark logra cañonear al Glorioso, pero los artilleros españoles contestan y la destrozan. El Warwick alcanza al Glorioso, pero los españoles tiran mejor. El combate dura toda la noche. Cuando amanece, el Glorioso tiene daños serios, pero navega; por el contrario, la Lark se ha retirado y el Warwick se ha quedado sin palo mayor, clavado en el agua. El Glorioso ha ganado el primer asalto. El jefe del Warwick, el capitán Crooksanks, será juzgado por el Almirantazgo inglés y apartado del mando.

El Glorioso retomó camino mientras sus hombres reparaban los daños del combate. Ya quedaba poco para llegar a España: a lo lejos se divisaba la costa gallega de Finisterre. Pero ese mismo día, 14 de agosto, aparece un nuevo enemigo, aún más poderoso: tres barcos ingleses, un navío de sesenta cañones y dos fragatas. Esta vez la táctica inglesa fue distinta: el navío atacó frontalmente a nuestro Glorioso. Al cabo de tres horas de cañoneo, el barco inglés se retiraba hecho una ruina. Las fragatas se lanzaron entonces a por el Glorioso, pero los cañones de don Pedro y su pericia marinera lograron que nuestro barco se zafara de la persecución. El 16 de agosto, el Glorioso atracaba en el puerto de Corcubión y don Pedro hacía cuenta de los daños: el bauprés hecho añicos, rotas muchas de las vergas y las jarcias, acribillada la popa, cinco muertos y cuarenta y cuatro heridos. Pero detrás había dejado a cinco barcos enemigos vencidos.

La epopeya final

¿Había acabado la epopeya del Glorioso? No. Hecho de nuevo a la mar, para completar las reparaciones en mejor puerto –en los astilleros del Ferrol-, un fuerte viento contrario obliga a don Pedro a virar en redondo. Decide entonces dirigirse a Cádiz. Una ruta peligrosa, llena de ingleses que están deseando vengar la derrota de sus barcos. El Glorioso logra sortear a los ingleses a lo largo de toda la costa portuguesa, pero al pasar el cabo de San Vicente se da de bruces con diez -¡diez!- barcos ingleses. Así comienza uno de los combates navales más impresionantes y desiguales de la historia.

Los ingleses atacan como la primera vez: lanzando primero a las fragatas para que averíen al Glorioso y reservando a los navíos más poderosos –en este caso, el Darmouth, de 60 cañones- para hundir al enemigo. Don Pedro hace frente a las fragatas: el Glorioso recibe daños, pero las fuerza a huir. Cuando llega el matador, el Darmouth, un proyectil español acierta de lleno en la santabárbara del barco inglés, que estalla en mil pedazos. Furiosos, los ingleses envían más barcos. Se combate de noche. Entra en escena un navío gigantesco, el Russell, de tres puentes y ochenta cañones, con otras dos fragatas. A estas alturas el Glorioso ya está acribillado por todas partes, averiado, inmóvil en el agua, pero sigue resistiendo hasta el amanecer. Hasta entonces no arría Don Pedro su pabellón. Tenía treinta y tres muertos y ciento treinta heridos, el barco lleno de agujeros… ¿Y el tesoro? El tesoro lo había dejado a buen recaudo en Corcubión. El marino español había cumplido su misión y, de paso, había destrozado una buena porción de la flota inglesa. Los británicos trataron a don Pedro Mesía de la Cerda como a un héroe. No era para menos.

José Luis Arjona Lara

domingo, 14 de diciembre de 2014

FRIKIS

Es mil veces preferible hacer voto de locura, o disolverse en Dios, que prosperar a base de simulacros (E.M. Cioran).

