lunes, 1 de junio de 2015
viernes, 29 de mayo de 2015
JORNADA DE FERIA DE NUESTRA SEÑORA DE LA SALUD
Entre
sevillanas, farolillos, algún langostino y un poco de calor, un año más, un buen
número de socios se dieron cita este pasado jueves 28 de mayo en la caseta de la Casa de Sevilla para
disfrutar del almuerzo de Feria de Nuestra Señora de la Salud.
Cabe
destacar la belleza de nuestras gitanas que dieron colorido y simpatía a este
acto flamencosocioculturalgastronómicobailaor* y la actitud de pequeños
y grandes que lo dieron todo para llevar a éxito esta jornada de convivencia.
*Palabra pendiente de ser admitida por la Real Academia Española de la Lengua.
Fotos de esta actividad en pestaña Álbum de Fotos.
viernes, 22 de mayo de 2015
FERIA NUESTRA SEÑORA DE LA SALUD
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| CARTEL DE FERIA AÑO 1914 |
Estando en estas fechas de nuestro mayo festivo, tan bueno y tan malo para los estudiantes, los cuales tiene que bandear exámenes con fiestas, ¡qué menos que hablar del origen de la feria de nuestra ciudad!, la cual se celebra en conmemoración de nuestra Señora de la Salud.
Sus orígenes tienen lugar en 1284, cuando el rey Don Sancho IV concedió el privilegio al consejo de Córdoba para que pudiera celebrarse dos veces al año una feria de ganado. Pero es en 1422 cuando empieza a celebrarse con carácter fijo en los primeros días de mayo.
En 1665, frente a la Puerta de Sevilla, dos labradores Simón de Toro y su compadre Bartolomé de la Peña , vecinos del barrio del Alcázar Viejo, mientras araban la tierra dejaron al descubierto la entrada de un pozo con brocal de mármol blanco, descolgándose por él, descubrieron en un hueco de la caña de la imagen en terracota policromada, de unos 15 cm de altura, de Nuestra Señora con el Niño Jesús en brazos; escondida según la tradición por los mozárabes en la época de la persecución musulmana. El agua que manaba del pozo decían que devolvía la salud a todos los enfermos que la bebían, hecho que hizo que los cordobeses fueran hasta este lugar para restablecer su salud, comenzando a venerar la pequeña imagen como Nuestra Señora de la Salud.
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| NTRA. SRA DE LA FUENSANTA |
Para conmemorar aquel hallazgo se erige una pequeña ermita en las inmediaciones, dentro de la cual quedó incluido el pozo donde fue hallada la imagen. Fue abierta al culto en 1673 e integrada en el Cementerio de la Salud en 1805. Inaugurada el segundo día de la Pascua de Pentecostés de dicho año 1673 con una velada y una solemne procesión de la Virgen desde el convento de San Pedro el Real hasta la nueva ermita, empezando así la tradición de ir a rezar a la Virgen en estas fechas, siendo origen de nuestra actual Feria de Mayo.
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| PANORÁMICA DE LA FERIA DE CÓRDOBA EN 1935 |
La feria entre otras localizaciones estuvo situada frente a la Puerta Gallegos para estar más cerca de la antigua Plaza de Toros y en 1820 se traslada al Campo de la Victoria.
En 1890 se aprueba el cambio al 25 de mayo por petición de la Hermandad de Labradores pero es revocado al año siguiente, hasta que en 1905 se decide que el 25 de mayo sea la fecha que prevalezca. Con la llegada a la alcaldía de José Cruz Conde en 1924 se utiliza por primera vez la electricidad en la feria y aparecen las primeras casetas particulares.
En 1994 la feria se traslada con gran disgusto de los cordobeses al recinto ferial del Arenal por la falta de terrenos que impedía su crecimiento para la instalación de más casetas y por la incomodad que producían los ruidos y el corte de las principales arterias de la ciudad.
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| CASETA DEL CÍRCULO DE LA AMISTAD |
Como dato curioso os acompaño a continuación la crónica de 1915 de la celebración de la Gran Feria de Nuestra Señora de la Salud , siendo alcalde D. Manuel Enríquez Barrios, que nos relata la Feria de Ganados, los Juegos Florales, la Exposición Regional de Aceites y por su puesto, como no podía faltar, las Corridas de Toros.
martes, 19 de mayo de 2015
DOMINGO BADÍA: EXPLORADOR, ESPÍA, ALCALDE
“Bueno,
pero aparte del alcantarillado, la sanidad, la enseñanza, el vino, el orden
público, la irrigación, las carreteras y los baños públicos, ¿qué han hecho los
romanos por nosotros?”
(De
la película La vida de Brian)
Si
a mis ilustrados y curiosos lectores les propongo hablarles de un tal Domingo
Badía probablemente no sabrán a quién me refiero, qué méritos hizo tal
personaje para ser nombrado en este artículo. Pero si os digo que fue y es más
conocido por su otro nombre, Ali Bey, quizás os suene algo más.
