miércoles, 29 de abril de 2015

PASEO POR CÓRDOBA: EN TORNO A LOS ALCÁZARES

Recordatorio del Paseo que hicimos el pasado día 14 de febrero, con el que pretendíamos rememorar algunas cosas conocidas y anécdotas que tal vez estuvieran olvidadas, andar un poquito y "Estrechar Lazos" con la convivencia.

Empezamos por la rampa que desde Dtor. Fleming da acceso al Alcázar Viejo (Barrio de S. Basilio), la cita más antigua sobre él, es de 1.317, cuando aun no existía el de los Reyes Cristianos. Situado en el extremo suroccidental de la Villa y encerrado entre recintos amurallados, el castillo de la Judería y murallas levantadas a finales del s. XIV para...


Por Pedro Luis González González

lunes, 27 de abril de 2015

DÍA GÉNESIS - 25 DE ABRIL

Visita al Zoo


Aunque la mañana amanecía con mal presagio en cuanto al tiempo, pudimos disfrutar de una jornada en el zoo “de primera”. Las caritas de nuestros pequeños se iluminaron en cuanto entramos por la puerta y comenzamos a ver a los habitantes del zoo. Elefante, jaguar, animales de la granja, hasta el león no defraudó con sus rugidos de rey de la selva.  Pero sin duda, la actividad con los lémures fue lo que más les divirtió. Conocieron un poco más a estos animales, como viven, prepararon collares con frutas y se las ofrecieron cuando entraron a su hábitat. En resumen, una jornada en la que padres, abuelos, tíos y niños, disfrutaron mucho.
   Gema Pérez Fernández



Conferencia


Por la noche, bajo el título Murallas y Puertas de Córdoba: Ayer y Hoy”, nuestro amigo y socio, José Luis Arjona nos adentró en la Córdoba amurallada desde su fundación por los romanos hasta nuestros días.

José Luis nos hizo recorrer por las murallas enumerando las disitintas puertas que daban acceso a nuestra ciudad y mostrando lo que actualmente quedan de ellas o la ubicación de donde estaban.
Ayudado por la proyección de imágenes consiguió el entendimiento e interés de todos los presentes.

Tras la conferencia se continuó con una cena-convivencia en el mismo salón que nuestra asociación tenía reservado para tal ocasión en la Taberna Maltrapillo.

miércoles, 8 de abril de 2015

MURALLAS Y PUERTAS DE CÓRDOBA IV (ÉPOCA BAJOMEDIEVAL, PUERTAS DE LA AXERQUÍA)

En este cuarto apartado, nos referiremos a las puertas de la Axerquía que figuran en el Plano de los Franceses de 1811, exactamente las mismas que existían en tiempos de la conquista de Córdoba por Fernando III año 1236.
La Axerquía nació como recinto amurallado en algún momento entre los siglos XI y XII, probablemente durante las guerras civiles que provocaron la descomposición del Califato. La muralla seguía, de manera aproximada, el recorrido de varias avenidas importantes de la actualidad: Plaza de Colón, Avenida de las Ollerías y Ronda del Marrubial, para después callejear junto al colegio de los Salesianos, Ronda de Andújar y Campo Madre de Dios, hasta llegar a la Ribera, por donde seguía su recorrido hasta conectar con la muralla de la Villa en la Cruz del Rastro.
Constaba de ocho puertas que, siguiendo ese mismo recorrido, eran las del Rincón (en Colón), Colodro, Misericordia (ambas en Ollerías), Plasencia (junto a los Trinitarios), Andújar (junto a la Magdalena), Nueva (frente a Derecho), Baeza (frente a la avenida de la Fuensanta) y Martos (junto al molino del mismo nombre). Ninguna de ellas se conserva en la actualidad.
Partimos de la situada en la Puerta del Rincón siguiendo por la muralla en el sentido de las agujas del reloj.
Plano de los Franceses


Puerta del Rincón:

Situada en la confluencia de los dos lienzos de la muralla septentrional de la ciudad: uno, perteneciente a la Villa venía de la Puerta de Osario, y otro, perteneciente a la Axerquía, iba hacia la torre de la Malmuerta. Era una puerta de la cerca de la Ajerquía que según indica el Plano de Ocaña Jiménez no tenia denominación árabe conocida en la última etapa musulmana, conociéndose en los siglos bajomedievales con el nombre del puerta del Rincón, por estar ubicada en el ángulo de la muralla. Esta puerta, perteneciente a la collación de Santa Marina, estaba constituida por un arco que <no lucía tanto por su situación, como por estar más de la mitad cubierto por un tabique en que habían pintado las armas de Córdoba>.
En época moderna es una de las puertas más utilizadas, según López Ontiveros, por afluir hacia ella los caminos de casi todos los pueblos de la sierra, si bien no lo sería tanto en los primeros años de la Baja Edad Media al estar esta zona ocupada por huertas. Aunque esta puerta no ha llegado hasta nosotros al ser demolida a mediados del siglo XIX para construirla más afuera en lo alto de la cuesta que formaba a su salida, el topónimo ha permanecido en esta zona.


Puerta de Alvar Colodro o del Colodro: 

Situada en el lienzo septentrional de la muralla de la Axerquía existía ya en la última etapa musulmana, aunque su nombre, según Ocaña Jiménez, no era conocido. Ubicada cerca de la actual plaza de la Lagunilla, su topónimo fue debido a su conquistador, Alvar Colodro, uno de los dos almogávares que en la noche del 23 de enero de 1236, escalaron en primer lugar la torre situada en esta puerta. Conocida desde el siglo XIII con este nombre, posteriormente, en el siglo XIV, nos aparece ya como puerta del Colodro, simplemente. Cerca de ella se encontraban las Ollerias y un molino de aceite.
Esta puerta, perteneciente a la collación de Santa Marina ha tenido algunas reedificaciones, porque ha sido abierta y cercada siempre que se ha padecido alguna epidemia y últimamente se compuso y quedó abierta en 1873. Aunque está recogida en el Plano de los Franceses, no se ha conservado hasta nosotros, si bien su topónimo si ha permanecido en el lugar donde estuvo situada.