Lo reconozco. Soy un friki. Desde hace unos años me he aficionado a la mitología sumeroacadia y vivo obsesionado día y noche con las traducciones de tablillas mesopotámicas de barro cocido. Es oír los nombres de Gilgamesh, Upnapistin, Humbaba, Innana, Enlil y otras divinidades y personalidades de esa civilización y se me pone la carne de gallina al pensar que pueda haber por ahí, aunque sea en la zona Oeste de Minnessota, algún otro individuo que comparta mi afición. Pese a las quejas de mi mujer, que ya no tiene nada de lo que hablar conmigo, y me pide que me dedique a algo más actual, es lo único que leo (además de a Rilke).
Mi desmesurada afición me llevó al Museo Británico de Londres, donde se exponen cientos de tablillas originales en escritura cuneiforme. Al entrar en la sala, a la emoción del primer minuto siguió una primera decepción, al comprobar la indiferencia de mi santa esposa, que camino del Museo, viendo mi estado de excitación, quizás pensó que iba a ver algo parecido a las siete pirámides de Egipto en persona. La segunda decepción fue comprobar yo mismo que detrás de aquellas marcas triangulares que arañaban las tablas no era capaz de percibir en realidad emoción alguna.
Y la tercera y definitiva fue comprobar que había alguien más friki que yo. Una pareja de edad madura, en torno a los sesenta, con pelo canoso, estilo estudiadamente descuidado y gafitas de belga, llevaban varios minutos ante una urna que contenía una de las tablillas, señalando con los dedos cada uno de los triangulitos, probablemente traduciendo su contenido del sumerio al caldeo, y de éste al arameo, de aquí al griego clásico, para terminar en el inglés, el alemán, o lo que fuese que hablasen aquellos tipejos impertinentes. Posiblemente estaban discutiendo sobre la intención que tuvo el autor, en la tercera línea del texto, al utilizar el futuro perfecto en lugar del futuro continuo, que hubiese sido lo más lógico. Me mantuve boquiabierto durante unos minutos al otro lado de la urna, observándolos de reojo, sin apercibirme de que la parte de tablilla que se me ofrecía desde mi posición era el reverso, que no tenía nada escrito. Me dí cuenta de que soy un medio friki, o un friki de pacotilla, impotente porque posiblemente nunca llegaré a dominar una de aquellas lenguas milenarias.
Y es que una de las características del frikismo, aunque no lo explicite la definición de la RAE ni Wikipedia, es que, como todo en la vida, es relativo. Relativo al entorno en el que nos encontremos. Hay algunos jóvenes (y no tanto), de radical afición cofrade, que conocen los nombres de los autores de todas las tallas que procesionan en Andalucía en Semana Santa, incluso en lugares como Mairena del Alcor y Dos Hermanas; y se conocen todas las marchas que acompañan a las imágenes, y por supuesto a partir del Miércoles de Ceniza, e incluso antes, llevan la música de cornetas y tambores a todo volumen en su coche (causando honda preocupación a los demás conductores, que oyendo tales sones temen que les vayan a cortar el tráfico por el paso de una procesión). Pues bien, uno de estos jóvenes podrá ser considerado un friki si vive en Córdoba o Granada, y no digamos en Madrid, Barcelona o Berlín. Pero si nos colocamos en otro contexto, en la calle Pagés del Corro, en pleno corazón del barrio de Triana, la cosa es bien distinta.
También ocurre al friki que se centra tanto en su afición que ignora el entorno que define y caracteriza a la propia materia. Si a uno de los jóvenes le preguntas por Bernini, probablemente pensará que es el delantero centro del Peruggia, pero no caerá en la cuenta de la influencia que ejerció el insigne escultor italiano en la imaginería andaluza.