Efectivamente,
Domingo Badía, bajo el nombre de Ali Bey, es conocido por ser uno de los
primeros occidentales que exploró y conoció de cerca el mundo islámico, tanto
del norte de África como de lo que en esa época, primeros del siglo XIX, era el
Imperio Otomano. Su famoso viaje como embajador, o quizás espía, a cargo de
Godoy, le llevó entre 1803 y 1808
a lugares como Jerusalén y La Meca , haciéndose pasar para
ello por un príncipe musulmán criado en Europa, valiéndose de su conocimiento
del árabe. Más tarde escribiría un libro sobre sus viajes que fue traducido al
inglés, francés y alemán, que causó envidia entre las sociedades geográficas de
los países vecinos. Su muerte, acaecida en Damasco, no es menos novelesca, al
parecer envenenado por los servicios secretos británicos cuando él llevaba a
cabo una misión secreta para el gobierno francés.
Menos
se conoce su vinculación con nuestra ciudad, Córdoba. Domingo Badía, nacido en
Barcelona, recorrió con su familia gran parte de la geografía española debido a
la profesión de su padre, Comisario de Guerra, y más tarde la suya,
administrador de la Real
Renta de Tabacos. Uno de los lugares donde recaló en torno a
1795, fue en Córdoba. En nuestra ciudad profundizó en su interés por el mundo
árabe, al mismo tiempo que desarrolló otras aficiones, como la astronomía,
estudio para el cual utilizaba como observatorio la Torre de la Malmuerta , y también la
aerostática, si bien con poco éxito. No obstante, los habitantes del Campo de la Merced tardarían mucho
tiempo en olvidar a aquel funcionario forastero que construyó un globo en dicho
lugar y tuvo que desistir de alzar el vuelo en él, unas veces por el viento,
otras por problemas técnicos, y la cuarta y última por obra y gracia de su
propio padre, que le impidió tal locura denunciándolo a las autoridades.

Pero
no fue esta la última estancia de Domingo Badía en nuestra ciudad. Como hemos
expuesto más arriba, en 1803 partió para su famoso viaje por el mundo islámico,
como embajador del gobierno de Godoy, aunque con identidad falsa. A su vuelta
se encontró con un país en plena Guerra de Independencia, ocupado por las
tropas napoleónicas. Por consejo de Carlos IV, ofreció sus servicios a José I
Bonaparte, quien lo nombró alcalde de Córdoba, cometido que desempeñó durante
los años 1810 y 1811. Poco tiempo sí, pero de una ingente labor, que aún
debemos agradecerle, ya que algunas de sus actuaciones aún perduran. Me refiero
en concreto a los Jardines de Agricultura, más conocidos como Jardines de los
Patos, y al Cementerio de
Otra
obra conocida de su época es el conocido como Plano de los Franceses, que es la
primera descripción cartográfica de nuestra ciudad.
También
introdujo cultivos que aún perduran en nuestro entorno, como el algodón, la
remolacha o la patata.
No
sólo eso. Domingo Badía, hombre viajado e ilustrado, tuvo la extraña ocurrencia
de organizar en Córdoba unos servicios municipales impropios de una ciudad de
su nivel: alumbrado y recogida de basuras. Sí, amigo, hasta entonces a nadie se
le había ocurrido. Tuvo que venir un afrancesado, para más inri catalán, a
mostrarnos que desde la autoridad y la administración se podía hacer algo más
que mantener el orden público y recaudar impuestos.
Ahora,
querido amigo prueba a buscar en Google Maps la calle Domingo Badía. No se
encuentran resultados. Prueba a buscar la calle Ali Bey. En Barcelona, donde
nació.
Domingo
Badía sirvió a un gobierno que estaba sostenido por un ejército invasor, que
como tal ejército invasor se comportó. Pero más 200 años después sería cuestión
de fijarnos en lo positivo y recordar
los servicios que prestó a nuestra ciudad este aventurero, ilustrado y
polifacético, a quien desde luego debemos más que a otros personajes que prestan
su nombre a algunas de nuestras principales plazas, calles y avenidas.
Manuel Del Rey Alamillo
martes, 12 de mayo de 2015
CARNAVAL EXPRESS
Aquel sí que fue un gran Carnaval. No en vano Javi el Gallo lo empezó a lo grande: perdiéndose en PuertaTierra. Efectivamente, el primer sábado de Carnaval tuvo que llamar a las ocho de la tarde a la Pili , su novia, para que fuera a buscarlo, porque no se acordaba de si vivía, palabras textuales, “de PuertaTierra pa fuera o de PuertaTierra pa dentro”. Menos mal que Pili es una santa. Y es que el Gallo se había liao ya desde por la mañana temprano. Toda una premonición...
