martes, 29 de agosto de 2023

MI GRAN PARADA

      Estos meses de verano, han sido de maleta abierta, convivencia familiar intensa, crecimiento, conocimiento de uno mismo y de los demás, oración y nuevos aprendizajes. Los campamentos de las niñas, el máster de familia y la JMJ, han sido los tres puntos fuertes fuera de casa que han impregnado después, el diálogo y el análisis de la realidad interna y externa, religiosa, social y política…que no es muy alentadora que digamos. Superada la convivencia, ¡creo que somos todos más virtuosos con dos adolescentes en casa!, y preparada para un nuevo curso, pilas cargadas y fe renovada.

     La preparación del máster de familias, nos ha llevado cuatro meses intensos de trabajo que han terminado con éxito y satisfacción. Organizar a 40 familias y a 130 niños, no ha sido tarea fácil; un esfuerzo que ha merecido la pena, al ver tanta gracia derramada, tanta gente buena y tanta fe y esperanza puesta en la familia cristiana, siguiendo las huellas de San Juan Pablo II. Esto ha conllevado formación académica para nuestro matrimonio, pero este año, con el plus de poder haber formado a los adolescentes en afectividad y sexualidad, urgencia actual, donde la ideología de género ha distorsionado la sociedad y donde las categorías de bien y mal son excluidas, haciendo terribles destrozos a la teología del cuerpo.

     Terminado el máster, volvía Fede de Lisboa. Este evento nos ha hecho a Emilio y a mí, revivir nuestra primera JMJ en Roma en el 2000. Fue justo antes de casarnos, un antes y un después en nuestras vidas y en nuestra vocación al amor. Ver a nuestro hijo con dieciocho años, viviendo  esta experiencia, nos hizo viajar en el tiempo y recordar que saberse amado exige una respuesta. Peregrinar junto a miles de jóvenes, acogido en una familia, hasta encontrarse con el Santo Padre, vivir inclemencias en el camino, hambre, sed, incomodidades, pero con alegría en el corazón y ver que uno, no está solo en el camino, encontrarse con Jesús al encontrarse con el otro y sus debilidades, experimentar la gracia de los sacramentos, la misericordia… Todo ello, fortalece la fe en Dios y en una iglesia en la que cabemos todos, todos…

     El descanso físico y mental, salir de las rutinas y hacer cosas que durante el curso no podemos, es necesario; disfrutar, reír, hablar, compartir….Pero personalmente, lo que a mí me hace fuerte en el verano, es la pausa de poder mirar todo con perspectiva, ver lo que estoy construyendo, lo bueno y lo menos bueno.     Qué difícil es salir del ritmo vertiginoso del día a día y sentarte a la orilla  para observar bien el cuadro que estoy pintando. Y es que  si necesitamos vivir una vida en plenitud, ¡nos la jugamos en cómo decidimos vivirla! El verano me ayuda a ello. Es mi gran parada.

      He tenido muy presente las virtudes trabajadas este curso y he aprendido viendo a muchas personas virtuosas cómo iluminan y ayudan a interpretar la verdad del bien, para poder  trabajarlas más y educar a nuestros hijos en ellas… He puesto en práctica el perdón cada día con los míos… manifestando la necesidad de la misericordia de Dios en lo pequeño y en lo grande, para así, seguir caminando. 

     Nada lejos de lo que cada uno, ha tenido que trabajar en sus hogares, con sus familias y amigos, esfuerzos necesarios para seguir educando el corazón y con la certeza de que si Dios gana amando, nuestras batallas debemos ganarlas amando. Espero que vosotros, amigos,  hayáis podido hacer esa gran parada que construye, para arrancar el curso con la mirada en el cielo y con vistas a compartir grandes momentos juntos.

Blanca Ortiz Lora

jueves, 24 de agosto de 2023

MIS AMIGOS DE EL PISTO

Desde muy joven me he sentido identificado con esos profesionales que hacen su trabajo de modo artesano, intentando poner en cada producto o servicio lo mejor de su ciencia y adaptándolo a las preferencias y necesidades del cliente. He militado en esa utopía chestertoniana que está del lado de ese médico que conoce personalmente a su paciente, del abogado que busca a cada caso su solución personalizada, del tendero que está atento a los gustos y necesidades de su cliente.

Y en el mundo de la hostelería me llevó a cultivar una desmesurada afición por la espeleología de la ranciedumbre. Buscar esos lugares, en Córdoba y fuera, donde aún se pueden encontrar modos y recetas caseras propias de ese lugar, transmitidas desde generaciones. Y qué mejor que las tabernas, que fueron tan abundantes en nuestra geografía. Siendo aún estudiante ya frecuentaba con mis amigos las más señaladas tabernas de nuestra ciudad y otras río abajo.

Una de mis favoritas ha sido siempre El Pisto, o Taberna San Miguel. Ya sabéis dónde está. En el extrarradio, como quien dice.

El edificio por fuera ha conservado esa arquitectura que se perdió irremisiblemente en el centro de nuestra ciudad. Ese encanto y buen gusto que en algún momento fue considerado pueblerino y condenado a pena de picota.

Y es entrar, saludar a David, y recibir de Rafael una caña antes de pedirla (el buen tabernero sabe antes que su cliente lo que a éste le va a apetecer) y uno respira Córdoba por los cuatro costados.

La barra y el mobiliario, de madera, sin concesiones a lo minimalista o modernito, los jamones y ristras de pimientos colgados, la magnífica estantería, con su abigarrada carga de amontillados, ingredientes y recuerdos,  y sobre todo los cuadros de toros, con especial mención a nuestro inmortal Manolete.

