lunes, 20 de abril de 2020

QUE NADIE OS ENGAÑE

       Dios lo hizo todo, conoce todas las cosas reales y posibles de manera perfecta, sabía lo que habría de pasar y sabe lo que habrá de pasar. Nadie puede equipararse al Señor, Creador del universo, nadie puede competir con Dios y arrogarse su inmenso poder o su ilimitada sabiduría. Así lo pondera el profeta Isaías:

­          “¿Acaso no lo sabes, es que no lo has oído?  El Señor es un Dios eterno que ha creado los confines de la tierra. No se cansa, no se fatiga, es insondable su inteligencia” (Isaías 40:28).

­          “Yo soy Dios. Lo soy desde siempre, y nadie se puede liberar de mi mano. Lo que yo hago ¿quién podría deshacerlo?” (Isaías 43:13).

­          “Yo soy el Señor, que hace todas las cosas. Despliego los cielos por mí mismo, pongo los fundamentos de la tierra” (Isaías 44:24).

      Desde antes de la expulsión del Paraíso, Dios conoce al hombre pero decidió dejar que decidiera por sí mismo qué hacer. Lejos de tratarnos como marionetas, porque nos ama, nos concede el libre albedrío para que elijamos entre la ciencia del bien o del mal. Si como dijo Santa Teresa “amor saca amor”, sabido es que la avaricia, la envidia, el odio, el egoísmo, la maldad, provocan enfrentamientos, guerras, enfermedades y otras calamidades. El profeta se hace eco de esta capacidad de elección:

­          “Ellos eligieron sus caminos, estaban encantados con sus abominaciones” (Isaías 66:3).

      En medio de esta zozobra que caracteriza al ser humano, también Dios, a través de su Palabra, nos ha indicado el único camino correcto y sensato –sabio– a seguir. Nadie que la conozca puede llamarse a engaño:

­          “Que el malvado abandone su camino, y el malhechor sus planes; que se convierta al Señor, y él tendrá piedad, a nuestro Dios, que es rico en perdón. Porque mis planes no son vuestros planes, vuestros caminos no son mis caminos” (Isaías 55:7-8).

­        "Esto dice el Señor: Observad el derecho, practicad la justicia, porque mi salvación está por llegar, y mi justicia se va a manifestar” (Isaías 56:1).

­          “La vida de los justos está en manos de Dios, y ningún tormento los alcanzará” (Libro de la Sabiduría 3:1).

­          “Son necios por naturaleza todos los hombres que han ignorado a Dios y no han sido capaces de conocer al que es a partir de los bienes visibles” (Libro de la Sabiduría 13:1).

      Estos mensajes, para muchos propios de arcanas profecías, siguen estando vigentes. Múltiples son los ejemplos, aunque nos interesa –por la cercanía de muchos de los que lean estas palabras al ámbito misionero– destacar del mensaje del Papa Benedicto XVI, con motivo de la Jornada Mundial de las Misiones 2011, lo siguiente: “Es cada vez mayor la multitud de aquellos que, aun habiendo recibido el anuncio del Evangelio, lo han olvidado y abandonado, y no se reconocen ya en la Iglesia; y muchos ambientes, también en sociedades tradicionalmente cristianas, son hoy refractarios a abrirse a la palabra de la fe. Está en marcha un cambio cultural, alimentado también por la globalización, por movimientos de pensamiento y por el relativismo imperante, un cambio que lleva a una mentalidad y a un estilo de vida que prescinden del mensaje evangélico, como si Dios no existiese, y que exaltan la búsqueda del bienestar, de la ganancia fácil, de la carrera y del éxito como objetivo de la vida, incluso a costa de los valores morales”.

      Sin embargo, este cambio cultural, materialista y global, hacia un nuevo orden mundial, no es pacífico y hace que se tambalee el modelo actual de sociedad del bienestar, la economía y la política (endeudamiento, desempleo, revueltas sociales, vandalismo callejero, precariedad laboral, especulación y corrupción política, enfrentamientos políticos) y, por supuesto el modelo de valores. Así lo expresaba el entonces cardenal Joseph Ratzinger en la conferencia que pronunció en la biblioteca del Senado de la República Italiana, el 13 de mayo de 2004 sobre los fundamentos espirituales de Europa: “Con la victoria del mundo técnico-secular post-europeo, con la universalización de su modelo de vida y de su manera de pensar, da la impresión de que el mundo de valores de Europa, su cultura y su fe, aquello sobre lo que se basa su identidad., ha llegado al final y esté saliendo del escenario; da la impresión de que ha llegado la hora de los sistemas de valores de otros mundos, de la América precolombina, del Islam, de la mística asiática. Europa, justo en esta hora de su máximo éxito, parece haberse vaciado por dentro, paralizada en cierto sentido por una crisis de su sistema circulatorio que pone en riesgo su vida. Ello se debe a una disminución interior de las fuerzas espirituales importantes y a una extraña falta de deseo de futuro, pues los hijos son vistos como un límite para el presente y no como una esperanza”.

      Cobran actualidad las palabras del Evangelio de Mateo pronunciadas por Jesús inmediatamente antes de comenzar su pasión cuando los discípulos le preguntaron “¿cuál será el signo de tu venida y del fin de los tiempos?”:

­     "Estad atentos a que nadie os engañe, porque vendrán muchos en mi nombre, diciendo: Yo soy el Mesías, y engañarán a muchos. Vais a oír hablar de guerras y noticias de guerra. Cuidado, no os alarméis, porque todo esto ha de suceder, pero todavía no es el final. Se levantará pueblo contra pueblo y reino contra reino, habrá hambre, epidemias y terremotos en diversos lugares; todo esto será el comienzo de los dolores. Os entregarán al suplicio y os matarán, y por mi causa os odiarán todos los pueblos (…) pero el que persevere hasta el final se salvará” (Mt 24:1-13).

Y continúa diciendo:

­          “Aprended de esta parábola de la higuera: cuando las ramas se ponen tiernas y brotan las yemas, deducís que el verano está cerca; pues cuando veáis todas estas cosas, sabed que él está cerca, a la puerta. En verdad os digo que no pasará esta generación sin que todo suceda. El cielo y la tierra pasarán, pero mis palabras no pasarán. En cuanto al día y la hora, nadie lo conoce, ni los ángeles de los cielos ni el Hijo, sino solo el Padre” (Mt 24:32-36).