Después, la semana había transcurrido tranquilita pero, ya se sabe: hasta el carnaval chiquito, todo es toro. Y, como muestra, un botón:
Domingo de Piñata. Taberna de “La Revolera ”. Nueve de la mañana. -“Bien está lo que bien acaba”- era lo único coherente que yo podía articular después de once horas largas de romería por la Viña. Ernesto se empeñaba en invitarme a otro vaso, cuando hacía rato que yo ya había perdido la cuenta. Y es que Ernesto ni tenía ni tiene hartura. Menos mal que pude hacerle un quiebro y escaquearme hacia la puerta con la bendita intención de dormir la mona.
Con los que no había contado era con Tacote y con el Mario, que estaban literalmente “precintando” la Viña. No sé de dónde narices habían sacado una bovina de precinto de esas que usa la Policía Local. El caso es que habían empezado a desliarla delante justo del “Manteca” y cuentan que no pararon hasta que llegaron a Cañamaque, pasando por delante de “La Revolera ”, desenrollando metros y metros de precinto. En la puerta de la taberna, como pude, me zafé de la cinta y alcancé la calle. El sol estaba ya en todo lo alto y pegaba fuerte. A mí, estas cosas, me cortan el punto. Así que, con las manos en los bolsillos, enfilé los Callejones y me fui ligerito pa casa. Conté hasta cinco camballás antes de torcer Sagasta. De eso sí que me acuerdo.
De lo que no me acuerdo es de a qué altura de la calle me alcanzó. Se me colgó del brazo con una naturalidad que me hizo sentirme realmente violento. Verdaderamente, era guapísima. De esas guapas que te duele cuando las miras, tú sabes...
De pronto, me soltó a bocajarro que se había perdido de sus amigas porque hacía rato que se habían ido a dormir a San Fernando. Y que si no me importaba, me pidió quedarse en mi casa hasta los Coros de esa tarde y así volver a encontrarse en la Plaza con ellas.
-“Vale”- le dije sin mirarla, con la vista fija en los adoquines de Sagasta. Víctor y yo estamos acostumbrados, y más en Carnaval, a que la casa de Ahumada 7 se convierta en la “Pensión de la guita” en lo que a hospedar a gente se refiere. Donde caben diez, caben quince más…
Desde luego, lo que se dice comunicativo, no lo estuve mucho. Pero es que el escarmiento es un gran antídoto. Y lo que me rondaba la cabeza, incluso sin yo quererlo, era un espejismo como el sombrero de un picador. Tanto tiempo la había esperado precisamente a ella (porque realmente era Ella) y tenía que hacerse la encontradiza justo ahora. Ahora que maldita la falta que me hacía y que no estaba el horno para muchos bollos. Porque, después de un montón de años naufragando, parece que en la época en que sucedió todo por fin había llegado a mi isla desierta. Y no quería ni pensar que la previsible tempestad que se me venía encima me obligaría a hacerme de nuevo a la mar con lo puesto y lamentando, con razón, dejar atrás quizá mi verdadera y única tierra prometida.
Y, para más inri, sólo sentía ese pitido de oídos tan fastidioso que le queda a uno cuando sale de cualquier garito donde la gente no para de hablar muy alto y de pronto te encuentras en una calle completamente silenciosa y, normalmente, ya es de día.
Yo no quería más líos. Realmente, lo único que me apetecía era llegar y echarme a dormir en mi cama “como los toros que se van a morir a las tablas, buscando la querencia”. Esta reflexión tan profunda se la debo a mi inefable amigo Manué.
Así que apreté el paso con ella enganchada en mi brazo mientras nos acercábamos a San Francisco. De hecho, creo que pasamos bastante rato los dos callados, evitando mirarnos. Lo que sí que no podía evitar era que me llegara el olor de su pelo, tan pegada iba a mí. Olía a brea. Creo que se dio cuenta. Al punto, recordé mi canción de Serrat preferida: “...jugando con la marea te vas pensando en volver; eres como una mujer perfumadita de brea”. No pude evitar cantarle ese cachito y ella se rió, debido seguro a mi oído musical. “El compás se tiene o no se tiene”. Otra perla del Manué. Después de esto, tuve que exagerar mi puntito para no tener que sacar ninguna otra conversación.
El caso es que ya íbamos por Antonio López y, en dos pasos, enfilamos, por fin, Ahumada. El otro extremo de mi calle desemboca, así, del tirón, en la Alameda. A esa hora de la mañana, con el sol en todo lo alto, se recortaba ese sagrado trozo de Alameda, con el Atlántico al fondo, el cielo muy azul, la balaustrada y uno de esos faroles que la alumbran de noche.
Total que, a mitad de la calle, a la altura de mi casapuerta, hice el amago de sacar la llave para entrar cuando ella me dice: “Espera, vamos a ver el mar un momento”. Automáticamente comprendí que estaba perdido. Resignado, guardé la llave y nos dirigimos hacia la Alameda.