A la izquierda de la barra entrando, una puerta presidida por la leyenda “Prohibida la entrada a vendedores y betuneros”, da paso al patio.

En una ocasión pregunté a Antonio si seguían viniendo betuneros y me informó de que “últimamente, este invento del kanfort, está acabando con ellos”.

El patio muestra la misma tónica de carteles taurinos y fotografías y pinturas de personajes conocidos del mundo de la cultura cordobesa. Lo preside un televisor, que ya no hace las funciones de tal, pero que aún recuerda cuando por su pantalla pasaron Antonio Ordóñez o Pelé.

El Pisto que hoy conocemos no se podría concebir sin Pepe y Lola, López y Acedo, quienes llevaron al establecimiento lo mejor de la tradición gastronómica cordobesa. Fielmente continuados por Rafael, que ha aportado un imprescindible toque de modernidad en la gestión, y la simpatía y los excelentes postres caseros de Inma.

Además de los platos cordobeses tradicionales por todos conocidos, sobra decir que cuenta con los mejores vinos de Montilla y Moriles, fingiéndose desconocer la existencia de finos en otras latitudes.

Comencé a frecuentarlo de modo asiduo los sábados de invierno, cuando tras dar un paseo con mi señora nos hacíamos un hueco en la por entonces atestada barra, buscaba la mirada de David y le pedía para cada uno un medio y unas albóndigas en caldo que me servía al momento saltándose cualquier orden que pudiera haberse establecido. Y en nuestro medio metro cuadrado paladeábamos en silencio aquellas ambrosías que nos hacían olvidar por un momento las preocupaciones laborales y domésticas.

Después me instalé con “los de siempre”, Jorge, Pepe y el Tarifa, todos los viernes a la hora del almuerzo en uno de los barriles del fondo. Esta costumbre no se interrumpió durante la pandemia (mientras las autoridades lo permitieron), y al ser por entonces muy pocos los parroquianos que aparecían, y raramente algún guiri, comenzamos de algún modo a formar parte de ese universo que conforma la taberna, que incluye a esos personajes que siempre ves en los mismos sitios a las mismas horas. Hasta el punto de que Rafael tuvo la osadía de colocar una foto nuestra junto a las que ya poblaban las paredes. Osada decisión digo, puesto que por lo general los personajes de las fotos son toreros y están muertos. Y como le dije a Rafael, lo de estar muertos lo conseguiremos algún día, pero lo de ser toreros… Y al Tarifa, que llegaba el viernes después del trabajo con el mismo ímpetu que un toro galopa por la Cuesta de Santo Domingo, le decíamos que se tomase una pastilla para tranquilizarse. “Tarifa que nos van a echar, y lo que es peor… nos van a quitar la foto”.  

La pandemia ha terminado, todo vuelve a lo que era, los sapetes vuelven a llegar con sus exigencias de estrella Michelín, y con sus chanclas y bermudas. Al ver clientes de esa guisa no puedo evitar preguntar a Rafael si ha puesto playa o piscina en la taberna, a lo que simplemente responde con una medio sonrisa entre socarrona y resignada.

Pero el Pisto sigue, conservando y ofreciendo a propios y forasteros nuestro acervo de sensaciones y sabores inventados por nuestros tatarabuelos.

Manuel del Rey Alamillo

lunes, 21 de agosto de 2023

VOLVER A EMPEZAR

Es sábado por la mañana, y a las 11.00 el calor, a pesar de estar en el campito de los abuelos, hace que las gotitas de sudor recorran suavemente la espalda. Los niños con las gorras puestas y subidos en las bicis, me preguntan si ya es hora de darse un chapuzón en la piscina. 

Y es que en verano los días son eternos a la vez que breves, pasan de estar aburridos y haciéndose rabiar unos a otros a no querer irse a la cama porque el juego que se han inventado esa noche aún no ha llegado a su fin. 

En los días de playa han disfrutado del mar como nunca, ya están más mayores, han cogido olas con las tablas y se han sacado unos eurillos vendiendo las pulseras y collares que han hecho durante las interminables y calurosas horas de siesta. Entre la playa y el Campito han transcurrido unos meses para ellos inolvidables, y por los que no dejo de dar gracias a Dios puesto que es un inmenso regalo verlos crecer juntos y felices. No podemos ser más afortunados. 

El verano está muy avanzado, esta semana hemos renovado los zapatos del cole, revisado si hay que hacer compra de uniformes nuevos y completado la lista de material

escolar. En las cenas de estos últimos días no paran de salir referencias de amigos del cole, el nuevo tutor de uno y las ganas de ver a todo el mundo en los recreos. Y es que no hay nada mejor que los amigos de clase y los corrillos en los descansos intercambiando estampas de Pokémon. 

Las vacaciones son eso, paréntesis y descanso, para luego volver a empezar. Y volverán más altos, más morenitos, pero sin duda más sabios y maduros en la fe (a pesar de su edad) por todo lo vivido y aprendido, y es que el Máster de Familias no solamente nos está haciendo crecer a Raúl y a mí como matrimonio. Ellos han regresado empapados de las maravillosas catequesis recibidas, cuestionando muchas cosas. Hasta Javi, el pequeño, me dice que tiene que escuchar a su corazón, que Dios le dirá cuál es su vocación, que se lo han dicho en el Máster. 

Ante todo regresarán con ganas de comenzar, de estrenar libros, de contar a sus compañeros las aventuras vividas y la nueva lista de chistes que han aprendido y que no paran de repetir todos los días a todas horas. 