Pero sigo contando mi experiencia en el Británico. Cuando aquellos gafitas impertinentes se fueron a otra urna a continuar una tarde de descubrimientos apasionantes, que iban a suponer un antes y un después en sus vidas, me situé, esta vez sí, ante la parte escrita de la tablilla, atraje a mi mujer hacia mí, adopté hacia ella una posición paternalista, pasando mi brazo sobre su espalda y mi mano en su hombro, y le susurré unas palabras mientras el dedo índice de la mano que me había quedado libre señalaba la tercera línea de aquel grupo de pictogramas y se balanceaba como haciendo que seguía el texto. Con satisfacción pude comprobar la reacción de admiración que provocaba en un par de turistas latinas a quienes podía ver de soslayo tras de mí a través del reflejo del cristal de la urna. En realidad no sé si era admiración o si es que habían oído lo que acababa de susurrar a mi esposa “Cariño, se nos está acabando el presupuesto para el viaje; esta noche mejor cenamos en el MacDonalds”.
Y es que otra de las características del friki es que no solo no oculta su frikismo, sino que por el contrario presume de ello, está orgulloso de tal condición, y la anuncia, fomenta y pregona por doquier, y no sólo eso, sino que también la exagera, y trata de hacer creer a los demás que sus conocimientos o habilidades son superiores a los reales.
Todos recordaréis el inicio de aquella maravillosa película francesa, “La cena de los idiotas”, cuando los dos protagonistas, el idiota (aquí friki) y el supuesto listo, coinciden en un tren en asientos contiguos. El idiota ojea un cuaderno que contiene fotografías de sus trabajos de reproducciones de conocidos monumentos hechas con palillos de dientes, trabajos a los que dedica todo su tiempo libre. El idiota necesita que alguien reconozca sus méritos y muestra ostensiblemente el cuaderno a su vecino de viaje (que indiferente, se oculta tras la enorme sábana del diario Le Monde), para tratar de arrancarle algún comentario de admiración que le dé pie a comenzar una exposición sobre la dificultad y mérito de sus trabajos. Lo cual, por cierto, acaba consiguiendo aunque en un sentido distinto al pretendido.
Y es que los frikis tenemos algo de exhibicionismo. Una de las características principales del frikismo, si no la fundamental, es la dedicación exagerada, desmedida a una afición minoritaria. El proceso sufrido por el friki es evidente. De pequeño, en el cole, no era capaz de destacar ni en los estudios ni en otras disciplinas sobre todo deportivas, del gusto de la mayoría, vamos, que no jugaban bien al fútbol, baloncesto, canicas o trompos (sí, en mi época aún otorgaba cierto prestigio tirar bien el trompo o ser campeón de canicas de la parada del autobús). Como el friki necesita sentirse reconocido y admirado por el resto de la clase, recurre a otras aficiones en las que pueda hacerse visible y destacar por no tener competencia al ser minoritarias, incluso extravagantes. Así, en mi época, surgió lo que hoy es el paradigma del frikismo, cual es la afición por la Guerra de las Galaxias. De hecho, el día del Orgullo Friki, el 25 de Mayo, se concentran en la Plaza de Callao, en Madrid, cientos de individuos disfrazados de Obiguanquenovi, Chiguaka o de Luquescaiguolquer.
Otro compañero de mi clase, que también era patoso jugando al fútbol, se dedicaba todos los días en el recreo a practicar algo tan insulso (y sucio) como el salto de longitud. Quizás esperaba ser el visionario pionero de una nueva afición en el cole que desbancase a la mayoritaria veneración a Amancio, Juanito y Santillana. Sin embargo, lo que consiguió fue todo lo contrario, ya que además de volver del recreo lleno de polvo se convertía en sujeto pasivo de uno de los primeros casos de bullying que recuerdo (cuando el bullying no existía porque nadie había inventado la palabra, y si un niño se quejaba a su padre, éste le daba una colleja y le decía, “pa que espabiles so tonto”, con lo que el zagal espabilaba y aprendía a valerse y defenderse por sí mismo).
Recapitulemos pues. El frikismo consiste en la pasión desmedida hasta la extravagancia, por una afición minoritaria. Como una afición puede ser minoritaria en un lugar, y mayoritaria en otro, puede que la misma persona en uno u otro contexto pueda ser considerado un friki o dejar de serlo.