No sé si lo prefiero o no, pero todo lo que empezó a decirme a partir de ese momento lo conservo para mí envuelto en una bruma balsámica. Parte de culpa la tuvo, por supuesto, todo lo que hasta entonces llevaba trasegado. Pero lo bueno de no recordar las cosas con nitidez es que las lagunas se pueden rellenar al antojo de uno y se pueden adornar como más convenga según qué momento.
Nuestros corazones tenían sendos dueños. La vida, cuando quiere, es muy perra. Y, como canta Rubén Blades con la orquesta Platería, a veces te da sorpresas.
La siguiente fue que ella comenzó a besarme. Era inútil intentar luchar. “Si la carne es débil, figúrate el pescado...” cantaba Paquito D’Alcatraz, poeta boloñés. Me dejé llevar, como tantas otras veces, resignado a lo irremediable. Algo me decía que esta era la primera y la última vez que podría asomarme a su abismo.
Después de esto, no pude evitar llevarla a mi rincón preferido de la Alameda : la fuente de azulejos azulísimos que hay bajo el ficus gigantesco, en la curva del Baluarte. Ella me dejó hacer, con esa sabiduría antigua de siglos que, de alguna manera, transmitía...
Cuando desperté en mi cama de Ahumada 7, me encontraba solo y bastante jodido por aquello de la resaca, entre otras cosas. Ya se había ido, sin decir ni pío. Por lo menos, la almohada olía a brea, a su pelo: algo tangible que demostraba que, realmente, todo había sucedido. No, no fue un buen Domingo de Piñata. Viendo los Coros estuve ausente toda la tarde de la realidad, con un sabor de boca agridulce, con una sensación extraña.
Esa sensación me fue abandonando poco a poco, conforme fueron pasando los días. Y es que llega un momento en el que todo se confunde y se mezcla en la memoria por más que intentes retenerlo, conservarlo para poder ir recordándolo poco a poco, con paciencia de taxidermista que disecara recuerdos en vez de animales. Y quizá sea mejor así, guardarlo todo en una especie de batiburrillo en el que todo se amontona sin ton ni son.
Y otra vez empiezas a frecuentar los bares, a tomarte unos vasos con Víctor, con Jose el Largo o con el Gallo mismo, si tienes ganas de liarte de verdad. Y haces todo lo posible por olvidar aquel Domingo de Piñata, a la vez que no quieres olvidarlo del todo. Y recuerdas nítidamente un retazo de aquel amanecer para luego almacenarlo en el último rincón de la memoria esperando inútilmente que ésta no te pase factura. Y la vida trascurre cínicamente a tu alrededor, como sólo ella sabe. Y la resignación se va abriendo camino...
Esta mañana tenía que ir a ver a mi amigo Luis a su nuevo despacho en el Museo de la Plaza Mina. Le tenía que devolver un libro que me prestó. Acababa de aprobar las oposiciones de conservador y se incorporaba esta misma semana.
Me indicaron que podría encontrarlo después de atravesar la sala donde se conservan los dos grandes sarcófagos fenicios encontrados bajo el suelo de Cádiz. Y hacia allí me dirigí.
No pude avanzar más. Delante de mí, en aquella gran sala del Museo, había dos sarcófagos enormes….
Mira que llevo años viviendo en Cádiz y nunca había hecho por verlos. El que representaba a un hombre estaba a la izquierda, esculpido de forma magnífica. Su cara se me antojó demasiado solemne, la cara de los que verdaderamente duermen el sueño eterno. Pero el otro...
El otro olía a brea. Entonces, al fin, la reconocí.
Enrique García Luque
miércoles, 6 de mayo de 2015
NI QUITO NI PONGO REY...
La segunda mitad del siglo XIV se caracteriza en el reino de
Castilla por una sucesión de guerras que van a tener una consecuencia
desastrosa en la economía del Estado.
Y más concretamente con la muerte de Pedro I “El Cruel” (o “el
Justiciero”) y el advenimiento de Enrique II “el de las Mercedes” (también se
le conoce a éste como “el Fraticida” o “el Bastardo”), de la casa de Trastamara.
Ambos eran hijos de Alfonso XI, si bien Pedro era hijo legítimo
con Doña María de Portugal mientras que Enrique era bastardo tenido con Doña
Leonor de Guzmán. Las disputas entre ambos hermanos fueron constantes y se
saldaron con la muerte del legítimo heredero por parte del bastardo.
Las guerras fraticidas se relacionan con personajes y acontecimientos
como:
-
Alianza
con Pedro IV de Aragón contra su hermano. Prometía Enrique el Reino de Murcia y
10 plazas importantes el día que subiese al trono. Negó posteriormente al rey de Aragón todas las cesiones territoriales que le había prometido en los tiempos difíciles.
-
El
mercenario francés Beltrán de Duguesclín.
-
Fernando
I de Portugal invade Galicia.