Nosotros, sus padres, hemos vuelto al trabajo y si no fuera por los abuelos, los tíos y los primos mayores no sabríamos dónde meter a este trío. Y es que también es tiempo de que compartan con ellos, un tiempo tan rico que no hay oro que lo compre. 

La familia, fuente de amor y sabiduría, les da seguridad para enfrentarse a lo nuevo a lo exterior, e interiorizan que tanto en los momentos buenos como en los de dolor y enfermedad, nunca estarán solos. 

Volver a empezar, como dice el pequeño: ¡Mamá, estoy deseando volver al cole!, le quiero contar a la seño que este verano he conseguido dos cosas super importantes, nadar sin manguitos y ser monaguillo como mis hermanos en San Nicolás. 

¡Bendita Infancia!, ¡Demos gracias a Dios!.

Esperanza Ortiz Lora


sábado, 19 de agosto de 2023

ESPECIAL GALA GÉNESIS 2023


GALA GÉNESIS 2023

CONVIVENCIA

PALABRAS DE BIENVENIDA
por el Vicepresidente D. Javier García

PREGÓN DE LA GALA  2023
por el socio D. Tomás De Haro

PALABRAS DEL PRESIDENTE
por D. Emilio Lora

VÍDEO CURSO 2022 - 23 

RETRATOS

BAILE 


PREGÓN GALA GÉNESIS 10 JUNIO 2023 (TOMÁS DE HARO)

Señor presidente, miembros de la Junta Directiva actual y señores socios de nuestra querida Asociación Génesis, muy buenas noches para todos. Y muchas gracias por haberme designado pregonero de esta entrañable Gala Génesis.

Este año nuestra Asociación cumple 35 años de existencia, que coincide con esa edad a partir de la cual hoy día se considera que ya no eres joven. Y es que la Asociación sociocultural GÉNESIS nació un 21 de octubre de 1988 en la ciudad de Córdoba (España). (pincha y continúa leyendo) 


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miércoles, 5 de abril de 2023

Argamasilla de Alba y Cervantes

No ha muchos días que estuve con mi familia y algunos buenos amigos en tierras manchegas. Recalamos en una casita rural del conocido pueblo de Argamasilla de Alba, en la provincia de Ciudad Real. Localidad de algo menos de siete mil habitantes enclavada en la parte más llana de la meseta manchega.

En medio de una planicie que no parece tener fin, Argamasilla no es precisamente esa localidad donde alguien pudiera creer que algún día se organice el gran premio de la montaña de la Vuelta Ciclista a España, o de algún otro evento ciclista sucedáneo de ésta, de esos múltiples y variopintos que desde un tiempo a esta parte proliferan en las autónomas comunidades de la piel de toro; ni tampoco sería de creer, al menos a mi parecer, que en algún momento cercano en el tiempo pudiera optar al premio de pueblo más pintoresco, y no digamos nada de más bonito, del vasto territorio hispánico; eso si, si a esto último, porque a lo otro la naturaleza se lo ha dispensado de fábrica, nada ni nadie le pone arreglo o enmienda y en lustros venideros concibe reforma que remedie la mezcolanza de estilos arquitectónicos y la amalgama de materiales y colores que hoy forman el conjunto urbano de esa localidad, alejados del tipismo manchego que otrora lucieran sus edificios y casas matas.

La también conocida como “Lugar Nuevo” (dicho nombre se debe a que el poblamiento que dio lugar a Argamasilla tuvo dos emplazamientos previos que resultaron fallidos), fue fundada en su emplazamiento actual entre los años 1531 y 1535, según se recoge en las Relaciones Topográficas de Felipe II. La villa fue fundada por el prior de la Orden de San Juan, Don Diego de Toledo, perteneciente a la Casa de Alba. Su singladura como relevante localidad en la comarca de La Mancha no empezó hasta finales del siglo XVI, siendo un siglo más tarde cuando esta villa gozó de gran apogeo gracias, entre otras cosas, al establecimiento de bastantes familias moriscas, que venían emigrando después de los acontecimientos provocados por la rebelión de las Alpujarras. Estos nuevos vecinos aportaron todo su saber en técnicas de cultivo, riego y construcción. Como uno de los hitos destacados de su historia destaca que, en el siglo XVIII, a petición del infante Gabriel (hijo de Carlos III), que por entonces era prior de la orden de San Juan, se construyó el Gran Canal de Priorato de San Juan. Este canal transcurre por el centro de la villa y, hasta los albores de nuestro siglo, seguía en funcionamiento y en perfecto estado.

Pero si de algo se vanagloria y se enorgullece Argamasilla de Alba es de ser "ese lugar de la Mancha" del que Cervantes no quiso acordarse cuando escribió las primeras letras de su magnánima obra; al menos así lo presumen, y es que, si bien no existen crónicas cervantinas que con exactitud pudieran referir que el de Alcalá de Henares estuviera geolocalizando su novela en ese municipio, lo cierto es que existen diversos indicios y teorías fundadas que dan casi por sentado que nuestro ilustre don Miguel ubicó a su ingenioso Hidalgo en dicha localidad; aunque también existen teorías detractoras que colocan a don Alonso Quijano en otras localidades, con numerosos trabajos de investigación de distintos municipios de La Mancha y Campo de Montiel, que bajo diferentes métodos, tienen por objeto el establecer el posible pueblo desde el que partiera Don Quijote en sus aventuras.