Como hemos apuntado, el prototipo del friki es el aficionado a las películas y personajes de la serie de La Guerra de las Galaxias. También se suele asimilar a este grupo a los aficionados a determinados videojuegos, ciencia ficción, cosmología, etc.
Rastreando por el universo Google podremos encontrar otras aficiones extravagantes, como las carreras de caracoles o las competiciones de escupidores de huesos de aceituna; de hecho hay un certamen internacional de esto último, escupir huesos de aceituna, creo que en Murcia, o por ahí, y una asociación que está intentando que se reconozca como deporte olímpico.
En cierta ocasión, preparándome para una fiesta de disfraces, me puse a buscar en internet en mercados virtuales de segunda mano algún disfraz de soldado romano. No os podéis imaginar el mercado que existe en la materia. Hay coleccionistas que deben tener armarios llenos de indumentarias con las distintas variantes de centuriones, decuriones, legionarios, pretorianos, etc, en sus versiones del Alto y Bajo Imperio.
Es curioso que existen otras aficiones que son hoy día muy minoritarias, pero que por su antigüedad, clasicismo o ranciedumbre no generan la calificación frikista. Por ejemplo la poesía. Un señor que dedique todos sus ratos libres a leer, recitar y componer poemas, es raro de encontrar, pero no se le considera friki.
Algunas aficiones muy mayoritarias, llevadas hasta el extremo de una forma muy desmedida pueden acarrear también para algunos individuos el calificativo de friki. Pongamos el fútbol. Dejando de lado a algunos personajes que se aficionan a la liga polaca o libanesa y se conocen a los máximos goleadores (hoy día lo dan todo por la tele). En la grada de preferencia del Arcánfield hay un personaje, al que apodan el Maestro, en torno al cual se arremolinan los aficionados en los prolegómenos del partido para que les muestre una libreta plagada de pizarras tácticas con flechas y apuntes, fruto del estudio pormenorizado que ha efectuado del equipo rival, anotando no sólo los nombres de los jugadores, sino también las zonas del campo por las que se mueven, sus virtudes técnicas y tácticas, etc, así como los distintos esquemas de juego y su variantes.
Esta afición, ya de por sí friki, trasladada a una competición minoritaria como el lanzamiento de huesos de aceituna, se situaría ya en el extremo del frikismo. Imaginad el estudio pormenorizado del hueso más apto para ser lanzado, si el de picual, hojiblanca o arbequina, en base a su cualidad aerodinámica y densidad. El modo en que hay que comer la aceituna, si dejar algo de carne pegada al hueso o dejarlo pulido, o el estudio de las respiraciones previas al escupitajo, la alimentación del día anterior a la competición para estar más en forma o el asesoramiento de algún coach, que inocule al competidor la necesaria motivación.
Y termino amigos, como siempre volviendo a la frase, no mía, con la que iniciaba este relato. Como friki que me considero, terminaré con una defensa del colectivo. No por ser minoritaria una afición pasa a ser despreciable, o extravagante en el contexto los tiempos. Vivimos en una sociedad barroca, donde se da a las apariencias, al diseño, una importancia desmedida. El individuo que se adapta a este contexto sobrevive y pasa desapercibido. Otros encontramos ridículo y extravagante la pasión mayoritaria por la tecnología. Aún recuerdo el día en que ví por primera vez un Smartphone con pantalla táctil. Nos arremolinábamos alrededor del dispositivo quedando abducidos durante minutos, igual que pasó a aquellos primates cuando vieron por primera vez el fuego.
Se considera normal el precio desorbitado de algunos productos a los que se consigue adornar con un nombre y un envase atractivo. Busca un producto exótico, como la caca de perro del Himalaya, acierta en el nombre y en el diseño del envase, también en el anuncio de la tele, y te harás rico. Lo mejor es que cuando la gente vea que en realidad ha comprado una cosa que no sirve para nada, en lugar de sentirse estafados te admirarán aún más por tu talento creativo y tus aportaciones a la mercadotecnia.
También se considera normal pasar 6 o 7 horas el fin de semana viendo fútbol por la tele, o programas en los que pretendidos sabios discuten con malos modos sobre lo divino y lo humano.
Todo eso no es friki, aunque sí bastante ovejuno lanar.
Estoy convencido de que dentro de pongamos 300 años, nuestra sociedad será analizada por otros menos tontos que nosotros y considerarán que se trataba de una sociedad mayoritariamente friki, a excepción de algunos individuos que se ocuparon de lo que de verdad importa: la mitología sumeroacadia, además de Rilke.
Por todo ello, amigo, aún estás a tiempo de salir de la mediocridad. Busca tu afición y únete a nosotros. Besos.

Manuel Del Rey Alamillo