-
Duques
de Lancaster y York, pretendientes al trono.
-
Incluso
el rey nazarí de Granada Abu Abd-Allah Mohamed ben Yuçuf (Mohamed V) participó
en las guerras fraticidas siempre del lado de Pedro I. Ya en 1367 se aliaron
contra Córdoba, que había tomado parte por Enrique, y se enfrentaron el 6 de
noviembre al Adelantado Mayor de la frontera Alonso Fernández de Córdoba en la Batalla de los Piconeros.
En el año 1368 apoyó a Pedro con un poderoso ejército, haciendo algunas
correrías por el territorio castellano a la muerte de éste.
La noche del 23 de marzo de 1369, Pedro I, vencido en los Campos
de Montiel, caía bajo la daga de su hermanastro Enrique en la tienda de
Duguesclín, entronizándose así la rama bastarda de Trastamara en Castilla. Se
cuenta de Duguesclín la frase de “Ni
quito ni pongo rey pero ayudo a mi señor” pronunciada en el mismo momento
del fraticidio.
Las recompensas que recibieron los nobles aliados junto con Duguesclín
y demás soldados de fortuna fueron cuantiosas, lo que unido a las continuas
contiendas relatadas justifican la depreciación que tuvo la moneda, que algún
autor ha llegado a definir como las “falsificaciones reales”.
Enrique II, reales de vellón
del 1369
El caso más típico de esa situación se da con el real de vellón de Enrique II.
Se trata de una moneda que debería ser de plata, pero que se
acuña en vellón. Son piezas que presentan en el anverso el busto coronado del
rey de frente con las iniciales E-N coronadas a los lados. Y en el reverso el
escudo cuartelado con castillos y leones rampantes a izquierda.
Y en el exterior + ENRICVS DEI GRATIA REX CASTELLE en ambas
caras (no apreciable en este caso por cuestiones obvias)
Se acuñaron en Córdoba, Coruña, Cuenca, León, Medina del Campo,
Segovia, Sevilla, Soria y Toledo. Estas emisiones se realizaron en el año 1369.
Estos reales tenían una ley de 3 dineros (en lugar de 11 dineros
4 granos) y una talla de 70 en marco (en lugar de 66). Para que nos entendamos,
aproximadamente 250 milésimas en lugar de 930. Y un peso de 3´3 gramos en lugar
de 3´5 gramos. ¡Se había rebajado su plata a la cuarta parte!
En las Cortes de Toro de 1371 se bajaron los falsos reales a 1
maravedí, declarando que la superior valoración “se había fecho por poder pagar muchas e muy grandes quantías que debía
a Mosén Beltrán de Claquín”
Por Juan Manuel López Márzquez
miércoles, 29 de abril de 2015
PASEO POR CÓRDOBA: EN TORNO A LOS ALCÁZARES
Recordatorio del Paseo que hicimos el pasado día 14 de febrero, con el que pretendíamos rememorar algunas cosas conocidas y anécdotas que tal vez estuvieran olvidadas, andar un poquito y "Estrechar Lazos" con la convivencia.
Empezamos por la rampa que desde Dtor. Fleming da acceso al Alcázar Viejo (Barrio de S. Basilio), la cita más antigua sobre él, es de 1.317, cuando aun no existía el de los Reyes Cristianos. Situado en el extremo suroccidental de la Villa y encerrado entre recintos amurallados, el castillo de la Judería y murallas levantadas a finales del s. XIV para...
Por Pedro Luis González González
lunes, 27 de abril de 2015
DÍA GÉNESIS - 25 DE ABRIL
Visita al Zoo
Aunque la mañana amanecía con mal presagio en cuanto al tiempo, pudimos disfrutar de una jornada en el zoo “de primera”. Las caritas de nuestros pequeños se iluminaron en cuanto entramos por la puerta y comenzamos a ver a los habitantes del zoo. Elefante, jaguar, animales de la granja, hasta el león no defraudó con sus rugidos de rey de la selva. Pero sin duda, la actividad con los lémures fue lo que más les divirtió. Conocieron un poco más a estos animales, como viven, prepararon collares con frutas y se las ofrecieron cuando entraron a su hábitat. En resumen, una jornada en la que padres, abuelos, tíos y niños, disfrutaron mucho.
Gema Pérez Fernández
Conferencia
Por la noche, bajo el título “Murallas y Puertas de Córdoba: Ayer y Hoy”, nuestro amigo y socio, José Luis Arjona nos adentró en la Córdoba amurallada desde su fundación por los romanos hasta nuestros días.
José Luis nos hizo recorrer por las murallas enumerando las disitintas puertas que daban acceso a nuestra ciudad y mostrando lo que actualmente quedan de ellas o la ubicación de donde estaban.
Ayudado por la proyección de imágenes consiguió el entendimiento e interés de todos los presentes.