Cueva de la Casa de Medrano

Ya de partida se pone de relevancia que Miguel de Cervantes estuvo preso en la cárcel argamasillera, al parecer en la Cueva de Medrano o Casa de Los Medrano, lugar tenebroso éste desde donde, según pregonan muchas de aquellas tesis, vieron la luz las primeras letras de las andanzas de Don Quijote. Los Medrano eran una familia muy poderosa económicamente de la Mancha, con bienes raíces en la localidad de Argamasilla y poseedora de mucho ganado que, con toda probabilidad, hubieran pasado a ser de una de esas tantas hacendadas familias olvidadas por la Historia con el paso del tiempo de no ser por una pequeña anécdota: y es que Argamasilla de Alba no tenía cárcel ni la tuvo hasta que en el siglo XVIII se edificara su Ayuntamiento, siendo que, hasta entonces, las autoridades aprovechaban las cuevas de casas particulares, como la de la familia Medrano para su utilización como cárceles, aseverándose que el insigne autor paso tiempo encarcelado en la existente en el Caserón de dicha familia, lo que, conforme a la tradición, la convierte en una suerte de “santuario laico” de nuestra literatura del Siglo de Oro.  En realidad, no hay registros oficiales de que Miguel de Cervantes Saavedra estuviese preso en esta cueva, ni se conserva una carta que desde la propia cueva-cárcel escribiera a su tío Bernabé Saavedra, natural y vecino de Alcázar de San Juan, para que intercediese por él, como también la tradición dice haber leído, y perdido en algún traslado de documentos.

Dicho sea de paso, corría el año 1863 cuando tan afamado inmueble, construido encima de la cueva del mismo nombre, fue adquirida por el infante don Sebastián Gabriel de Borbón, prior de la orden de San Juan, con el fin de desarrollar en ella actos culturales y otras actividades. Entre otras cosas, invitó al editor Manuel Rivadeneyra para que trasladase allí su imprenta, y allí, en la cueva, hizo una edición del Quijote, en el año 1863. Al morir el infante Sebastián de Borbón, su viuda vendió la casa. Se sabe que al final de siglo sufrió un terrible incendio y al quedar casi en ruinas se reconstruyó con una sola planta. La cueva, con dos niveles, había quedado intacta después del incendio. Esta segunda casa fue la que conocieron al principio del siglo XX los ilustres literatos Azorín y Rubén Darío, que habían acudido a Argamasilla con motivo de la celebración del tercer centenario del Quijote. En 1970 la casa pasa a propiedad municipal y es declarada Monumento de Interés Histórico-Artístico, hoy, Bien de Interés Cultural. En 1990, ante la situación de deterioro que sufría el edificio, se proyectó la rehabilitación que le otorga su actual apariencia. El nuevo edificio se inaugura el día 23 de abril de 1994, fecha conmemorativa de la muerte de Cervantes. Actualmente, dicho edificio acoge, además de la cueva, una exposición del pintor valdepeñero Gregorio Prieto; un moderno corral de comedias con numerosos bustos de personajes del Quijote pertenecientes al escultor local Cayetano Hilario; la biblioteca municipal “Cervantes”; y la oficina municipal de turismo. La visita turística a todas las dependencias, con una proyección explicativa incluida, puede hacerse hoy en día por tan sólo dos euros. 

En cuanto a las causas del encarcelamiento del literato, no se tiene muy claro cuales fueron éstas, pues se duda si fue detenido por algún turbio asunto acaecido por su condición de recaudador de alcabalas e impuestos, pues pudiera ser que metiera la mano en el cofre de las monedas; etapa ésta de la vida cervantina durante la que, según algunas crónicas, nuestro escritor dedicó poco tiempo a la literatura, pero las experiencias que vivió recorriendo los caminos y pueblos de Andalucía y La Mancha, alojándose en destartaladas hosterías y ventas o negociando con ricos, pobres, hidalgos y maleantes le sirvieron para posteriormente reflejarlas de una manera magistral en su obra más universal; o bien, si su posible detención fue debida por “un requiebro” (lisonja o piropo con intención amorosa) a una mujer de la localidad, en concreto a una hermana o sobrina del noble don Rodrigo de Pacheco; porque al parecer fue, según la creencia popular, la protagonista de la tradición oral sostenida en Argamasilla de Alba durante siglos, en cuanto que Miguel de Cervantes, piropeó a esta dama de la localidad a la salida de la Iglesia; motivo por el cual, ofendidos los alcaldes y regidores que en esas fechas gobernaban el municipio por atreverse a piropear a una dama de prosapia (entre los que estaba don Rodrigo Pacheco), decidieron encerrar al autor en la casa o cueva del regidor Medrano.

Y es que quizás por tamaña afrenta que resulta lógico pensar que Cervantes no quisiera acordarse precisamente de aquel lugar donde por algún motivo fue preso. (aunque se tiene conocimiento de que el complutense estuvo preso hasta en otras tres ocasiones, entre ellas la que padeció como prisionero de guerra en Argel).  Cabe recordar aquel exordio que Miguel de Cervantes pudo dirigir en una carta a su tío Juan Bernabé de Saavedra: ‘Luengos días y menguadas noches me fatigan en esta cárcel, o mejor diré caverna’.