      No sólo el cristiano si no el lector que se aproxime a estas palabras en el contexto de la actual situación mundial ¿puede permanecer indiferente? ¿Constituye la crisis sanitaria que azota el mundo provocada por la pandemia del coronavirus, un nuevo signo visible de los tiempos? No es fácil la respuesta, pero lo que sí es cierto, como afirmamos al principio, es que Dios conoce todas las cosas reales y posibles de manera perfecta y sabe lo que ha de pasar en cada momento, y que nosotros somos los que elegimos entre la ciencia del bien o del mal.

      Por eso, cuando los valores sociales de hoy en día se caen, cuando el éxito y el dinero no lo pueden todo, ha llegado el momento de darnos de bruces con la realidad. Efectivamente, que nadie se engañe, este sistema de vida no podía mantenerse siempre. Sólo nos queda buscar razones profundas que nos lleven a vivir en plenitud nuestra existencia para recuperar la confianza en el hombre, volver nuestra mirada a los valores de nuestra fe, promover un humanismo nuevo fundado en el Evangelio de Jesús y adorar al Padre:

­          “Se acerca la hora, ya está aquí, en que los verdaderos adoradores adorarán al Padre en espíritu y verdad, porque el Padre desea que lo adoren así. Dios es espíritu, y los que lo adoran deben hacerlo en espíritu y verdad” (Jn 4:23-24).

      Siendo esto así, los cristianos deben aprender a ofrecer signos de esperanza y a convertirse en hermanos universales, cultivando los grandes ideales que transforman la historia y, sin falsas ilusiones o inútiles miedos, comprometernos a hacer del planeta la casa de todos los pueblos. Una mirada global a la humanidad demuestra que esta misión se halla todavía en los comienzos y que debemos comprometernos con todas nuestras energías en su servicio, como nos dice San Juan Pablo II en la Encíclica Redemptoris missio, 1, sobre la permanente validez del mandato misionero.

     Se impone, más que nunca, una reflexión profunda sobre el sentido de nuestra vida y la necesidad de tomar conciencia renovada de la urgente misión de anunciar el verdadero amor.

       Córdoba, 17 de abril de 2020. 
Francisco de Paula Oteros Fernández

sábado, 18 de abril de 2020

LA MISA EN EL ESTADO DE ALARMA

“Sal al campo y sanarás” fue la recomendación de nuestro Custodio, Medicina Dei, al Padre Roelas cuando éste se encontraba enfermo. “Salgan a la calle, a los parques, al campo, busquen espacios abiertos y huyan de los espacios cerrados”, recomendaban autoridades de todo el mundo en 1918 para frenar el virus de la gripe que se ensañó con la población sana y joven.

“Quédate en casa”, ordenan nuestras autoridades, a todos sin distinción, lo mismo al vecino del madrileño barrio de Lavapiés que al habitante de Villanueva del Arzobispo, siguiendo el ejemplo de las autoridades chinas en su modo de combatir la enfermedad en una metrópolis de 11 millones de habitantes.

El tiempo y la ciencia dirán si a la ruina económica era necesario añadir la pena de reclusión domiciliaria total (eufemísticamente llamada confinamiento), no pudiendo ni tan siquiera salir a pasear por la calle o por el campo, pese a que a estas alturas es bien conocido que donde se contagia el coronavirus es en hospitales, residencias, lugares de trabajo, transportes públicos colectivos, y paradójicamente, ahora se empieza a reconocer, dentro de las viviendas entre las personas recluidas.

Pero no me corresponde a mí juzgar esta cuestión puesto que doctores tiene la Iglesia. A mí, que de medicina conozco poco más de la que me da San Rafael, sólo me corresponde cumplir la ley, quedarme en casa y salir sólo para ir a trabajar o hacer la compra. Y, … tolerar lo que la ley permite a otros.

Y es que la ley es un pilar fundamental de nuestra convivencia y una defensa, una garantía del individuo frente a la imposición de los gobernantes o de la mayoría. Seguramente una mayoría de ciudadanos de este país estarían a favor de expropiar sus bienes a la Iglesia o a la Casa de Alba por el valor simbólico de un euro, y repartir entre todos el saldo del producto de su venta. O quizás de hacer lo mismo con el magnífico chalet del vicepresidente del gobierno.

Pero tanto la Iglesia y la Casa de Alba como nuestro bien amado vicepresidente disfrutan de unas garantías que les otorga la Constitución, en concreto en este caso el derecho a la propiedad privada, que no les puede ser arrebatada ni siquiera con el voto de una mayoría de diputados o ciudadanos ni tan siquiera mediante una ley que así lo dispusiera.

Lo mismo ocurre con otros derechos como los contemplados en el artículo 16 de la Constitución: la libertad ideológica, religiosa y de culto. A muchos les podrá parecer sorprendente que el derecho a la libertad religiosa y de culto, que hoy parece ser tenido como una libertad de segunda, se encuentre tutelado en nuestro ordenamiento al mismo nivel que la libertad ideológica u otras reguladas en el mismo capítulo y similar protección como la libertad de reunión, asociación, prensa, opinión, etc. Para entenderlo hay que situarse en la época de la Constitución. Aún se tenía memoria de la persecución sufrida por la Iglesia Católica en tiempos de la II República y la Guerra Civil. Y sobre todo se quería también proteger a las religiones minoritarias en nuestro país, que desde siempre habían estado desprotegidas cuando no perseguidas.

La libertad religiosa y de culto recibió tal protección que ni siquiera el estado de alarma, ni el de excepción ni el de sitio pueden suspenderla. El artículo 55 de la Constitución enumera los derechos y libertades que podrán ser restringidos durante el estado de excepción o el de sitio, y la libertad religiosa y de culto NO está entre ellas. Para el estado de alarma NO está previsto en la Constitución que se restrinja libertad alguna.

Los detalles de los estados de alarma, excepción y sitio (enumerados de menor a mayor gravedad) vienen regulados en la Ley Orgánica 4/1981. En su artículo 4 detalla los casos en los que se podrá decretar el estado de alarma, entre los cuales se encuentra el de las crisis sanitarias o epidemias.

El artículo 11 de la misma Ley describe las medidas que la autoridad competente podrá adoptar durante el estado de alarma, entre las cuales NO se encuentra desde luego la suspensión ni restricción de la libertad religiosa ni de culto.