Puerta de Alquerque o Excusada:

Situada en el lienzo septentrional de la muralla de la Axerquía existía también en la última etapa musulmana, aunque su nombre según Ocaña Jiménez, no era conocido para esta época. Sin embargo, creemos que el primitivo topónimo con que se la conoce en el siglo XIII, puerta de Alquerque, sería el mismo de antes de la conquista. Dicho nombre hace alusión a la ubicación de la puerta, perteneciente a la collación de Santa Marina, en la confluencia de dos lienzos de muralla que formaban un amplio rincón, quedando de esta forma oculta, de ahí el topónimo posterior de Excusada, que es la significación del que tenía en el momento de la conquista. Entre la puerta del Colodro y la de Alquerque, que se encontraba cerrada a finales del XIII, se extendía extramuros la ollería y la tinajería, encontrándose cerca de la segunda la huerta de Santa María.
Según Ramírez de Arellano, al arder las puertas mucho después de la conquista, fue tapiada, conociéndose entonces como puerta Quemada, abriéndose otra vez en el siglo XVI con la misma construcción antigua, hasta que en el XVIII, una vez construido el hospital del Santo Cristo de la Misericordia, se destruyó y fue edificada otra nueva, que recibió el nombre de Misericordia, topónimo con el que se ha conocido este lugar hasta hoy.


Puerta de Plasencia:

Situada en el lienzo oriental de la muralla de la Axerquía, existía desde la última etapa musulmana con el nombre, según Ocaña Jiménez, de al-Farach. Aparece ya en el siglo XIV con el topónimo de Plasencia, debida, según  Ramirez de Arellano, a que por ella entraron las milicias concejiles de esta ciudad cuando la conquista de Córdoba. Sobre esta puerta, perteneciente a la collación de San Lorenzo, existía una torre para su defensa. Tuvo, según nos indica el autor antes citado, una gran importancia durante toda la Baja Edad Media al ser el lugar por donde hicieron su entrada en Córdoba los distintos monarcas que a lo largo de dichos siglos vinieron a nuestra ciudad. Posteriormente, ya en el siglo XVI, dejó de tener esta importancia al abrirse en este lienzo oriental de la muralla otra puerta, denominada Nueva o de Alcolea, que pasaría a desempeñar su función. El topónimo de Plasencia fue sustituido en los siglos modernos por el de los Padres de Gracia, por su proximidad al convento de este nombre, apareciendo así en el Plano de los Franceses. Sin embargo, esta zona es conocida actualmente con su primitivo nombre, si bien la puerta no se ha conservado.


Puerta de Andujar: 

Situada en el lienzo oriental de la muralla, no poseía nombre conocido, según Ocaña Jiménez, en el momento de la conquista de Córdoba. El origen de su topónimo, que nos aparece en el siglo XIV, habría que buscarlo en uno de estos dos hechos: era el inicio del camino a dicha ciudad o porque frente a ella acampó la milicia del concejo de Andujar cuando la conquista de nuestra ciudad. La puerta, perteneciente a la collación de Santa María Magdalena, estuvo muy descuidad desde el momento de la conquista, estando constituida por dos torres iguales unidas por un arco encontrándose junto a ella la torre de los Donceles, una de las fortalezas que defendían la ciudad y sólo podía cederle la primacía a la que llamamos de la Calahorra. Primitivamente dicha torre estaba constituida por dos torres de la que se formó una sola unidas por el lado N por un doble lienzo de muralla en cuyo centro estaba practicada la puerta, formada por dos arcos apuntados, mayores que el medio circulo, separados entre sí por un corto trecho, el cual estaba cerrado por una bóveda.
En el siglo XVI, al hundirse una de las torres de esta fortaleza, se traslado la puerta de Andujar frente a la calle Muñices, dándole una forma gótica, siendo recogida por el Plano de los Franceses en dicho lugar. Fue cerrada según Ramírez de Arellano en la primera mitad del siglo XIX y posteriormente, dentro del mismo siglo, fue demolida, si bien se conservó todavía la torre. A nuestros días, sin embargo no ha llegado nada, solamente se ha conservado el nombre de Ronda de Andujar, para la calle creada en el lugar por donde iba el trazado de la muralla.


Puerta Nueva:

Puerta Nueva
Aunque dicha puerta no la hemos mencionado en la descripción de la línea oriental de la muralla que cercaba a la Córdoba Bajo Medieval, ya que su creación fue en el siglo XVI, queremos dejar constancia de su existencia. Conocida modernamente con el nombre de Alcolea, fue escenario de la entrada de regios personajes, llegando a tener, según Ramírez de Arellano, la misma importancia que en los siglos bajo-medievales, tuvo la puerta de Plasencia. Al principio se abrió sólo un paso para los vecinos del barrio, convirtiéndose posteriormente en puerta, parte de la cual, construida en la proximidades de la actual iglesia del Carmen, se hundió después de realizada la carretera general Madrid a Cádiz, y el resto desapareció para mediados del siglo XIX, si bien esta zona ha conservado dicho topónimo.


Puerta de Baeza:

Ubicada en el lienzo oriental de la muralla de la Axerquía, fue conocida en la última etapa musulmana, según Ocaña Jiménez, con el nombre de puerta de Abbas. Perteneciente a la collación de Santiago, nos aparece con este topónimo desde el siglo XIII, debiéndose a uno de los dos motivos ya reseñados en la puerta de Andujar: por ser el lugar donde acamparon las milicias del concejo de Baeza o por iniciarse a partir de esta puerta el camino a dicha ciudad. Estaba constituida por dos líndas torres redondas o tambores, unidas por un precioso arco semicircular coronado todo de graciosas almenas y formado por una argamasa que en nada pudo aprovecharse cuando se cometió el desatino de privar a Córdoba de una de sus más bellas joyas artísticas.
La importancia de esta puerta en los últimos siglos medievales, vendría dada por ser una de las entradas más utilizadas por los que, dirigiéndose hacia el sur, tenían a nuestra ciudad como paso obligado. Desapareció en la segunda mitad del siglo XIX, no conservándose tampoco su topónimo en la actualidad. 