Cuadro exvoto para la Virgen de la
Caridad de Illescas, que permanece
en la Iglesia de San Juan Bautista
de Argamasilla de Alba

Como son muchos los que afirman que fue durante tal encierro forzado en Argamasilla cuando nuestro Ilustre literato comenzó la escritura de su obra maestra, son también muchos, entre expertos en la materia y argamasilleros en general,  los que ven en el noble Don Rodrigo de Pacheco a un trasunto de Don Quijote, estimando obvio que Cervantes conociera a este noble de la localidad y que por ello pasara un tiempo en Argamasilla de Alba, circunstancia ésta que pudo dar lugar en algún momento al episodio amoroso con la joven pariente de éste, y que pudiera ser la causa de la prisión sufrida por el escritor. Se basa dicha hipótesis en la circunstancia de que se decía en aquella época que Rodrigo de Pacheco no contaba con buena salud y, como ruego para la cura, mandó pintar el cuadro exvoto para la Virgen de la Caridad de Illescas, que permanece en la Iglesia de San Juan Bautista de Argamasilla de Alba. El cuadro conserva al pie la siguiente inscripción: “Apareció nuestra Señora a este caballero estando malo de una enfermedad gravísima desamparado de los médicos víspera de San Mateo año 1601, encomendándose a esta Señora y prometiéndole una lámpara de plata, llamándola día y noche de un gran dolor que tenía en el cerebro de una gran frialdad que se le cuajo dentro”. Además, se dice que quienes observan este cuadro no pueden obviar al Ingenioso Caballero que describió Cervantes, con el rostro largo y estrecho, ojos espantadizos y largos bigotes. Y resulta curiosa la analogía entre Don Quijote y la leyenda que aparece en la parte baja de la pintura, con la que Cervantes describía la locura del hidalgo: “Del poco dormir y del mucho leer se le secó el celebro de manera que vino a perder el juicio”, resultando también “interesante” la coincidencia en la fecha del cuadro exvoto, año 1601, con la publicación de la primera parte de la obra cervantina, 1605. También hay quienes ven en la mujer que acompaña a don Rodrigo en el cuadro a la Dulcinea del Toboso que enamoró al Caballero de la Triste Figura. La dama del cuadro en cuestión era Magdalena Pacheco Avilés, una hidalga del siglo XVII retratada junto a su hermano Rodrigo. Algunas opiniones discordantes conducen a que la dama en cuestión era sobrina del noble y que llevaba por nombre Aldonza.

Iglesia de San Juan Bautista de Argamasilla de Alba
Por otro lado, otro de los fundamentos utilizados para defender la tesis de que este era el lugar que Cervantes no quería recordar, es que se trata de una antiquísima tradición que se remonta a los mismos tiempos en que vivió Cervantes, quien a pesar de su voluntad de no “recordar” el lugar de la Mancha de su protagonista, indirectamente la alimentaba con las alusiones a su propia prisión vertidas en el prólogo del libro: “Qué podrá engendrar el estéril y mal cultivado ingenio mío, sino la historia de un hijo seco, avellanado, antojadizo y lleno de pensamientos varios y nunca imaginados de otro alguno, bien como quien se engendró en una cárcel donde toda incomodidad tiene su asiento y donde todo triste ruido hace su habitación”.

También se toman como indicios de la localización quijotesca en Argamasilla de Alba, el hecho de que tal cuestión se extendiera también entre los contemporáneos de Cervantes que, según parece, estaban convencidos de que éste fue el lugar en el que el insigne literato escribió la obra. Según la investigadora cervantista Pilar Serrano de Menchen existen otras dos pistas para defender a Argamasilla de Alba como punto de partida del aventurero Hidalgo: la primera es del propio Miguel de Cervantes con los sonetos y epitafios que los ficticios Académicos de la Argamasilla dedican a Don Quijote en el cierre de la primera parte de su obra y que constituyen sin duda uno de los más fuertes argumentos en favor de Argamasilla como Lugar de la Mancha, pues es el propio Cervantes quien de su puño y letra así lo afirma: “Los Académicos de la Argamasilla, Lugar de La Mancha, en vida y muerte del valeroso Don Quijote de La Mancha, Hoc scripserunt”; la segunda, de importante relevancia, según Serrano, se trata de la aportación que ya en 1614 realiza un coetáneo de Cervantes, en concreto Alonso Fernández de Avellaneda (seudónimo de un autor todavía desconocido) en el llamado Quijote de Avellaneda, señalando que “El Avellaneda es el lector más interesado de primera parte del Quijote y se refiere 23 veces a Argamasilla, concretando dos veces que se refiere a la Argamasilla más cercana a El Toboso; además el Avellaneda dedica su Quijote al alcalde, los regidores e hidalgos de la noble villa de Argamasilla de La Mancha, patria feliz del hidalgo caballero”.

Sean ciertas o nó las tesis, teorías y fundamentaciones que unos y otros mantienen en favor y en contra de la ubicación en Argamasilla de Alba de "un lugar de la Mancha, de cuyo nombre no quiero acordarme", lo que sí está claro es de que alguna manera pone a dicha localidad en el mapa y de alguna manera también, indirectamente, la hacen universal, y eso, obviamente, es digno de orgullo para los lugareños.

No es que Argamasilla sea precisamente un lugar donde acudir en peregrinación turística, porque el atractivo en este sentido se reduce casi a las conjeturas de los cervantinos sobre la quijosteca localización, la cueva que presumiblemente abrigó la fructífera creación del literato, la iglesia donde se encuentra la afamada pintura de la Virgen de la Caridad de Illescas (Toledo), donada por Rodrigo Pacheco Avilés, y algún que otro edificio de señalado renombre como la Rebotica de los "Académicos" o la casa del bachiller Sansón Carrasco, entre otros; pero es si, si uno va de paso por allí, camino de Madrid o de Valencia (desde Córdoba, se entiende), o cómo prólogo al disfrute de una buena obra de teatro en Almagro, o por cualquier otro motivo que sirva de excusa, bien puede hacer un pequeño desvío para hacer un alto en el viaje y, aparte de degustar unos magníficos quesos manchegos y otras viandas locales, regadas con los cada vez mejores caldos de la zona, hacer una visita a esos lugares que, en el fondo, están llenos de magia, pura magia quijotesca.