Tras la conferencia se continuó con una cena-convivencia en el mismo salón que nuestra asociación tenía reservado para tal ocasión en la Taberna Maltrapillo.
miércoles, 8 de abril de 2015
MURALLAS Y PUERTAS DE CÓRDOBA IV (ÉPOCA BAJOMEDIEVAL, PUERTAS DE LA AXERQUÍA)
En este cuarto apartado, nos referiremos a las
puertas de la Axerquía
que figuran en el Plano de los Franceses de 1811, exactamente las mismas que
existían en tiempos de la conquista de Córdoba por Fernando III año 1236.
Constaba de ocho puertas que, siguiendo ese mismo
recorrido, eran las del Rincón (en Colón), Colodro, Misericordia (ambas en
Ollerías), Plasencia (junto a los Trinitarios), Andújar (junto a la Magdalena ), Nueva
(frente a Derecho), Baeza (frente a la avenida de la Fuensanta ) y Martos
(junto al molino del mismo nombre). Ninguna de ellas se conserva en la
actualidad.
Partimos de la situada en la Puerta del Rincón siguiendo
por la muralla en el sentido de las agujas del reloj.
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| Plano de los Franceses |
Puerta del Rincón:
Situada en la confluencia de los dos lienzos de la
muralla septentrional de la ciudad: uno, perteneciente a la Villa venía de la Puerta de Osario, y otro,
perteneciente a la Axerquía ,
iba hacia la torre de la
Malmuerta. Era una puerta de la cerca de la Ajerquía que según indica
el Plano de Ocaña Jiménez no tenia denominación árabe conocida en la última
etapa musulmana, conociéndose en los siglos bajomedievales con el nombre del
puerta del Rincón, por estar ubicada en el ángulo de la muralla. Esta puerta,
perteneciente a la collación de Santa Marina, estaba constituida por un arco
que <no lucía tanto por su situación, como por estar más de la mitad cubierto
por un tabique en que habían pintado las armas de Córdoba>.
En época moderna es una de las puertas más
utilizadas, según López Ontiveros, por afluir hacia ella los caminos de casi
todos los pueblos de la sierra, si bien no lo sería tanto en los primeros años
de la Baja Edad
Media al estar esta zona ocupada por huertas. Aunque esta puerta no ha llegado
hasta nosotros al ser demolida a mediados del siglo XIX para construirla más
afuera en lo alto de la cuesta que formaba a su salida, el topónimo ha permanecido
en esta zona.
Puerta de Alvar Colodro o del Colodro:
Situada en el lienzo septentrional de la muralla de la Axerquía existía ya en la
última etapa musulmana, aunque su nombre, según Ocaña Jiménez, no era conocido.
Ubicada cerca de la actual plaza de la Lagunilla , su topónimo fue debido a su
conquistador, Alvar Colodro, uno de los dos almogávares que en la noche del 23
de enero de 1236, escalaron en primer lugar la torre situada en esta puerta.
Conocida desde el siglo XIII con este nombre, posteriormente, en el siglo XIV,
nos aparece ya como puerta del Colodro, simplemente. Cerca de ella se
encontraban las Ollerias y un molino de aceite.
Esta puerta, perteneciente a la collación de Santa
Marina ha tenido algunas reedificaciones, porque ha sido abierta y cercada
siempre que se ha padecido alguna epidemia y últimamente se compuso y quedó
abierta en 1873. Aunque está recogida en el Plano de los Franceses, no se ha
conservado hasta nosotros, si bien su topónimo si ha permanecido en el lugar
donde estuvo situada.
Puerta de Alquerque o Excusada:
Situada en el lienzo septentrional de la muralla de la Axerquía existía también
en la última etapa musulmana, aunque su nombre según Ocaña Jiménez, no era
conocido para esta época. Sin embargo, creemos que el primitivo topónimo con
que se la conoce en el siglo XIII, puerta de Alquerque, sería el mismo de antes
de la conquista. Dicho nombre hace alusión a la ubicación de la puerta,
perteneciente a la collación de Santa Marina, en la confluencia de dos lienzos
de muralla que formaban un amplio rincón, quedando de esta forma oculta, de ahí
el topónimo posterior de Excusada, que es la significación del que tenía en el
momento de la conquista. Entre la puerta del Colodro y la de Alquerque, que se
encontraba cerrada a finales del XIII, se extendía extramuros la ollería y la
tinajería, encontrándose cerca de la segunda la huerta de Santa María.
Según Ramírez de Arellano, al arder las puertas mucho
después de la conquista, fue tapiada, conociéndose entonces como puerta
Quemada, abriéndose otra vez en el siglo XVI con la misma construcción antigua,
hasta que en el XVIII, una vez construido el hospital del Santo Cristo de la Misericordia , se
destruyó y fue edificada otra nueva, que recibió el nombre de Misericordia, topónimo
con el que se ha conocido este lugar hasta hoy.