Puerta de Martos:

Situada en el lienzo meridional de la muralla de la Axerquía, existía ya desde época musulmana, si bien su nombre según Ocaña Jiménez no era conocido en el momento de la conquista de Córdoba.
Fue la primera puerta que, una vez ganadas las murallas de la Axerquía, abrieron los cristianos para que entraran por ella Pero Ruiz Tafur con otros de a caballo, recibiendo este topónimo desde el primer momento por ser las milicias del concejo de Martos, quienes entraron por ella.
Esta puerta, perteneciente a la Collación de Santiago, estuvo situada en un rincón de la muralla, teniendo una torre cuadrada – las de las Siete Menas- junto a ella. Cerca se encontraba el molino de su mismo nombre, por lo que sería una puerta de bastante tráfico.
Fue casi destruida por el terremoto del siglo XVIII, teniendo que ser demolida posteriormente, por lo que ya no aparece con su primitivo topónimo en el Plano de los Franceses, si bien lo conservó el molino antes mencionado.

Con ésta última puerta y entrega, se concluye la breve descripción de las Murallas de Córdoba, sus puerta y postigos, quedando abierto el camino para que en torno a ellas, se puedan aportar historias, leyendas, hechos y más amplias descripciones que nos hagan  conocer y valorar en sus justas medidas el patrimonio de nuestra ciudad, disfrutando de ello a través de paseos, lecturas o instruyendo a nuestros hijos y nietos, se lo debemos a nuestros descendientes para que conozcan su ciudad, historias y personajes que han engrandecido el nombre de Córdoba.


Bibliografía: “Recinto amurallado de la Córdoba bajomedieval” de D. José Manuel Escobar Camacho; Puerta Osario Blog.

     José Luis Arjona Lara 

jueves, 2 de abril de 2015

MEDITACIONES BAJO LA TRABAJADERA

Para un costalero la Semana Santa comienza conforme pasa el Rey Baltasar ya que a los pocos días, si no lo ha hecho antes, recibe la comunicación con el día de la igualá y con los días de ensayo.

Ese día es el día de volver a sacar los arreos y preparar el costal, la faja y las zapatillas que con tanto mimo guardo después de la ultima estación de penitencia.

El día de la igualá es un día de alegría ya que vuelves a ver a tus hermanos de costal, a muchos de los cuales no has vuelto a ver desde la semana santa pasada y con los que has compartido muchas vivencias debajo de la trabajadera.

Luego vendrán los ensayos para volver a coger sensaciones y lo que es más importante, para recordarle al cuerpo lo que va a pasar el día de salida.

Centrándonos en la semana santa en cuestión un mes antes ya estamos mirando todas las páginas habidas y por haber relacionadas con el tiempo, somos así de masocas que le vamos a hacer. Este año es distinto ya que el Lorenzo ha decidido no perderse ningún detalle de la semana.

Yo en particular el día de antes ya empiezo con el pellizco en el estomago ese mismo día dejaré ya todo preparado, todo bien planchado y doblado.

El mismo día de salida ese pellizco se hace aun mayor si cabe, ya que la cabeza nos dice que es inminente la cosa. Ese día son idas y venidas por el pasillo de casa con la mirada perdida y los sentimientos a flor de piel.

Luego a media mañana me dirijo al cocherón a verle la cara y hablar con él un ratito, después comida y a vestirse que llega la hora de que el capataz nos reparta el trabajo.

Una vez repartido el trabajo empieza el ritual de vestirnos, el costal sin arrugas, bien fajados. Terminado todo el proceso nos dirigimos al cocherón, una vez dentro se palpa la concentración total, todo es silencio, nadie habla, cada uno esta con sus pensamientos y de repente suena el martillo, señal de que tenemos que meternos debajo del paso. El hermano mayor nos dedica unas palabras y rezamos a Nuestros Titulares.

Se vuelve a hacer el silencio más absoluto, si puede ser, en la oscuridad del paso junto a la del cocherón solo se oye la respiración de 35 almas que saben que van a ser los pies del Señor.

De repente claridad, el cocherón se ha abierto suena el martillo del capataz y desaparece el pellizco. Salimos a la calle con los sones del Himno Nacional y nos metemos en la pelea.

Mientras estamos debajo de la trabajadera nadie habla cada uno se dedica a hacer su trabajo y a hablar con el de arriba.

Después de 6 horas en la calle enfilamos la cuesta, ya estamos en casa sólo nos queda un último esfuerzo.

Finalmente en el cocherón todo son abrazos y alegría por un trabajo bien realizado y alguna lagrima se escurre por las mejillas.

Antes de salir del cocherón una ultima mirada al Señor pidiéndole salud para volver a ser sus pies la próxima semana santa.

       Rubén David Ramiro Barrantes

sábado, 28 de marzo de 2015

MEDITACIONES BAJO EL CRISTO DE LA EXPIRACIÓN

 Los que pasaban lo injuriaban, meneando la cabeza y diciendo: “Tú que destruyes el templo y lo reconstruyes en tres días, sálvate a ti mismo bajando de la cruz”. De igual modo, también los sumos sacerdotes comentaban entre ellos, burlándose: “A otros ha salvado y a sí mismo no se puede salvar. Que el Mesías, el rey de Israel, baje ahora de la cruz, para que lo veamos y creamos”. También los otros crucificados lo insultaban.
Al llegar la hora sexta toda la región quedó en tinieblas hasta la hora nona. Y a la hora nona, Jesús clamó con voz potente: Eloí Eloí, lemá sabactaní (que significa: Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has abandonado?)… Y Jesús, dando un fuerte grito, expiró.
Marcos 15 (29-37)

Cada Viernes Santo me aplico con los rituales aprendidos  repetidos desde hace años. La túnica cuelga planchada en el salón. Una torrija para merendar. Y el olor de la crema de zapatos; ningún otro día me esmero tanto en su limpieza y brillo. En la Iglesia, una sorda y contenida emoción compartida al comprobar que todo está preparado y va a salir bien.