José Antonio Del Solar Caballero.

miércoles, 18 de enero de 2023

LOS NOMBRES DE LOS DÍAS

             Si se afirma que la división del mes en semanas de siete días tiene origen judío, lo cierto es que solamente se atisba un influjo judío en el nombre del sábado, que se relaciona fácilmente con el shabbât, el día de descanso. También se habla de año sabático, dicen que existe, yo no lo he visto.

          La misma palabra semana tiene el numeral siete en su nombre. En efecto, procede de “Septimana”. Y en el Génesis leemos los seis días dedicados a la creación, y “al séptimo descansó”.

          Entonces, ¿por qué los nombres de los días tienen relación con astros y divinidades paganas, no solamente romanas, sino también germánicas?

          La respuesta es sencilla, la semana de siete días tiene origen babilonio, caldeo, ya que los romanos llamaban así a los astrólogos y matemáticos de Babilonia. La cosmovisión de esta cultura estaba asentada en la observación de un hecho: la Tierra debe estar en el centro de un mundo en torno al cual giran todos los astros nocturnos y diurnos. A partir de esta concepción y tras muchísimos años de observación y estudio de los cielos se llegó a acumular una información que nunca se perdió y se transmitió a los nuevos pueblos que fueron apareciendo en ese territorio.

          Esa observación del cielo era sencilla también de realizar, en principio, desde cualquier lugar al descubierto, pero lo cierto es que los sucesivos habitantes de Mesopotamia levantaron zigurats, torres de forma piramidal, para facilitar la observación, lugares que eran observatorios y templos al mismo tiempo. El famoso zigurat del que se dice que es la torre de Babel bíblica estaba situado en el centro de la nueva ciudad de Babilonia y fue construido en honor al “gran señor Marduk”.

          En esta concepción de la que venimos hablando había dos luminarias principales que regían la vida de los hombres: el sol y la luna. Pero, además, había cinco planetas que también se podían observar a simple vista. En total, siete nombres para siete días y nosotros los conocemos principalmente con el nombre romano.  

Latín

Lunae dies

Martis dies

Mercurii dies

Iovis dies

Veneris dies

Saturni dies

Solis dies

Castellano

Lunes

Martes

Miércoles

Jueves

Viernes

Sábado

Domingo

Francés

Lundi

Mardi

Mercredi

Jeudi

Vendredi

Samedi

Dimanche

Inglés

Monday

Tuesday

Wednesday

Thursday

Friday

Saturday

Sunday

Alemán

Montag

Dienstag

Mittwoch

Donnerstag

Freitag

Samstag

Sonntag

            En el cuadro anterior se ven claras algunas equivalencias, como la del día dedicado a la Luna, otras no, pero si sabemos que la diosa Freija es la diosa germánica de la fertilidad, la relación con la Venus romana ya es patente.

          O la relación de Thor, el dios del trueno (donner en alemán), con Júpiter (en realidad Padre Jove “Iou-pater”), dios romano de los fenómenos atmosféricos, cuyo nombre está relacionado etimológicamente con la misma palabra “día”, por lo que Júpiter significa literalmente más o menos “padre de la luz”, al igual que el Zeus griego.

          En el sábado vemos más alternativas, bien la derivación del shabbât, que tiene el castellano, el inglés nos señala a Saturno, como el latín. Francés Samedi y alemán Samstag   parecen relacionados. Algunos derivan Samstag de Sambaztag, que también procedería de Shabbât o sabbath. Tag en alemán es día.

          No obstante todo lo anteriormente dicho, existe otra forma de nombrar los días. La Iglesia católica utiliza Dominica, feria secunda, feria tertia, etc., claramente con la intención de evitar la influencia pagana, pero con éxito reducido: tal forma de denominación la vemos en gallego-portugués.

          Sin embargo, también se utiliza en griego, excepto para el viernes (“parascevi”, el día de la preparación de la fiesta) y el domingo (“kyriakí”, de kyrios “el Señor”).

          En castellano solo aparece en dominicus (o dominica) dies: el día del Señor, en referencia al día de la Resurrección, el día de los cristianos, como ya decía San Jerónimo. Si Cristo es la Luz del mundo, el Sol y su luz son un símbolo de Cristo y el día del Sol (Solis dies, Sunday) es el día de Cristo, el Señor, Lumen gentium.

          De todo esto surgen discrepancias también sobre el día en que comienza la semana, si el domingo o el lunes. Tenemos calendarios en los que el primer día es el domingo, otra influencia anglosajona, pienso, `pero en castellano claramente el primer día es el lunes. No en vano decimos que “estás en medio, como el jueves”.

          Por último, queda explicar de dónde procede el orden en que cada día recibió su nombre. He comentado ya que la referencia es la observación directa del Sol, la Luna y los cinco planetas, en su distancia con la Tierra a simple vista.

          A estos siete astros se les consideró intérpretes de la voluntad divina, anunciaban con su movimiento y posición lo que ocurría en el cielo y lo que debía cumplirse también  en la tierra. Para los babilonios, cada hora del día pertenecía a uno de los siete astros, llamado “el regente”. Se atribuyó la primera hora del primer día al más alejado, Saturno, y las otras, gradualmente, a los menos lejanos, en este orden: Júpiter, Marte, Sol, Venus y Mercurio, para terminar con la Luna, el más cercano. Una vez llegados a la hora octava, se empezaba de nuevo y así hasta la vigésimocuarta, perteneciente a Marte.

          Cada día, por tanto, tomaba el nombre del planeta al que pertenecía su primera hora. El segundo día empezaba con la hora del sol y terminaba con la de Mercurio y así sucesivamente según este cuadro.