Es por ello que cuando se dictó el Decreto 463/20 de declaración del estado de alarma, el Gobierno de España, correctamente asesorado, no incluyó los cultos religiosos entre las actividades que quedan suspendidas en el artículo 10, que son las concentraciones por verbenas, desfiles, fiestas populares, conciertos, eventos deportivos, etc.

Sobre los cultos religiosos se pronuncia en el artículo 11, titulado medidas de CONTENCIÓN en relación con los lugares de culto y con las ceremonias civiles y religiosas, CONDICIONANDO la asistencia a las mismas “a la adopción de medidas organizativas consistentes en evitar aglomeraciones de personas, en función de las dimensiones y características de los lugares, de tal manera que se garantice a los asistentes la posibilidad de respetar la distancia entre ellos de, al menos, un metro”.

Como digo, hace bien el Gobierno en no suspender los cultos religiosos, puesto que se trata de un derecho que no sólo no puede ser suspendido durante el estado de alarma (ni el de excepción ni el de sitio), sino que además tiene la obligación de garantizar su efectividad en cumplimiento del mandato constitucional.

Es cierto por otro lado que el mismo decreto, al establecer las excepciones al confinamiento  -desplazamiento al trabajo, adquisición de bienes de primera necesidad, etc -  omite el caso del desplazamiento al lugar de culto. Pero ya antes lo ha permitido en el artículo 11, por lo que una interpretación cabal del precepto, y sobre todo a la luz del mandato constitucional, debe incluir la posibilidad del desplazamiento al lugar de culto.

Respecto de las condiciones higiénicas y de distanciamiento que se imponen en el decreto para la celebración de los cultos, se ajustan a las posibilidades que ofrece la Ley 4/1980 en el caso de declaración del estado de alarma por epidemias, pudiendo imponerse ese tipo de normas. Al igual que en todo momento se pueden imponer otras normativas de seguridad, para caso de evacuación, incendio, etc.

Ha generado cierta confusión la promulgación de un posterior decreto (10/2020 de 29 de marzo) que establecía el denominado “permiso retribuido recuperable” para todos aquellos trabajadores por cuenta ajena que no presten servicios esenciales, éstos relacionados en un anexo a la norma. Algunos interpretaron que como los cultos religiosos no estaban incluidos dentro de las actividades designadas como esenciales, ya estaban prohibidos. Craso error, ya que la norma se dirige al ámbito laboral exclusivamente, ordenando que los trabajadores de actividades no esenciales no asistan al trabajo y reciban dicho permiso retribuido recuperable. Pero aquí no estamos hablando de trabajadores (salvo en algunos casos el sacristán). Por otro lado, dicha norma se refería exclusivamente al período que va del 30 de marzo al 9 de abril.

También ha ocasionado confusión el hecho de que se hayan prohibido los funerales y las consiguientes ceremonias civiles o religiosas. Ello se debe a que el Ministerio de Sanidad, en una orden ministerial, considera que en tales eventos, por sus características, no es posible mantener las condiciones de seguridad para impedir la transmisión del virus. Pero no se extiende al resto de cultos, lo cual es otro argumento que viene a avalar el hecho de que el resto de cultos religiosos sí están permitidos.

El hecho es que se vienen desarrollando cultos religiosos con público asistente en muchas iglesias, habiendo sido los incidentes de intervención policial muy excepcionales. Ello tiene como explicación evidente que los cargos policiales y subdelegados de gobierno que podrían dar orden de prohibirlos, en la mayoría de los casos son conocedores de que carecen de cobertura legal para ello, y que se podrían meter en un problema importante, como veréis a continuación.

Interrumpir una ceremonia religiosa, o impedir a alguna persona su asistencia a la misma, sin la debida cobertura normativa, puede conllevar la comisión de varios delitos del Código Penal, especialmente si quien lo ha llevado a cabo es un funcionario público.

En concreto el artículo 522 del Código Penal castiga a “los que por medio de violencia, intimidación, fuerza o cualquier otro apremio ilegítimo impidan a un miembro o miembros de una confesión religiosa practicar los actos propios de las creencias que profesen, o asistir a los mismos.”

El artículo 523 va más allá y castiga con pena de prisión de 6 meses a 6 años si se impide o interrumpe una ceremonia de una confesión religiosa en un lugar destinado al culto.
Y en relación con los funcionarios, el Código Penal los castiga además en tales casos en los artículos 540 y 542 con penas de inhabilitación especial para empleo o cargo público que pueden llegar hasta los 8 años.

Como expuse al principio, todo esto puede parecer excesivo a los ojos de una sociedad que considera a la religión como poco más que una afición o una ocupación para el tiempo libre, algo que merecería la misma protección que el deporte o la lectura. Pero el caso es que por el momento y mientras nadie lo cambie, la Constitución Española le otorga una importancia similar a la libertad de expresión, opinión o de prensa. Ello quiere decir que el Arzobispo de Granada y sus fieles tienen el mismo derecho a celebrar una misa, cumpliendo con las condiciones establecidas (que se cumplen al estar 20 personas en un templo de 700 metros cuadrados), que Ferreras o Risto Mejide a hacer un programa (supuestamente) informativo en un estudio de 30 metros cuadrados en el que se encuentran siete personas.  

Sé que estos argumentos no son de la simpatía de muchos. A algunos tampoco nos resulta simpático que se despenalice el aborto o que el vicepresidente pueda colocar a su pareja de ministra. Pero la ley lo permite y tengo que acatarla hasta que podamos conseguir que cambie.

Creo que la Iglesia Católica ha reaccionado de un modo totalmente responsable ante la epidemia relevando a los fieles del precepto dominical y recomendándoles no asistir. Pero lo que quedará para la historia es que algunos obispos y curas han llevado a cabo actividades (falsamente) prohibidas por la ley al celebrar una misa con 10 ó 20 personas.

Alguien debería dejar las cosas claras y poner los puntos a las íes o estaremos dejando sentado un pésimo precedente. Sé que en estos tiempos predomina el buenismo eclesial, poco o nada valorado por “los otros”, por cierto. Pero también el mismo Jesucristo hubo de actuar en defensa del templo.