Las cuentas de mi rosario acompañan a Nuestra Señora que camina al son de marchas fúnebres, divisando allá al final de la calle a su Hijo, que recorre las calles con un andar sobrio y silencioso. Cristo está exhalando su último aliento. ¿Por qué entonces siento un íntimo gozo?

En la Cruz, Jesús levanta su mirada al cielo, se dirige al Padre, le interpela, le acusa.
CRISTO DE LA EXPIRACIÓN
No es sólo dolor físico. A fin de cuentas el dolor físico no es otra cosa que una sensación biológica. Nada comparado con las impresiones que pueden recorrer la compleja mente humana. Si hubiese sentido solamente dolor, sabiendo que la pasión no era más que un trance que iba a tener un final glorioso, hubiese sentido algo parecido a una mujer dando a luz o que el corredor de maratón que llega exhausto a la meta. Un gran dolor, pero también la ilusión por lo que viene después, la satisfacción interior por lo bien hecho.

CRISTO DEL MUSEO
Según sus propias palabras se siente abandonado. Es el sentimiento de quien ha sido traicionado por los suyos, humillado por sus enemigos, de quien unos días antes había sido recibido entre vítores y alabanzas y ahora fracasa en su proyecto. De quien es arrojado a lo más bajo de la escala social: a una muerte ignominiosa entre bandidos.

  
Oyendo y contemplando la escena, en la mirada acusadora o al menos interrogante de Jesús al Padre en sus últimos segundos reconocemos sentimientos puramente humanos, impropios de un Dios que guarda un as en la manga. Siente como cualquier hombre todo aquello que se ha proyectado sobre Él: humillación, abandono, traición… Pero también siente el miedo, la desesperación, la incertidumbre que cualquier otro hombre sentiría en su lugar.

Pesebre y Expiración, son los dos momentos más significativos del abajamiento, de la encarnación del Hijo de Dios. De querer sentir la debilidad del recién nacido y la zozobra de la muerte tras una dolorosa derrota.

LA VIRGEN
DE
 LOS PALAFRENEROS
(CARAVAGGIO)
Su madre se llamaba María y su abuela Ana, pero podrían haber sido unas lavanderas italianas de piel arrugada y uñas sucias. Se llamaba Jesús vivió en Palestina, pero se podría haber llamado Cachorro, y ser un gitano de mala vida de un arrabal de Sevilla, que muere de una mala puñalada, y siente desesperado que se le escapa la vida y se aplica en vano y con denuedo a inspirar aire que le vivifique.


EL CACHORRO
Contrariamente al poeta, me gusta rezar a este Cristo derrotado, más que al que anduvo en el mar. Porque es ese el Dios en el que quiero creer. El que quiere vivir y padecer como uno más, para decirnos “No tengas miedo. Estoy contigo. Yo también pasé por ahí”. El que, estoy convencido y que me perdone la Santa Inquisición, quiso dejar su condición divina en las alforjas de la Borriquita para padecer la Pasión como la sufriría cualquier otro hombre. Sin ventajas. 

Es esa alegría de creer en un Dios tan lleno de Amor la que me llena de agradecimiento y de gozo íntimo acompañándolo en su Pasión.

No existe el Cielo en la tierra. Solo anticipos. Quien se lo fabrique vivirá con el temor a perder lo que tiene y miedo a la muerte. Quien así viva, no comprenderá la emoción que siente el hombre sufriente ante la Cruz.

Me gusta más la austeridad del románico castellano que la majestuosidad del gótico francés. Más la piedra que el cristal. Me resulta más fácil adorar a Dios en lo pequeño y humilde que en las grandezas de la Creación.

Yo soy el que ha fracasado, el derrotado, el débil. Soy el que se ha equivocado y lo sabe. Soy el que tiene miedo. Soy el inmigrante que cree que llama a las puertas del paraíso. Soy el que depende de otros para sobrevivir. Yo soy el hijo pródigo. Soy la mujer adúltera, un marido infiel. Soy un preso, pero no de los injustamente perseguidos, yo soy culpable. Yo soy Charlie, y al mismo tiempo su asesino. Soy el copiloto de Germanwings. Soy la madre que entierra a su hijo.

Mi Dios ha querido sentir y vivir conmigo lo que soy. Por eso, cada Viernes Santo visto mis mejores galas, por dentro y por fuera, me agarro a la Cruz y camino con Él.






Manuel Del Rey Alamillo    

martes, 24 de marzo de 2015

LACRIMATORIOS

Lo malo de no saber quién fue tu padre, es la profesión de tu madre.
En cuanto pude, salí huyendo de la calle Rey Heredia. Aquello era, y seguirá siendo, un agujero negro. Todavía recuerdo a mi madre, más pintada que una puerta, la pobre, sentada en el zaguán de nuestra casa, poniendo al mal tiempo buena cara. En aquella calle, y para aquellas señoras, no existía glamour que valiera…

Todo el día había faena: que si cambio de sábanas, que si ajetreo de palanganas, que si hay que ventilar el cuarto… Y ella me miraba con resignación, con un punto de vergüenza y dándome a entender que, a veces, lo que toca es lo que toca. Y no hay más.