          En esta configuración, el primer día es el de Saturno, pero simplemente porque es el planeta más alejado. Esta semana de origen babilonio fue adoptada por el Imperio romano, sustituyendo los nombres caldeos por los romanos, en algunas provincias del Imperio se sustituyeron por las equivalentes de la religión del lugar, como hemos visto.

          Y ya para terminar, este procedimiento, explica Hugo Winckler, puede ser representado mediante una circunferencia dividida en siete partes, colocando un planeta en cada punto de intersección, en sentido contrario a las agujas del reloj. Si se unen los puntos según la sucesión de los días de la semana, resultará una estrella de siete puntas, cuyas líneas de unión tienen cada una dos de los puntos de intersección del círculo. Se trata de un Heptagrama, símbolo del todo (círculo y estrella), como se ve en la imagen.

           Para otro día quedará hablar del nombre de los meses.

 Manuel Millán Gómez

miércoles, 12 de octubre de 2022

CAMPANAS

Lo estaba esperando. Me decía, algún día surgirá la noticia y mandaré un artículo al blog de Génesis.

No te confundas, no me estoy refiriendo al óbito de la reina de los albiones, Su Graciosa Majestad, aunque podría tener alguna relación con esta exposición en lo que se refiere a la importancia de que antiguas instituciones conserven las centenarias liturgias por las que visualmente se les identifica. Son la prueba palpable de su existencia y su vigencia.

La noticia a la que me refiero es en apariencia más insignificante y ha pasado desapercibida, pero mucho me temo que es la primera de una lista de otras similares.

En un pequeño pueblo rural de la Bretaña francesa, Arzon, muy visitado por veraneantes por su tranquilidad y la benignidad de sus temperaturas estivales, un parisino de vacaciones ha remitido una instancia al alcalde solicitándole que conmine al párroco del lugar para que durante el verano cese el toque de las campanas de la iglesia, a fin de mejor permitir su descanso y el de sus hijos.

En España la solución hubiera sido muy fácil. La respuesta de la autoridad competente, o no hubiera llegado nunca, o se hubiera interpuesto un funcionario muy celoso en el cumplimiento de los requisitos formales de la solicitud, que hubiera requerido copia del DNI, y después certificación de que la copia del DNI es auténtica, y más adelante certificación de que el que certifica está habilitado para certificar.

A la luz de los prejuicios que tenemos respecto del país vecino, podemos presumir que en el caso que os cuento, la administración municipal actuaría de modo eficiente y dirigiría una pronta respuesta basada en el principio de legalidad, es decir, del tipo, “la actividad está reglada y permitida por la ley 30/26 de 13 de febrero” o “no supera el umbral máximo de incidencia acústica permitido para actividades musicales en la vía pública”, etc.

Sin embargo, para mi sorpresa, la respuesta del alcalde fue mucho más coherente con el razonamiento que haría cualquier lugareño no versado en el mundo del Derecho: “Quienes vienen a Arzon deberían aceptar nuestras tradiciones. Nosotros tenemos una identidad religiosa católica, y es también una tradición cultural”. Y el alcalde termina su exposición denegatoria con un razonamiento más berlanguiano que ilustrado: “Y de todas formas, el alcalde no quiere que paren de sonar las campanas”.

Las campanas, o mejor dicho, su sonido, vienen identificando a nuestro contexto geográfico cristiano desde que en el siglo V comenzaron a ser instaladas en los templos para marcar el inicio de celebraciones, avisar de una muerte, expresar júbilo, o simplemente dar las horas. De las pequeñas campanas de las espadañas de iglesias románicas en pueblos pirenaicos o castellanos se pasó a los grandes campanarios de las catedrales góticas, en la época del resurgir de las ciudades. Hoy son un signo de la identidad sonora de nuestra civilización cristiana. Se podría decir que Occidente llega hasta donde llegan las campanas.

Parece evidente que en nuestro entorno, Europa, existe una tendencia a acabar con todo aquello que ha identificado a nuestra civilización con los valores cristianos que tanto de bueno nos han aportado y siguen aportando, pero que molestan a quienes quieren plantear su vida desde el egoísmo y la intrascendencia, desde una filosofía de vida epicúreo-nihilista.

No creo en conspiraciones. No creo que todos los segundos martes de mes, o algo parecido, se reúnan una serie de personas a organizar una estrategia para acabar con esos valores. Pero sí que hay mucha gente influyente que desea acabar con todo aquello que aún sin inscribirse en el centro de la Fe, sí constituye una huella visual, o como en este caso sonora, del paso de la Fe.  Y para ello hace falta acabar con toda demostración pública religiosa, como arquitectura, música o tradiciones, o si son demasiado poderosas, como Navidad o Pascua, adulterarlas y ponerles otros nombres.

En países de tradición cristiana en retroceso, como Francia, se viene llamando “cristianismo residual” a ese conjunto de tradiciones y valores que generaciones actuales han heredado de sus mayores, y que a duras penas subsisten en algunos contextos pese a que en la mayoría de los casos no vayan acompañados de una práctica religiosa cotidiana o una vivencia diaria de la Fe.