Manuel del Rey Alamillo
Abogado

viernes, 17 de abril de 2020

LA TORRE DE LA MALMUERTA

Sirvan como introducción al presente artículo estas dos monedas de Enrique III de Castilla, el Rey que encargó la construcción de la Torre de la Malmuerta:




Enrique III, blancas de la ceca de Sevilla

La segunda, con peso de 1,35 gr y diámetro de 22 mm, a pesar de su fragmentación permite ver en su anverso “ENRICVS” escrito con letra gótica


El presente relato apareció en la revista “LA ILUSTRACIÓN ESPAÑOLA Y AMERICANA” de 8 de enero de 1889. Su autor es C. Vieyra de Abreu.

“Si España en general es rica en tradiciones, Andalucía en particular posee mayor número de ellas que el resto de nuestra península, atribuyéndose esta superioridad al carácter del país, inclinado de suyo, aún en la época presente y a despecho de las corrientes modernas, a mantener vivo y latente el recuerdo de acontecimientos más o menos verosímiles, pero todos ellos curiosos en la forma e interesantes y verdaderamente dramáticos en el fondo.

Sevilla, Córdoba y Granada, poblaciones en las que la dominación árabe ejerció tan señalada influencia, que a pesar de los siglos transcurridos aún se ven claras huellas de su paso, son las provincias andaluzas en que más abundan los hechos históricos novelescos, las consejas históricas más exuberantes en la manera de ser expuestas.

Sevilla ofrece vastísimo repertorio de sucesos legendarios, su mayor parte a la época en que reinó D. Pedro I de Castilla; Granada, aparte de sus tradiciones árabes, cuenta la del Triunfo del Ave María, cantado por todos nuestros romanceros, y los amores de Dª Isabel de Solís; Córdoba tiene en el Gran Capitán el héroe de cien hechos famosos, que son otras tantas variadas historias caballerescas de las más interesantes y llenas de color que pueden darse; y aunque con Gonzalo de Córdova bastara, la Cruz del Arco de la Villa y la Torre de la Malmuerta son leyendas de corte esencialmente dramático, y de ellas queda una cruz de piedra y una torre antigua, como recuerdo constante de los hechos que dieron lugar a la fabricación de una y otra.

De la torre cuyo nombre acabamos de decir, y sirve además de epígrafe a estas líneas, vamos a ocuparnos. Hállase situada en el Campo de la Merced, es de figura octógona y regular elevación. Su construcción es tosca, salvo una media naranja formada por sillaretes. Apóyase en un arco, bajo el cual hace un recuadro, en el que se destacan en ennegrecida piedra las armas Reales y al pie de éstas una inscripción que se lee con mucha dificultad, y que dice así:

“En el nombre de Dios: porque los buenos fechos de los Reyes no se olviden, esta torre mandó facer el muy poderoso Rey D. Enrique, e comenzó el cimiento el doctor Pedro Sanchez, comendador de esta Ciudad, e comenzóse a sentar en el año de Nuestro Señor Jesu Cristo de MCCCCVI años e sendo obispo D. Fernando Deza, é oficiales por el Rey Diego Fernandez, Mariscal, Alguacil Mayor, el doctor Luis Sánchez Corregidor, é Regidores Fernando Díaz de Cabrera e Ruy Gutierre…… e Ruy Fernandez de Castillejo, é Alfonso de Albalafia, é Fernan Gomez, é acabóse en el año de MCCCCVIII años.”

Muy variadas versiones corren acerca del origen de esta torre; pero la más exacta, al parecer, y que justifica su nombre, es la que ha llegado hasta nosotros, y que, cual la oímos contar, y no hemos de poner en duda la veracidad de unas páginas que acreditan desde luego el reputado nombre de Vaca de Alfaro.

En la inscripción antes copiada figuran dos nombres que juegan papel muy importante en la tradición: el del doctor Luis Sánchez, corregidor de la ciudad, y el de D. Ruy Gutiérrez, regidor de la misma: figura además la esposa de este último, inocente víctima sacrificada por los celos y cuya virtud pudiera dar idea a las más perfectas.

Y dicho esto por vía de proemio, y deseando no apartarnos de la relativa verdad histórica del suceso, sin comentario de nuestra parte que desfigurarlo pueda, vamos, como queda dicho, a trasladar la narración a estas columnas.

La que hoy es torre de piedra ennegecida, a la que sirven de adorno plantas parietarias y amarillos jaramagos, fue en el siglo XV vetusto palacio en el que moraba Dª Luz de Cabrera, ilustre dama que había unido su suerte a la de Ruy Gutiérrez, que era, sin disputa, de los más valientes capitanes que contaba en su ejército el Rey D. Enrique III. Aunque tan esforzado adalid había demostrado en muchas ocasiones su adhesión a la corona y su arrojo en la guerra, no creyó decoroso para su honor de caballero dejar de acudir en socorro del Mariscal Juan de Herrera, que veíase en grande aprieto por el obstinado cerco que habían puesto los moros a la ciudad de Baeza, y partió de Córdoba, sin que los ruegos de su muy amada Dª. Luz le hicieran vacilar un solo instante de su heroico propósito.

En tanto que Ruy Gutiérrez hacía prodigios de valor, y era espanto de la morisma y admiración de los demás caballeros, Dª. Luz vivía triste y solitaria en aquel palacio, que revestía todos los caracteres de una mansión feudal, y alejada del ruido de la ciudad pasaba la vida en perpetua plegaria por la vida de su esposo, sin que durante la ausencia de éste traspusiera los umbrales de su morada.

Sólo tenía a su servicio una vieja dueña y dos criados, en cuya fidelidad descansaba.

Así como Dª. Luz no salía jamás de su palacio, nadie entraba en él; así es que la presencia cierta noche del corregidor D. Luis Sánchez no pudo menos que contrariarla en sumo grado, no sólo porque gustaba de la soledad y apartamiento de todo trato, sino porque el tal corregidor se había permitido ofenderla, dirigiéndole unas amorosas cartas que ella había contestado con el desprecio que á su virtud cuadraba.

Sin embargo, no pudo menos de recibir la visita de D. Luis, cuyo carácter de autoridad era tan grande, que negarle la entrada fuera, más que una simple descortesía, una gran falta de acatamiento al representante de la ley.

La entrevista fue breve.

D. Luis repitió de palabra lo que por cartas había expuesto a Dª. Luz, acentuando en tal forma sus infames propósitos, que la dama tuvo que hacer un gran esfuerzo por contener la explosión de su dignidad ofendida.

- Dª. Luz- dijo el corregidor, con voz que rebelaba su ira y su despecho – ved que con vuestro desprecio firmáis vuestra sentencia de muerte.