Me gustaba jugar con las demás niñas cerca de mi calle, en una plazuela empedrada. Me encantaba mirar aquel muro encalado, por encima del cual asomaban unos cipreses que me parecían altísimos. “En esa casa vive un señor que mi madre dice que es judío y que es muy rico”, nos contaba siempre nuestra amiga Elena.

Un día nos dio por entrar en el palacio que había al otro lado de la plaza. “Museo Arqueológico”, decía en una placa a la entrada. Allí dentro, había un montón de cosas de los antiguos, como los llamaba Elena.

Por aquel entonces, un señor de esos de corbata de lazo y sombrero venía casi todos los días a ver a mi madre. A escondidas, la oía comentar ufana con sus compañeras que aquel señor tan elegante “la iba a retirar”. Él trabajaba en el Museo ese de la plaza y algunas tardes paseaba conmigo y me explicaba las cosas de los antiguos. Y a mí, por las noches, me daba por imaginarme como una gran señorona de esas que llevaban túnica y anillos y se rizaban las pestañas y se ponían ungüentos con la ayuda de sus esclavas…

Lo que más me gustaba era asomarme a la vitrina en la que se exponían los lacrimatorios. Vaya palabra, siempre me costó pronunciarla. Me sugestionaba imaginar las vidas de aquellos señores que recogían sus lágrimas en aquellas vasijitas de distintos colores ¡El vidrio se veía tan delicado, tan frágil! Incluso alguna vez conseguí que mi madre me acompañara a mirar aquellas piezas que me obsesionaban ¡qué tiempos!

Caramba, creo que me estoy poniendo más melancólica de la cuenta pero, ¿a quién se lo voy a contar si no es a ti? Anda, Alicia, ponme otro gin-tonic a ver si me vengo arriba. Ese anillo que llevas en la derecha lo tengo atravesado esta tarde. Me está recordando a la sortija de aquel señor con la que le señaló la cara a mi madre de un bofetón la última vez que estuvo en casa...

El día que me fui de aquella calle, no volví la vista atrás. No quería que nada me atara allí. Ni mi madre tampoco lo quería. Así hasta la semana pasada, cuando me telefonearon las monjitas de la residencia. Hacía mucho tiempo que esperaba aquella maldita llamada. Me entregaron las cuatro cosas que mi madre atesoraba: algunas estampitas de santos (a su San Antonio y a su Santa Rita no había quien les tosiera), una peina de carey, fotos mías de pequeña y una cajita lacada que yo jamás había visto.

Mandé a los niños con Roberto a la calle, no quería a nadie a mi alrededor en aquel momento. Cuando abrí la caja, ya a solas, me pareció que el Tiempo se detenía. Allí dentro estaba, durmiendo una especie de sueño eterno, el lacrimatorio azul que tanto me obsesionaba cuando lo miraba de pequeña. En un trocito de papel, con su caligrafía insegura, decía: “Para Manuela. Mamá”.

Fue entonces cuando las lágrimas, al fin, comenzaron a salir sin estorbo, llenando el lacrimatorio mansamente, limpiándome las entrañas, podridas y acartonadas desde hacía mucho tiempo.

Y, como una patricia romana, desee que a mi madre, al menos, la tierra le fuera siempre leve.

Aunque no sé muy bien qué hago contándote esto a ti…

        Enrique García Luque


* Relato finalista del Concurso de Relato Breve del Museo Arqueológico 

miércoles, 18 de marzo de 2015

¿POR QUÉ LA PESETA TIENE 4 REALES?

Felipe V, 2 reales de 1719, ceca de Segovia.
Realizados en el Ingenio por laminación

Carlos III, 4 reales de 1772, ceca de Lima. De tipo columnario.

Fernando VII, 8 reales de 1814, ceca de Potosí.
Peso: 26´8 gr

Las tres monedas que se han expuesto al inicio son un ejemplo de la infinidad de reales que se pueden encontrar dentro de lo que es el imperio español.
Múltiplos del real se utilizan lógicamente para piezas de mayor valor y tamaño. En el sistema antiguo lo serán de 2, 4 y 8 reales.
Hasta Carlos III todas estas piezas tenían por una parte el denominado escudo de dominios y por la otra ese escudo en forma de rosa (véanse los dos reales de Felipe V), Ese escudo en forma de rosa lo repetirá Franco en las monedas de 100 pesetas de plata. 
O eran de tipo columnario (véanse los 4 reales de Carlos III).
Y ya con Carlos III comienzan a aparecer los bustos reales en las monedas a la vez que un escudo en el reverso que con pequeñas diferencias se mantiene hasta la actualidad (véanse los 8 reales de Fernando VII)

La combinación de los distintos elementos descritos, escudo de dominios, columnario… unidos a las distintas cecas, años y algún otro elemento más da como resultado un número de bastantes cientos de reales distintos. La causa ya se dijo, su tiempo de uso llega a los 700 u 800 años.

Isabel II, 100 reales ceca de Barcelona
Peso: 8´35 gr

Si el valor facial sobrepasaba los 8 reales en el sistema antiguo o 20 reales en el moderno y se mantenía la plata como metal habríamos tenido piezas excesivamente grandes, lo que hubiese supuesto una incomodidad para llevarlas en el bolsillo. En este caso se echaba mano a un metal más caro, el oro. Es el caso de estos 100 reales.

La revolución de 1868 conlleva el destronamiento de Isabel II, la instauración del Gobierno Provisional, la supresión de unidades como el real y el escudo que tenían una clara referencia monárquica, y la instauración de la peseta. Pero el pueblo es el señor y su voluntad no se tuerce siempre políticamente. El pueblo decide seguir aplicando la denominación real a las monedas de 25 céntimos de peseta, porque si  4 reales se transforman en 1 peseta, pues 25 céntimos de peseta es un real. ¡¡Está clarísimo!!