Puerta de Plasencia:
Situada en el lienzo oriental de la muralla de la Axerquía , existía desde
la última etapa musulmana con el nombre, según Ocaña Jiménez, de al-Farach.
Aparece ya en el siglo XIV con el topónimo de Plasencia, debida, según Ramirez de Arellano, a que por ella entraron
las milicias concejiles de esta ciudad cuando la conquista de Córdoba. Sobre
esta puerta, perteneciente a la collación de San Lorenzo, existía una torre
para su defensa. Tuvo, según nos indica el autor antes citado, una gran
importancia durante toda la
Baja Edad Media al ser el lugar por donde hicieron su entrada
en Córdoba los distintos monarcas que a lo largo de dichos siglos vinieron a
nuestra ciudad. Posteriormente, ya en el siglo XVI, dejó de tener esta
importancia al abrirse en este lienzo oriental de la muralla otra puerta,
denominada Nueva o de Alcolea, que pasaría a desempeñar su función. El topónimo
de Plasencia fue sustituido en los siglos modernos por el de los Padres de
Gracia, por su proximidad al convento de este nombre, apareciendo así en el
Plano de los Franceses. Sin embargo, esta zona es conocida actualmente con su
primitivo nombre, si bien la puerta no se ha conservado.
Puerta de Andujar:
Situada en el lienzo oriental de la muralla, no
poseía nombre conocido, según Ocaña Jiménez, en el momento de la conquista de
Córdoba. El origen de su topónimo, que nos aparece en el siglo XIV, habría que
buscarlo en uno de estos dos hechos: era el inicio del camino a dicha ciudad o
porque frente a ella acampó la milicia del concejo de Andujar cuando la
conquista de nuestra ciudad. La puerta, perteneciente a la collación de Santa
María Magdalena, estuvo muy descuidad desde el momento de la conquista, estando
constituida por dos torres iguales unidas por un arco encontrándose junto a
ella la torre de los Donceles, una de las fortalezas que defendían la ciudad y
sólo podía cederle la primacía a la que llamamos de la Calahorra. Primitivamente
dicha torre estaba constituida por dos torres de la que se formó una sola
unidas por el lado N por un doble lienzo de muralla en cuyo centro estaba
practicada la puerta, formada por dos arcos apuntados, mayores que el medio
circulo, separados entre sí por un corto trecho, el cual estaba cerrado por una
bóveda.
En el siglo XVI, al hundirse una de las torres de
esta fortaleza, se traslado la puerta de Andujar frente a la calle Muñices,
dándole una forma gótica, siendo recogida por el Plano de los Franceses en
dicho lugar. Fue cerrada según Ramírez de Arellano en la primera mitad del
siglo XIX y posteriormente, dentro del mismo siglo, fue demolida, si bien se
conservó todavía la torre. A nuestros días, sin embargo no ha llegado nada,
solamente se ha conservado el nombre de Ronda de Andujar, para la calle creada
en el lugar por donde iba el trazado de la muralla.
Puerta Nueva:
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| Puerta Nueva |
Aunque dicha puerta no la hemos mencionado en la
descripción de la línea oriental de la muralla que cercaba a la Córdoba Bajo
Medieval, ya que su creación fue en el siglo XVI, queremos dejar constancia de
su existencia. Conocida modernamente con el nombre de Alcolea, fue escenario de
la entrada de regios personajes, llegando a tener, según Ramírez de Arellano,
la misma importancia que en los siglos bajo-medievales, tuvo la puerta de
Plasencia. Al principio se abrió sólo un paso para los vecinos del barrio, convirtiéndose
posteriormente en puerta, parte de la cual, construida en la proximidades de la
actual iglesia del Carmen, se hundió después de realizada la carretera general
Madrid a Cádiz, y el resto desapareció para mediados del siglo XIX, si bien
esta zona ha conservado dicho topónimo.
Puerta de Baeza:
Ubicada en el lienzo oriental de la muralla de la Axerquía , fue conocida en
la última etapa musulmana, según Ocaña Jiménez, con el nombre de puerta de
Abbas. Perteneciente a la collación de Santiago, nos aparece con este topónimo
desde el siglo XIII, debiéndose a uno de los dos motivos ya reseñados en la
puerta de Andujar: por ser el lugar donde acamparon las milicias del concejo de
Baeza o por iniciarse a partir de esta puerta el camino a dicha ciudad. Estaba
constituida por dos líndas torres redondas o tambores, unidas por un precioso
arco semicircular coronado todo de graciosas almenas y formado por una argamasa
que en nada pudo aprovecharse cuando se cometió el desatino de privar a Córdoba
de una de sus más bellas joyas artísticas.
La importancia de esta puerta en los últimos siglos
medievales, vendría dada por ser una de las entradas más utilizadas por los
que, dirigiéndose hacia el sur, tenían a nuestra ciudad como paso obligado.