- D. Luis – contestó la joven – más vale firmar la sentencia de muerte con el desprecio que sellar la deshonra accediendo a vuestros impuros deseos. Salid, pues, que ni la hora es oportuna para que estéis en mi casa, ni vuestra entrevista debe prolongarse más tiempo.

D. Luz había vuelto la espalda en el momento de pronunciar estas frases.

El Corregidor sacó un puñal y vaciló. Tal vez pensó en un crimen y se arrepintió, optando por una venganza, y aprovechando este momento de no ser visto depositó el arma en un cajón de una mesa que estaba próxima.
- Señora, os dejo, sintiendo que tengáis como enemigo al Corregidor de Córdoba.

Doña Luz no contestó; bien es verdad que tan profundamente emocionada estaba, que así como a sus mejillas había faltado el calor, a su garganta le faltaba la voz.

Marchóse D. Luis, y la esposa de Ruy Gutiérrez rompió a llorar, no por el temor de la amenaza, sino por la ofensa que había recibido.

El Corregidor era un hombre malvado, y para completar su diabólico plan que concibió aquella noche en los mementos de su arrebato, creyó conveniente, antes de abandonar el Palacio de la plaza de la Merced, dejar aparentes pruebas de delito, y al efecto entregó al salir a los criados, que le acompañaban hasta la puerta, respetable cantidad de doblas a cada uno.

Doña Luz ocultó, como era natural, a su esposo cuanto había acontecido, y éste encontrábase curando una pequeña herida recibida en el último combate, cuando llegó a su poder una carta que decía:

“Vuestra mujer os es infiel. Si queréis sorprenderla con su amante, venid cualquier día después de las doce. En un cajón de la mesa que hay en el salón que antecede al dormitorio, veréis un puñal que el ladrón de vuestra honra tiene allí a prevención de una sorpresa, y si queréis más prueba la encontraréis en el dinero que, en pago á la traición, tienen vuestros criados.”

Ruy Gutiérrez al terminar la lectura no se consideraba dentro de la realidad; parecíale un sueño, una terrible pesadilla lo que pasaba por él; pero sintiéndose dominar por los celos sin que la razón viniera a atenuar su desesperación, pensó sólo en lavar la que él creía su afrenta, y mandando ensillar su caballo, dirigióse a Córdoba, recorriendo la distancia con extraordinaria velocidad.
Nadie le esperaba. Los criados jugaban con el dinero que les había dado el Corregidor. Doña Luz descansaba en su lecho, y acaso soñaba con el momento feliz y deseado de estrechar en sus brazos a su esposo.

Cuando Ruy Gutiérrez se presentó a la vista de sus criados, éstos se quedaron atónitos; él miró el dinero, y esta primera prueba acrecentó su indignación. Acto seguido penetró en el salón y buscó en el cajón de la mesa el arma denunciada. Cuando sus manos tocaron la fría hoja del puñal, sintió a su contacto que la sangre se le helaba en las venas; lo empuñó nerviosamente y penetró en el dormitorio conyugal.

Hubo un momento de silencio. Después resonó un grito terrible, y Ruy Gutiérrez salió de la alcoba con el puñal ensangrentado.

Doña Luz de Cabrera ya no existía.

Febril, con la vista extraviada y el pulso nervioso, recorrió el mueble en que encontró el puñal, y halló un papel enrollado, que recogió con avidez creyendo haber dado con una nueva prueba que sancionara más el acto cometido.

Era una carta en la que Dª. Luz devolvía a D. Luis dos importunas epístolas amorosas, amonestándola severamente por su conducta, y expresándole que su honra, que ultrajar pretendía, era la de su esposo, a quien ella adoraba.

Ruy Gutiérrez quedó anonadado; ¿habré sido un criminal? Se preguntó a sí mismo. Y en esta sospecha ocurriósele confrontar la letra de aquellas cartas con la que recibió denunciándole su deshonra. La letra era la misma, y la infamia estaba probada, á la vez que la inocencia de su esposa. Entonces cayó de rodillas y pidió un castigo para su crimen.

Cruzó por su mente la idea de la venganza; salió apresuradamente de su palacio y buscó al Corregidor. Lo que pasó después podemos compendiarlo en dos palabras. Al siguiente día apareció el cadáver de D. Luis Sánchez en una de las orillas del Guadalquivir, atravesado el corazón.

Ruy Gutiérrez fue a presentarse al Rey, y no tuvo que explicar lo acontecido, pues D. Enrique III le habló de esta manera al verle entrar en su cámara:

“- Hanme dicho, D. Gutierre, y público nos es por la voz de las gentes, que habéis dado a vuestra mujer mala y excomulgada muerte. Que os oiga habéis pedido; hablad, pues, y que Dios ponga la verdad en vuestros labios, como yo pondré la cuchilla en vuestra garganta si os cae una sola gota de sangre criminal”

El desdichado caballero refirió entonces al Rey todo lo sucedido, relatándolo de tal manera, que no podía caber la menor duda en la verdad de sus palabras.

Cuando terminó su relato D. enrique estaba profundamente emocionado, y dándole la mano para que alzara la rodilla que había puesto en tierra, dijo así:

“- Ruy Gutiérrez, habéis cumplido como bueno y como caballero; habéis lavado la mancha que manchaba vuestra honra; habéis vengado vuestro honor con largueza: el Corregidor ha sido bien muerto cara á cara. Doña Luz ha sido mal muerta. En castigo por esta culpa, y para que sea un pregón de vuestros hechos en siglos futuros, derribaréis vuestro palacio, y sobre sus escombros levantaréis una hermosa torre que se llamará Torre de la Malmuerta.

Juan Manuel López Márquez

miércoles, 15 de abril de 2020

REENCARNACIÓN

A mis nietos: Federico, Daniela, Blanca, Esperanza, Sara, Pedro Pablo, Rodrigo, Luca y Javier.

Quisiera ser como un niño y jugar con mis juguetes
y andar a gatas, deprisa, como mi nieto Javier,
que me arropara tía Concha las largas noches de invierno
rebobinando la vida y volver a la niñez.

Vagar con el tirachinas persiguiendo gorriones
y montar en bicicleta dispuesto siempre a correr,
quisiera ser como un niño y abrigar sus ilusiones
y la señora Daría enseñándome a leer.