Isabel II, 4 reales de 1853 de la ceca de Barcelona
Peso: 5´1 gr 
  
Gobierno Provisional, 1 peseta de 1869, Madrid
Peso: 4´6 gr

Ahí están. Son dos monedas exactamente iguales en cuanto al metal, tamaño y peso, la primera de 4 reales y la segunda de 1 peseta (las 4 décimas de gramo que le faltan a la segunda son debidas a la evidente pérdida por desgaste mientras que la décima de gramo que le sobra a la primera posiblemente se debería a una mala calibración de la maquinaria). Por eso el pueblo llamó indistintamente a esta segunda como peseta o 4 reales.
A partir de ahí la peseta tenía 4 reales.

    Juan Manuel López Márquez

martes, 17 de marzo de 2015

VISITA AL MUSEO


Con el cuadro "VISITA AL MUSEO" nuestro amigo y socio Antonio Pérez participa en esta exposición DEL GRAFITO A LA VELADURA que se inauguró ayer lunes 16 de marzo en la Diputación de Córdoba y que estará abierta hasta el próximo sábado día 28 de marzo.

Estáis invitados y os animamos a visitarla.

sábado, 14 de marzo de 2015

MURALLAS Y PUERTAS DE CÓRDOBA III (ÉPOCA BAJOMEDIEVAL, PUERTAS DE LA VILLA)

Córdoba, como en todas las ciudades medievales fortificadas, se comunicaba con el exterior a través de las puertas existentes en la muralla , en las que se iniciaban los caminos que conducían a principales núcleo urbanos más próximos.
En este tercer apartado y debido al número de puertas y postigos existentes en la época bajomedieval, nos referiremos sólo a las puertas y postigos de la Villa que figuran en el Plano de los Franceses de 1811, exactamente las mismas que existían en tiempos de la conquista de Córdoba por Fernando III año 1236.
Las puertas, que estaban guardadas por los jurados al igual que las torres, se cerraban de noche quedando la ciudad incomunicada con el exterior. Según Orti Belmonte, la mayoría de las puertas se abrían al amanecer y se cerraban con el toque del Ave María, mientras que las del Puente, Gallegos, Rincón y Plasencia, se cerraban a la una de la madrugada y se abrían a las nueve en invierno y a las ocho en verano.
Si bien, en los anteriores escritos sobre las murallas, se ha mencionado algunas de las distintas puertas de élla, ahora, se trata de hacer una breve descripción de cada una de éllas y de los postigos. Partimos de la situada en el puente romano siguiendo por la muralla en el sentido de las agujas del reloj.
Plano de los Franceses
  
Puerta del Puente:
Situada en el lienzo meridional de la muralla de la villa, existió desde época romana, siendo conocida en el momento de la conquista, según el plano de Ocaña Jiménez, como puerta del Puente o Algeciras. En los siglos bajomedievales pertenece a la collación de Santa María y es denominada con el topónimo de Puerta del Puente, por su situación a la entrada del puente romano. Fue la puerta más importante de la ciudad en este período históríco, ya que era el paso obligado para todo el tráfico de viajeros y mercancías con el sur a través del puente. Tuvo por tanto, un gran movimiento en sus alrededores, pues cerca a ella estaba la aduana y más tarde el peso del trigo y de la harina.
No se ha conservado descripción alguna de esta puerta en la época bajomedieval, siendo construida en la segunda mitad del siglo XVI en estilo herreriano que es como ha llegado hasta nosotros, pues una vez resuelto el problema del tráfico en esta zona al margen de la puerta, ha quedado como testimonio artístico-arqueológico.
Puerta del Puente

Puerta de los Sacos:
Situada en la esquina meridional de la huerta del Alcázar, entre dos torres cuadradas unidas por un arco, se encontraba en el siglo XVII en mal estado de conservación, por lo que la puerta, según nos informa Vaca de Alfaro, recogiendo a su vez lo que dice P. Martín de Roa en su “Principado” , llevaba ya bastantes años cerrada. Ha cambiado de sitio varias veces en el transcurso de los siglos modernos al restaurarse el ángulo donde se encontraba primitivamente y la muralla de la huerta del alcázar. Por ubicarse un molino cerca de esta zona de la muralla, era la puerta por la que se entraba la harina molida al alcázar, de donde tomó este topónimo en la Baja Edad Media, a partir de la construcción en la segunda mitad del siglo XIV de este lienzo de muralla, que cercaba la huerta del alcázar.

Puerta de los Sacos

Puerta de Sevilla:
Ubicada en el saliente suroccidental de la muralla de la Villa que fue construido para cercar el Alcázar de los Reyes Cristianos, la huerta del Alcázar y el Alcázar Viejo. Fue edificada, al igual que esta parte de la muralla en la segunda mitad del siglo XIV, estando situada algo más al oeste de una puerta musulmana perteneciente al recinto fortificado del alcázar, en el cerramiento de la Almedina, denominada en el plano de Ocaña Jiménez Puerta de Sevilla o de los Drogueros.
La puerta de Sevilla cristiana, denominada así desde su construcción, por el lugar desde donde se iniciaba el camino que conducía a dicho población, ha sido un problema arqueológico. Para el licenciado Pedro Díaz de Rivas en su libro Antigüedades de Córdoba era una torre albarrana desviada de la muralla, de un gran porte y altura y de planta cuadrada. Sin embargo, esta torre no es sino la torre albarrana que defendía la puerta de Sevilla, que era la entrada al Alcázar Viejo, perteneciente a la collación de San Bartolomé y que al romperse la muralla frente al cementerio de la Salud, hizo desaparecer la puerta, como se puede observar en el Plano de los Franceses, si bien este lugar ha conservado hasta hoy dicho topónimo.