Y es a esas tradiciones y valores, especialmente en su vertiente de demostración pública, a los que “los enemigos de la Fe” dirigen sus ataques, a sabiendas de que quien se ha educado en ese ambiente, asistió a catequesis de primera comunión, quien veía a sus padres poner un belén en casa cada Navidad, y quien participaba en las procesiones de Semana Santa o en la romería de la patrona de su pueblo, muy probablemente, en un momento de crisis, tras haber fracasado con el psicólogo, el yoga y los libros de autoayuda, oirá un toque de campanas que le recordará la cercanía de una iglesia, entrará y escuchará una lectura o una oración que le harán ver que la felicidad no se encuentra mirándose a sí mismo sino volcando su vida hacia los que le rodean; sus interrogantes encontrarán respuesta, y quizás se inicie una nueva vida para él. Las tradiciones religiosas son el banderín de enganche a la Fe verdadera de muchos de quienes la han perdido o no la han llegado a encontrar.  

El ataque se excusa en que el espacio público, los colegios y las leyes deberían quedar exentos de las manifestaciones de identidad cristiana, por respeto a los practicantes de otras religiones. Lo curioso es que estos últimos no se suelen sentir para nada ofendidos y ven totalmente normal que en un país de tradición cristiana suenen las campanas, como vienen haciéndolo desde hace 1.500 años, o se celebre el Nacimiento de Cristo.

Creo que como católicos deberíamos ser conscientes de que la evangelización no solo se practica en el barro de los confines, sino también manteniendo el cordón umbilical de la educación, la tradición y los valores cristianos, que une aún a millones de personas a la perspectiva de una vida en confianza y esperanza.

Manuel del Rey Alamillo

sábado, 6 de agosto de 2022

LA FERIA DE LOS DISCRETOS

En una de esas largas tardes de verano he rebuscado entre los clásicos de mi juventud, entre los volúmenes que leí en parecidas tardes treinta o treinta y cinco años atrás. Y me he tropezado con La Feria de los discretos, esa novela de acción que Pío Baroja situó en nuestra ciudad, tras una visita que le hizo en el año 1904, aunque el contexto de la novela se sitúa en los días de la revolución de 1868.

No he podido resistir releer esas páginas, ya amarillentas por el paso de los años, y sumergirme en las peripecias de Quintín, protagonista de la novela, recién llegado a Córdoba tras unos años de estudios en Eton (Inglaterra).

No contento con eso, una vez releída buena parte de la novela, y guiado por mi innata curiosidad, he desafiado a la canícula y me he echado a la calle para recorrer los espacios que describe el insigne novelista.

Mucho ha cambiado nuestra ciudad desde entonces, aunque aún podemos encontrar casi intactos algunos de los lugares que aparecen en la narración.

El protagonista, Quintín, cuando regresa a Córdoba, lo hace en tren, arribando a la antigua estación que casi todos hemos conocido, y dirigiéndose hacia el centro de la localidad, recorriendo para ello el Paseo del Gran Capitán, la calle Gondomar y pasando por la Plaza de las Tendillas, muy distinta en su configuración a la que hoy conocemos.

Para llegar a su casa familiar en la calle Librerías, hoy Diario Córdoba,  junto a la Cuesta de Luján. Espacio este, el de la zona del Ayuntamiento, también muy cambiado en su configuración.

Muy cercana se encuentra una casa que aún pervive, en la esquina entre la citada calle y la de la Espartería, y a la que también se refiere el escritor vasco:


En la misma calle, esquina a la Espartería, en una casa en cuyo chaflán hay una cruz de hierro, habitaba un capitán de migueletes retirado, don Matías Echevarría”.

También describe la cercana Plaza de la Corredera, lamentando cierta decadencia, dado el estado de abandono de las viviendas, y la reciente construcción de un mercado en su centro, pervirtiendo la finalidad para la que fue construida, que no fue otra que la de ser el corazón de la ciudad, lugar de autos de fe, ejecuciones a garrote vil, corridas de toros, con Pedro Romero y Pepe Hillo…

El protagonista es aficionado a perderse callejeando por lo que hoy es el casco antiguo de la ciudad. La descripción de lo que ve no es muy distinta de la que podría expresar un viajero en nuestros días:

Las calles delante de él se estrechaban, se ensanchaban hasta formar una plazoleta, se torcían sinuosas, trazaban una línea quebrada. Los canalones, terminados en bocas abiertas de dragón, se amenazaban desde un alero a otro, y las dos líneas de los tejados, rotas a cada momento por el saliente de los miradores y de las azoteas, limitaban el cielo, dejándolo reducido a una cinta azul, de un azul muy puro. Terminaba una calle estrecha y blanca, y a un lado y a otro se abrían otras, igualmente estrechas, blancas y silenciosas”.

Pero donde más se detiene en su descripción es en el palacio de un personaje importante en la novela, el Marqués de Tavera, basado en un personaje real, en cuyas peripecias vitales se basa parte de la historia, que es el Marqués de Benamejí. Dicho palacio se encuentra en la calle hoy denominada Agustín Moreno, entonces calle del Sol, a pocos metros de la parroquia de Santiago. En la actualidad se encuentra ocupado por la Escuela de Artes y Oficios Dionisio Ortiz.

El citado aristócrata personifica la decadencia de las casas nobiliarias de la ciudad, su ruina económica, viniendo a ser sustituidos por familias de la burguesía ascendente, comerciantes y sorianos tratantes de ganado.

Posesiones emblemáticas de la misma familia fueron la Huerta de San Antonio, en la que casi todos hemos hecho algún retiro espiritual, y la finca El Capricho, en Alcolea, en la que habremos asistido a alguna boda, y que más tarde adquirió el hermano del célebre torero Guerrita.

Como decía, mucho ha cambiado Córdoba desde entonces, y mucho también los cordobeses, pese a que se suela decir lo contrario. Aunque aún permanezcan en la fisionomía de la ciudad y en nuestro carácter algunos de los rasgos esenciales que aparecen en el libro. Para bien y para mal. 

Manuel del Rey Alamillo