Quisiera ser como un niño y jugar con mis amigos
a los vaqueros y a indios y con los coches y el tren.
Aunque soy afortunado y me siento muy feliz

acorralado de nietos, da gloria verlos crecer.
Es un regalo del cielo y privilegio de abuelos
reencarnarnos en sus juegos y ser niños otra vez.
                                                 
                                                           Javier Ortiz Díaz

lunes, 13 de abril de 2020

TRES RECETAS DE CONFINAMIENTO

Cabeza de cerdo Ana
Se hacen rajitas y se meten láminas de ajo.
Se aliña con sal pimienta mostaza en grano y mostaza normal. Un chorro de aceite y laurel. 
Toda la noche aliñada. Al día siguiente al horno fuego lento.

Ensalada Decasa
Vinagreta: Mostaza. Miel. Vinagre suave. Sal. Aceite (sirve para salmón).
Canónigos. Lechuga en juliana. Aguacate. Queso Azul y Huevo duro y tomate.
Tiras de bacón en micro capas con papel cocina 1minuto y medio.
Pechuga pollo macerada en miel. Mostaza y soja. Se corta en trozos y se dora.
Se mezcla y se aliña con la vinagreta.

Pan casero
20 g aceite
175 gr agua templada 
25 gr levadura panadero 
6 o 7 castañas 
310 g. Harina fuerza
Agua tibia en un cuenco. Aceite de oliva. Levadura y se mezcla todo. Después la harina de golpe y un poco de sal. Se amasa con las manos se pone tomillo, pimienta y las castañas o pipas. En un recipiente se0 pone la bola de masa y se tapa con el cuenco para que quede hermético. En horno apagado se mete y se pone a 200 grados 35/40 minutos.

Carmen Sáez Bravo

sábado, 11 de abril de 2020

PASCUA 2020

¿Porque buscáis entre los muertos al que vive? No está aquí, ha resucitado.

Queridos amigos de Génesis, con estas palabras del evangelio comenzamos el tiempo gozoso de Pascua, después de un confinamiento prolongado en la Cuaresma y Semana Santa. Esperamos gozar de la alegría y la resurrección en estos próximos días de Pascua. Este año más que nunca nos daremos cuenta de que la Pascua es liberadora, fruto de la libertad, de no estar esclavizados por el pecado, fruto de sentirnos libres, porque el Señor ha vencido al pecado y a la muerte.

Este año se celebra el centenario del nacimiento del papa Juan Pablo II , tan querido por todos y tan seguido por cada uno de nosotros a lo largo de nuestra vida. El saludo del resucitado dice el papa es la paz contigo, la paz con vosotros. Cristo resucitado viene a traernos esta paz, y el papa dice que la paz exige cuatro condiciones esenciales que deberíamos buscar en esta situación de Pascua:
  • Verdad
  • Justicia
  • Amor
  • Libertad

Verdad porque Cristo es la VERDAD con mayúsculas, Cristo es la verdad y la vida.

Justicia especialmente con los más pobres, los más necesitados. Después de la situación que nos dejará esta crisis.

Amor, amor a Dios y amor al prójimo, para amarnos como el Señor nos ha amado y hemos escuchado estos pasados días en el evangelio del jueves santo.

Libertad, como fruto de todo lo anterior, como fruto de tener a Cristo Resucitado en nuestras vidas, ser libres en Cristo, estar libres de las ataduras de este mundo, de las condiciones de esta vida y vivir con Cristo en libertad.

Que la paz del Señor resucitado llegue a nuestros corazones, y no busquemos entre los muertos al que vive, porque Cristo vive y está en el Sagrario, esperando nuestro regreso después del confinamiento.

Un abrazo.

Paz y bien.
José Antonio Lora López

martes, 7 de abril de 2020

PASIÓN SACRIFICADA

Estamos en momentos de forzado confinamiento y soledad social; pero es evidente que contaremos con ratos de relajación y entretenimiento; dispondremos de mucho tiempo, todo el del mundo.

Acerquémonos a la palabra de Dios, leámosla con detenimiento y con pequeños sorbitos cada día. Quizás así, reflexionando, podamos acertar a saber lo que el Señor nos quiere transmitir en estas especiales circunstancias. Es indudable que Él nos está ofreciendo un largo periodo de reclusión, para que lo ofrezcamos, y como cualquier otra penitencia, nos debe doler y costar entender su asimilación.

En  este tipo de calamidades, algunos perciben esta situación como un castigo divino, mientras que otros, dudan de la propia existencia de Dios por no ser capaz de evitarnos estos momentos de gran confusión y peligro. Tanto unos como otros, flaquean en su fe.

Tenemos que ver esta pandemia como una prueba, una oportunidad de superación. Dios, que nos ama como Padre, nos envía a veces circunstancias como la presente para que reflexionemos acerca de nuestra propia identidad, para que caigamos en la cuenta de la fragilidad de nuestra naturaleza humana y del propio sistema de bienestar social, que con soberbia hemos construido y que aún queremos exprimir más y más.

Vamos a ver el lado positivo, el Señor nos envía esta prueba, en tiempo de Cuaresma, que es tiempo de aislamiento, caridad y penitencia, aunque con frecuencia lo convertimos en otra cosa por las tentaciones de nuestro mundo. Nuestro Señor, que de ningún modo necesitaba hacer penitencia, se recluye cuarenta días alejado de la sociedad y amigos, para ayunar y reflexionar. Ahora es una ley la que nos impone una reclusión que no sabemos si vamos a poder soportar.

Hay que aprovechar esta oportunidad. Considerad que nuestra reclusión es una obra de caridad por los hermanos de más edad. Quizás nosotros apenas notemos la enfermedad, pero nuestro confinamiento evitará que, sin querer, la transmitamos a los abuelos o personas con enfermedades que les hagan ser más vulnerables. Nuestro sacrificio es un acto de amor que el Señor no podrá dejar de tener en cuenta.

Lo que constituye un problema sanitario para la sociedad, para nosotros ha de ser una cuestión de amor; por el bien de nuestros semejantes hemos de procurar poner los medios para no contraer la enfermedad y sobre todo para no expandir este virus.

Daros cuenta que se nos ha pedido en sacrificio la Cuaresma y la Semana Santa. Un tiempo litúrgico para la reflexión y la acumulación de oraciones. Esto nos debe ayudar a ofrecerlo y pedir que la misericordia divina venga sobre todos nosotros, como lo esperamos de Él.