Puerta de Sevilla

Puerta de Almodóvar:
Situada en el lienzo occidental de la muralla de la villa, coincide con otra existente en época romana y califal, denominada en el plano de Ocaña puerta del Nogal o de Badajoz. Conocida con el nombre de Puerta de Almodóvar desde los años siguientes a la conquista de la ciudad en 1236, debido a que éste era el lugar donde se iniciaba el camino que conducía a dicha población, perteneciente al término de Córdoba, ha mantenido dicho topónímo hasta nuestros días.
Junto a esta puerta que servía de divisoria entre las collaciones de Santa María y de Omnium Sanctorum, se extendía la Alhadra y el  fonsario de los judios. Estaba constituida por un arco de herradura apuntado y flanqueado por dos torres almenadas, que la encuadran, estando la parte alta del muro renovada en época cristiana. Fue restaurada  a principios del siglo XIX con una portadita interior, que vino a darle una mezcla de antiguo y moderno que le ha hecho perder casi por completo su merito. Tuvo al igual que la puerta de Servilla, una torre albarrana, que fue destruida en el siglo XIX. Sin embargo, la puerta si pudo escapar de la destrucción de los años contemporáneos, llegando hasta nosotros de la forma antes dicha.

Puerta de Almodóvar

Puerta de Gallegos:
Ubicada igualmente en el lienzo occidental de la muralla de la Villa, coincide también con otra existente en época romana y califal, llamada en la última etapa musulmana, según el plano de Ocaña Jiménez, puerta dee Amir al Qurishi. El topónimo de Gallegos aparece desde los primeros años de la conquista, sin que su motivo aparezca muy claro. Fue construida por los árabes “con sillares de piedra franca almohadillados y dos colosales columnas a los lados, dándole una forma muy gallarda; los capiteles de éstas eran romanos, lo cual hace sospechar fueron restos de otra portada anterior; después de la conquista le hicieron nueva la parte superior, colocándole en el centro las armas de Castilla y a los lados, en los frentes de unas acroteras que tenían la decoración, le pusieron los escudos de Córdoba, existiendo cerca de ella, como dijimos anteriormente, una torre albarrana unida a la muralla por un arco que se asemejaba algo a la de la Malmuerta. Esta era la torre octogonal de tapiería de cal, arena y ripio de la que nos habla Orti Belmonte recogiendo la descripción que hace del lienzo occidental de la muralla Pedro Díaz de Rivas en sus Antigüedades de Córdoba.
Junto a esta puerta que pertenecía a la collación de San Nicolás de la Villa, era donde sacaban el barro, extendiéndose delante de ella una serie de huertas y viñas. Su aspecto externo fue modificado como consecuencia del terremoto ocurrido a mitad el siglo XVIII siendo totalmente destruida en la segunda mitad del siglo siguiente al igual que la torre defensiva por lo que no ha llegado hasta nosotros, si bien su topónimo se ha mantenido popularmente.  
Puerta Gallegos
Puerta de Osario:
Situada en el lienzo septentrional de la muralla de la villa, era una antigua puerta romana y califal, denominada por Ocaña Jiménez para la última etapa musulmana con el nombre de puerta de León, de los Judíos o de la Recta Dirección. El topónimo Fonsario u Osario, con que se conoce en la Baja Edad Media, proviene de la existencia en sus proximidades de un cementerio. Se encontraba “abierta entre dos hermosas torres, hechas o reedificadas después de la conquista y aún tuvo a la derecha saliendo, otra muy hermosa y que debió tener comunicación por unos arcos en la antigua muralla. Esta puerta, que da salida al Campo de la Merced, tenía a su izquierda una torre albarrana, que fue demolida al igual que la puerta y esta parte de la muralla a finales del siglo XIX y principios del XX, llegando, sin embargo, su topónimo hasta nosotros.  

Puerta Osario

Puerta del Rincón:
Esta puerta pertenece a la muralla de la Ajerquía y será descrita en su momento.

Portillo del Bailío:
Situado en el muro oriental de la Villa, que separa ésta de la Ajerquía, se abrió después del amurallamiento de la Al-Sharqyya para comunicar ambas partes de la ciudad y no tenía denominación conocida, según Ocaña Jiménez, en el momento de la conquista. Posteriormente tampoco hemos encontrado topónimo alguno de este portillo perteneciente a la collación de San Miguel, si bien a finales del siglo XIV al dar los límites de dos casas tiendas situada a la izquierda de la Puerta de Hierro, se menciona una calle que iba hacia el portillo de Ferrant Yñeguez, lo cual nos induce a pensar que este portillo en donde hubo un arco hasta principios del siglo XVIII, es conocido a lo largo de los siglos bajomedievales por el nombre de alguna persona de relevancia que viviera cerca de él. Más tarde cambió de nombre por el de Bailío” por un Fernández de Córdoba que alcanzó esta dignidad y moraba en la casa de la calle de los Dolores chicos conocido con igual título, conservándose dicho topónimo para este lugar hasta la actualidad.

Puerta de Hierro o de San Salvador:
Ubicada en la muralla oriental de la villa que separa ésta de la ajerquía, era conocida en la última etapa musulmana según el plano de Ocaña Jiménez, con el nombre de puerta de Abd al-Chabbar, de Toledo o de Roma. Pertenecía a la collación de San Salvador y es conocida en los siglos bajomedievales con el topónimo de Puerta del Hierro “bien por ser una verja o por estar forrada de aquel metal” Sería una de las dos puertas existentes entre la Villa y la Ajerquía , que Alfonso XI en contestación a una de las peticiones formuladas por el concejo de Córdoba de cierre de las mismas manda: “que ninguna non aya estas entradas ni fagan en ellas casas por ninguna mis cartas que muestren nuestras que estén segund estauan ante que las cerrasen”. El topónimo primitivo se cambió posteriormente a finales del siglo XIV por el de San Salvador, debido a la plaza de dicho nombre, perteneciente a la collación de San Andrés, existente a su entrada, frente al convento de San Pablo, si bien los dos topónimos siguieron usándose indistintamente durante el siglo XV.
Esta puerta que tendría una gran importancia económica por la existencia en sus alrededores de la carnicería, de tiendas y mesones desapareció a principios del siglo XIX, no siendo ya recogida en el Plano de los Franceses, si bien el topónimo de San Salvador se ha conservado hasta la actualidad para la plaza aún existente.