Desapareció en la segunda mitad del siglo XIX, no conservándose tampoco su
topónimo en la actualidad.
Puerta de Martos:
Situada en el lienzo meridional de la muralla de la Axerquía , existía ya
desde época musulmana, si bien su nombre según Ocaña Jiménez no era conocido en
el momento de la conquista de Córdoba.
Fue la primera puerta que, una vez ganadas las
murallas de la Axerquía ,
abrieron los cristianos para que entraran por ella Pero Ruiz Tafur con otros de
a caballo, recibiendo este topónimo desde el primer momento por ser las
milicias del concejo de Martos, quienes entraron por ella.
Esta puerta, perteneciente a la Collación de Santiago,
estuvo situada en un rincón de la muralla, teniendo una torre cuadrada – las de
las Siete Menas- junto a ella. Cerca se encontraba el molino de su mismo
nombre, por lo que sería una puerta de bastante tráfico.
Fue casi destruida por el terremoto del siglo XVIII,
teniendo que ser demolida posteriormente, por lo que ya no aparece con su
primitivo topónimo en el Plano de los Franceses, si bien lo conservó el molino
antes mencionado.
Con ésta última puerta y entrega, se concluye la
breve descripción de las Murallas de Córdoba, sus puerta y postigos, quedando
abierto el camino para que en torno a ellas, se puedan aportar historias, leyendas,
hechos y más amplias descripciones que nos hagan conocer y valorar en sus justas medidas el
patrimonio de nuestra ciudad, disfrutando de ello a través de paseos, lecturas
o instruyendo a nuestros hijos y nietos, se lo debemos a nuestros descendientes
para que conozcan su ciudad, historias y personajes que han engrandecido el
nombre de Córdoba.
Bibliografía: “Recinto amurallado de la Córdoba bajomedieval” de
D. José Manuel Escobar Camacho; Puerta Osario Blog.
José Luis Arjona Lara
jueves, 2 de abril de 2015
MEDITACIONES BAJO LA TRABAJADERA
Para un costalero la Semana Santa comienza conforme pasa el Rey Baltasar ya que a los pocos días, si no lo ha hecho antes, recibe la comunicación con el día de la igualá y con los días de ensayo.
Ese día es el día de volver a sacar los arreos y preparar el costal, la faja y las zapatillas que con tanto mimo guardo después de la ultima estación de penitencia.
El día de la igualá es un día de alegría ya que vuelves a ver a tus hermanos de costal, a muchos de los cuales no has vuelto a ver desde la semana santa pasada y con los que has compartido muchas vivencias debajo de la trabajadera.
Luego vendrán los ensayos para volver a coger sensaciones y lo que es más importante, para recordarle al cuerpo lo que va a pasar el día de salida.
Centrándonos en la semana santa en cuestión un mes antes ya estamos mirando todas las páginas habidas y por haber relacionadas con el tiempo, somos así de masocas que le vamos a hacer. Este año es distinto ya que el Lorenzo ha decidido no perderse ningún detalle de la semana.
Yo en particular el día de antes ya empiezo con el pellizco en el estomago ese mismo día dejaré ya todo preparado, todo bien planchado y doblado.
El mismo día de salida ese pellizco se hace aun mayor si cabe, ya que la cabeza nos dice que es inminente la cosa. Ese día son idas y venidas por el pasillo de casa con la mirada perdida y los sentimientos a flor de piel.
Luego a media mañana me dirijo al cocherón a verle la cara y hablar con él un ratito, después comida y a vestirse que llega la hora de que el capataz nos reparta el trabajo.
Una vez repartido el trabajo empieza el ritual de vestirnos, el costal sin arrugas, bien fajados. Terminado todo el proceso nos dirigimos al cocherón, una vez dentro se palpa la concentración total, todo es silencio, nadie habla, cada uno esta con sus pensamientos y de repente suena el martillo, señal de que tenemos que meternos debajo del paso. El hermano mayor nos dedica unas palabras y rezamos a Nuestros Titulares.
Se vuelve a hacer el silencio más absoluto, si puede ser, en la oscuridad del paso junto a la del cocherón solo se oye la respiración de 35 almas que saben que van a ser los pies del Señor.
De repente claridad, el cocherón se ha abierto suena el martillo del capataz y desaparece el pellizco. Salimos a la calle con los sones del Himno Nacional y nos metemos en la pelea.
Mientras estamos debajo de la trabajadera nadie habla cada uno se dedica a hacer su trabajo y a hablar con el de arriba.
Después de 6 horas en la calle enfilamos la cuesta, ya estamos en casa sólo nos queda un último esfuerzo.
Finalmente en el cocherón todo son abrazos y alegría por un trabajo bien realizado y alguna lagrima se escurre por las mejillas.
Antes de salir del cocherón una ultima mirada al Señor pidiéndole salud para volver a ser sus pies la próxima semana santa.
Rubén David Ramiro Barrantes
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