Todo ello se lo debemos pedir por medio de su Madre, la Virgen María , abogada infalible de nuestras dificultades, y a la que pedimos su bondad y acogimiento para que nos llene de bendiciones y fuerza espiritual en el  caminar de esta gran prueba y sacrificio.

Un fuerte abrazo y feliz Pascua.

Emilio Lora Rodríguez

sábado, 4 de abril de 2020

SEMANA SANTA - GÉNESIS

Y esta Semana Santa…cómo la viviré?

Ciertamente esta va a ser una Semana Santa muy atípica para todos, para los cristianos quizás un poco más, no podremos vivir nuestra religiosidad popular en las calles, ni compartir, con nuestros hermanos de comunidad, esos momentos de preparación de la preciosa liturgia de este tiempo especial y único del año.

Dadas las circunstancias que nos hacen vivir esta especial Semana Santa, quizás sea este tiempo un momento de sequía espiritual, de desconcierto y tristeza por todo lo que nos rodea; sin embargo, como nos aconsejaba un cura de los viejos, en esos momentos: ... céntrate, recuerda y sitúate allí donde viviste las mejores experiencias de tu fe. Y eso haremos…..

Recuerdo entonces ese Domingo de Ramos, luminoso, con sol casi de verano, con muestras mejores galas, los niños correteando alrededor y con la alegría de la procesión de las palmas, cantando y aclamando al Jesús que entra en Jerusalén con su borriquilla, y que con esa misma alegría quiero dejarle entrar en mi vida y mi corazón…. ”Bendito el que viene en nombre del Señor”.

La cena del Señor, Jueves Santo, con el ofrecimiento de su Cuerpo y su Sangre, institución de la Eucaristía, como regalo que conmemoramos cada vez que nos reunimos en su nombre. Y ese lavatorio de los pies que, como Jesús, el sacerdote realiza, símbolo de vocación, servicio, humildad e igualdad con los hermanos……”si es que no hay mayor amor..”, y en estos momentos me hace reflexionar sobre mi compromiso y disponibilidad para con los más necesitados, y sólo me surge una súplica: dame Señor la luz para ver tu camino y fortaleza para seguirlo….” Lávame, Señor, pues quiero estar limpio con tu amor”.

Y en esas mañanas del Viernes Santo, con las visitas a los diferentes monumentos de nuestras parroquias y conventos, en compañía de la familia, siempre una oración por aquellos que no han tenido la suerte de conocer ese amor incondicional de Jesús por todos. Y ya en nuestros Templos: celebración de la pasión y muerte del Señor; en esa adoración…”Mirad el árbol de la Cruz, donde estuvo clavada la salvación del mundo. Venid a adorarlo”. Contemplando ese símbolo de nuestra fe, símbolo del amor total, sacrificio de fidelidad al amor de Dios por cada uno. Y en este día no puedo nada más que estar profundamente agradecido por esa entrega, por esa salvación que nos promete Jesús con su muerte; y también, como no …”Llorar igual que Pedro”, por mis debilidades y por tantas veces que le defraudo, y… “Postrado ante la Cruz”, pedir perdón y arrepentimiento por todo lo que le fallo.

Y ya mi corazón se agranda y no cabe en sí, Sábado Santo, Sábado de Gloria, Vigilia Pascual, día de la “Luz de Cristo, luz de amigo”….Domingo de Resurrección. Celebrando el acontecimiento que da sentido a mí, a nuestra fe….”Jesús ha resucitado”,  es el camino nuevo para los que creemos en Él, …para alcanzar la felicidad plena, porque…. Él vive. Y en esos momentos de felicidad compartida con los hermanos, felicitando la pascua a todos y cada uno, abrazándonos, besándonos, cantando “Gloria y alegría en el Señor”, y siempre, siempre, agradecimiento porque, a pesar de mí, Él me ha elegido como su amigo.

Por todo esto, recordado y vivido durante años, el propósito de vivir esta Semana Santa de la forma más parecida a como nos ensaña Jesús, que vive y está cerca con los que sufren por causa de esta grave situación, con los que acompañan, cuidan y curan, cerca de todo necesitado.

Para todos, “Feliz Pascua de Resurrección”

Mª Jesús Cadenas de Llano Aguilar

viernes, 3 de abril de 2020

MANDARINAS AL WHISKY Y ALBÓNDIGAS CON TRUCO

MANDARINAS AL WHISKY
INGREDIENTES:
2 Kg de mandarinas de las pequeñitas.
1 litro y 1/2 de agua
5 tazas medianas de azúcar
5 clavos
3 vasos de Whisky (de agua)
Nata montada para acompañar o helado de nata o vainilla.
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Lavar las mandarinas y pinchar con un palillo de madera varias veces.
A continuación ponerlas a cocer con el agua y el azúcar, aromatizando con los clavos.
Contar 1/2 hora desde que empiecen a hervir.
Enfriar.
Añadir el Whisky.
Una vez añadido el Whisky ponerlas en frascos de cristal grandes y de boca ancha.
Tapar los frascos y dejar reposar por lo menos una semana antes de tomarlas.
Se pueden conservar largo tiempo.
Una vez bien maceradas se sirven con la nata o bien el helado.
Es un postre magnifico y diferente, fácil de hacer y que siempre podemos tirar de él ya que se puede conservar largo tiempo sin problema.
¡¡¡Aprovechando que todavía tenemos buenas mandarinas y tiempo en abundancia!!!!
¡¡¡Ánimo amigos!!! 
Mª Luz Contreras Puertas


ALBÓNDIGAS CON TRUCO
Para elaborar estas ricas albóndigas necesitarás:
Medio kilo de carne de pollo
Medio kilo de carne de cerdo
1 cebolla fresca
1 zanahoria
Ajo molido
Perejil
2 huevos
Pan tierno, sólo la miga
Un poco de leche
Pan rallado

En un bol mezclamos las carnes con la cebolla triturada y la zanahoria rallada. Una vez están bien ligadas añadimos el ajo y el perejil. A continuación, la miga de pan tierno empapada en leche y los huevos.
Se mezcla bien todo y a darle forma a las albóndigas.


Sirven para caldo o para salsa
Caldo:  En tres litros  de agua se añade hueso de canilla, hueso de ternera, punta de jamón, una patata entera pelada y dos zanahorias. Cuando el agua esté hirviendo se añaden las albóndigas. Fuego muy fuerte durante hora y media. Desengrasando de vez en cuando.