Cuesta de Luján:
Es otra de las comunicaciones abierta en el siglo XVI,  existentes entre la Villa y la Ajerquía. Aunque no ha sido incluida en la descripción del trazado en las murallas en la Baja Edad Media por no estar abierta en estos siglos, se menciona para dar constancia de su existencia a partir del siglo XVI en la actual calle Diario de Córdoba. La abre en 1531 el corregidor D. Hernando Pérez de Luján, de quién le ha quedado el nombre dado por la posteridad toda vez que él sólo la nombró por la Calle Nueva de los Franceses a causa de haberse establecido en aquel punto algunos extranjeros dedicados a trabajar el cobre.

Portillo de Corvache o de San Francisco:
Coincidiendo con uno de los postigos abiertos, según Ocaña Jiménez, después del amurallamiento de la Al-Sharqiyya por los árabes, se encontraba en la muralla oriental de la Villa un portillo que comunicaba ésta con la Ajerquía. Situado frente al monasterio de San Francisco relacionaba la collación de Santa María con la calle de la Feria (collación de San Nicolás de la Ajerquía). En época cristiana recibe el nombre de postigo que sale a los Descalzos y portillo de Corvache para finales del Siglo XIII, debido al apellido de algún vecino que habitara en una de las casas próximas a él. También se conocerá como Portillo simplemente o, bien ya en el siglo XV, como Portillo de San Francisco por la proximidad a este monasterio. El Portillo, cuyo arco de dimensiones muy pequeñas aún se conserva, daba nombre a la calle que desde la collación de San María, pasando bajo él, se prolongaba hasta la calle de la Feria. Este topónimo será recogido en el Plano de los Franceses y llegará hasta la actualidad si bien en el siglo XVIII este lugar era conocido como Portillo de los Mercaderes.

Puerta de la Pescadería:
Era una de las puertas que situada en la muralla oriental de la Villa, comunicaba ésta con la Ajerquía. Existia desde época musulmana, siendo conocida, según Plano de Ocaña Jiménez con el nombre de puerta Nueva, de Hierro o de Zaragoza. Ubicada cerca del río era uno de los lugares de Córdoba, juntamente con la Puerta de Hierro, donde obligatoriamente debían hacerse los pregones y fijar los emplazamientos en sus puertas. A través de esta puerta se comunicaba la calle principal de la collación de Santa María (actual Cardenal González) con la calle Mayor o del Potro (actual Lucano Coronel Cascajo) iniciándose en ella la llamada carrera del puente.
La puerta de la Pescadería, cuyo arco fue derribado en el siglo XVIII daba nombre a la plaza que se extendía delante suya, en donde se encontraba una picota y la calle que, naciendo en la propia puerta y siendo prolongación de la del Potro, como se ha dicho, se adentraba en la mencionada collación. 

Puerta del Sol:
Este topónimo daba nombre desde finales del siglo XIV a una puerta situada al sur de la muralla de la villa, pero en linde con la Ajerquía, que existiría ya en el momento de la conquista, aunque con distinta orientación a la dada por Ocaña Jiménez. No se recoge en el Plano de los Franceses, ni ha llegado hasta nosotros. Esta puerta cuyo nombre era debido a su orientación hacia Levante, serviría de unión entre las collaciones de San Nicolás de la Ajerquía y Santa María, por la zona del adarve del río, pero desaparecerá con el tiempo al unirse toda la zona de la Ribera. Daba nombre a una calle que, arrancando de ella, se extendía, junto a la muralla de la Villa, hasta la Puerta de la Pescadería (actual Cruz de Rastro) .

                José Luis Arjona Lara



Bibliografía: “Recinto amurallado de la Córdoba bajomedieval” de D. José Manuel Escobar Camacho; Puerta Osario Blog.

Glosario:

Collación:                   Distribución administrativa de Córdoba realizada por Fernando III (barrios) fueron 14 y cada una era coincidente con una    Parroquia.

Torre Albarrana:       Una torre albarrana es una torre que forma parte de un recinto fortificado con el que está comunicado, aunque generalmente exenta de la muralla1 y conectada a ésta mediante un pequeño arco o puente, que pudiera ser destruido fácilmente en caso de que la torre cayese en manos del enemigo. Puede ir también adosada como gran baluarte pero en este caso es de mayor tamaño que los demás.

Alhadra:                     Quiere decir “la verde” y se refiere a la zona verde a partir de la Puerta de Almodovar

Fonsario de Judíos: Cementerio Judío

Piedra Franca:          Así se denominó a esta piedra de Caen, así como a todas las piedras sedimentarias extraídas de otras canteras. procedentes de canteras .

Acroteras:                 En la arquitectura griega y romana clásicas, las acroteras son zócalos (pedestales) que sostienen los adornos, dispuestos en el vértice o sobre las extremidades de un frontón

Ripio:                         Se denomina ripio o enripiado, en una construcción, a las separaciones entre las distintas hiladas de mampuesto con argamasa, ejecutadas con pequeñas piedras o casquijos,[3] dando aspecto de cajones. Era un sistema constructivo usual en la época nazarí en el sur de España.
Bailío:                        En un principio, el bailío o baile era un agente de la administración real o señorial en un territorio determinado. El de categoría superior era "gran bailío de espada", que administraba justicia en nombre del rey o de un señor. Durante el Antiguo Régimen francés, era el representante de la autoridad del rey o del príncipe, encargado de hacer aplicar la justicia y controlar la administración en su nombre.
Picota:                       Las picotas son columnas de piedra más o menos ornamentadas, sobre las que se exponía a los reos y las cabezas o cuerpos de los ajusticiados por la autoridad civil