Salsa: Se fríen las albóndigas y se reservan. Se hace un sofrito con pimiento rojo, verde,cebolla, ajo y  bastante tomate. Se añaden almendras crudas y las albóndigas. Después de dorar se añade un vaso grande vino blanco. Sal y pimienta. Y dejar reducir.
¡Que aproveche!
Rosario Cañete Blanco

martes, 31 de marzo de 2020

LA CÓRDOBA ILUSTRE Y DESCONOCIDA: ADOLFO CASTIÑEYRA Y BOLOIX

            El Modernismo, o más comúnmente conocido con la denominación francesa de Art Nouveau, es una corriente de renovación artística desarrollada a finales del siglo XIX y principios del XX en la que la estética nueva que se intentó crear predominaba la inspiración en la naturaleza a la vez que se incorporaban novedades derivadas de la revolución industrial, como el acero y el cristal. Por ello, este estilo artístico, tendrá directa relación con la prosperidad industrial. Así, el Modernismo en España crece en las ciudades que viven con mayor intensidad dicha industrialización, como bien pensáis, estamos hablamos de Barcelona y el levante español. En Córdoba apenas deja rastro este estilo artístico, pero lo poco que deja tiene la firma de un interesante arquitecto. Hoy, en La Córdoba ilustre y desconocida, hablaremos de don Adolfo Castiñeyra y Boloix, nuestro principal representante del movimiento modernista en la arquitectura de Córdoba.

            Como nos sucedió con nuestro anterior personaje, vamos a pasear por la desconocida vida de un arquitecto de la que, ya os daréis cuenta, conocemos mucha de su obra. ¡Comencemos!

            Adolfo Castiñeyra nace, en Córdoba, el 3 de abril de 1856. Hijo del maestro de obras, Mariano Castiñeyra y Cámara, y de Purificación Boloix. Siendo bautizado el 6 de abril de 1856 en la preciosa Capilla del Sagrario de la Catedral de Córdoba.

            Cursó Arquitectura en la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando de Madrid, obtieniendo su título el 30 de agosto de 1888, a los 32 años de edad. Estando en Madrid, se casa con la portorriqueña María del Carmen Alfonzo, con la que tuvo tres hijas y un hijo. Tras los estudios universitarios, estuvo trabajando como ayudante facultativo a las ordenes del arquitecto director de las obras de la Biblioteca y Museos Nacionales, Antonio Ruiz de Salces.

            El 1 de julio de 1891 es nombrado arquitecto de segunda del Ayuntamiento de Córdoba, lo que le hace volver a su ciudad natal. Como curiosidad, su primera obra documentada en Córdoba, data del 30 de octubre de 1891 y consiste en la reforma de la fachada de la casa número 106 de la calle Santa María de Gracia, en la actualidad desaparecida.

            Su labor y personalidad van siendo cada vez más apreciadas en Córdoba, llegando hasta el punto, que el 5 de septiembre de 1892 fue nombrado director de la Escuela de Artes y Oficios. Posteriormente, también obtendrá los puestos de Arquitecto de la Diputación de Córdoba, el 3 de enero de 1893, y  de Arquitecto del Obispado, en 1894. También, durante dos meses de 1893, sustituye a Pedro Alonso como Arquitecto Municipal. Y ya en 1900, es reconocido, como miembro de la Real Academia de Córdoba.

            Como os había dicho al principio del artículo, su vida pasa por el total desconocimiento para la mayoría de los cordobeses, pero ahora veremos que su obra sí que es más famosa. 

         Entre sus obras hay que destacar el edificio destinado a sede del Gobierno Civil y Diputación en la calle Alfonso XIII, realizado en 1907 y actual IES Maimónides, siendo una de las mejores muestras de Art Nouveau de Castiñeyra. Cabe destacar de esta obra, la abundancia de grandes girasoles y flores en su exorno y la grandiosidad del balcón de la fachada principal.


            Otra de sus obras más conocidas fue el palacete para el magistrado Teófilo Álvarez Cid en la esquina de la avenida Gran Capitán y la calle Reyes Católicos, realizada en 1907, y actual sede del Colegio de Arquitectos. Destaca el exorno vegetal donde grandes troncos de rosales de piedra trepan por sus fachadas, el contraste del blanco de éstos con el rosado/amarillento de los muros y el excelente trabajo de herrería que cierra su pequeño jardín. En el interior conserva todos los elementos diseñados por Castiñeyra en este florido estilo: vidrieras, murales, molduras…



            Además de los mencionados, realizó edificios para particulares de estilo modernista en Puerta Gallegos, desaparecido en la actualidad; en la calle Braulio Laportilla y en las calle Claudio Marcelo. Concretamente, en esta última vía edificó las casas número 4, 6, 8, 11 y 13, entre 1910 y 1912, y las esquinas a García Lovera número 5 y a María Cristina número 6, de 1912 y 1914, respectivamente.                   

            Atribuible a él, aunque sin seguridad total, es el palacete de Celestino Romero o la Casa Cardona, en Fuente Obejuna, el más notable edificio modernista de la provincia.



            Y como una curiosidad más, hasta el mismo Chimeneón, un resto industrial de la Antigua fábrica de aceites Carbonell, es también obra de este arquitecto, que lo realiza en colaboración con su hermano, el ingeniero industrial Alberto Castiñeyra Boloix.

            ¡Pero esto no es todo! Entre las obras religiosas que realizó nuestro personaje encontramos la construcción de la iglesia de Santa Bárbara de Peñarroya-Pueblonuevo en 1913; la terminación de la iglesia de la Inmaculada de Villa del Río, en 1894; la restauración de las iglesia de San Pablo de Córdoba, durante 1897 y 1903, junto a Mateo Inurria, de la que se respetó el arte gótico del templo, salvo en la capilla del Cristo de la Expiración a la que dieron un estilo neomudéjar; la restauración de la iglesia de San Mateo de Lucena, en 1898; la inacabada torre de la iglesia de San Sebastián de Torrecampo, en 1907; y la edificación de los cementerios de Añora, en 1908, y de Torrecampo, en 1904.


            Sin querer alargar mucho más mis palabras, con más ejemplos que poco aportarían ya a la explicación, podéis observar de que estamos ante uno de los arquitectos más influyentes de Córdoba en el transito del siglo XIX y XX. Otro de nuestro ilustres paisanos, que por unos u otros motivos, no alcanzó la fama y reconocimiento que mereció.  

Ángel Luis González Martínez